-Venga Ana por favor. -Insistió
Megan por decimosexta vez. Megan es mi mejor amiga desde los siete
años. La conocí en verano por parte de su hermano que nos presentó
para que yo dejara de molestar a él y a mi propio hermano. Tiene la
misma edad que yo, dieciocho, de pelo negro liso y ojos verdes. Somos
totalmente diferentes, pero por eso mismo nos compenetramos a la
perfección. ¿No dicen que los polos opuestos se atraen? Pues
nuestra amistad es un muy buen ejemplo.
-No, Megan. No insistas más. Hoy no
tengo ganas de salir, ¿vale? -Sin decirme nada, mi querida amiga,
había quedado con mi ex para ir a la discoteca, y como ella tiene
novio, significa que pasaré toda la noche con él. Y la verdad, no
me hace ninguna gracia. Suspiré agobiada por sus pucheros y sus
súplicas. -Megan, ya te he dicho que con Marco no pienso volver. Da
igual lo que hagas o dejes de hacer.
-Pero si es que hacéis la pareja
perfecta. -Di un grito ahogado interrumpiendo su argumento.
-Me importa una mierda si eramos la
“pareja perfecta” o no. Megan, me engañó. Y no solo una vez,
sino que fueron dos. Así que no insistas más. -Terminé la
conversación empezando a andar hasta mi casa desde la puerta del
instituto. Corrió hasta mi para igualar su paso con el mio.
-¿Y no quieres conocer a otros
chicos? Seguro que con tu cuerpazo encuentras a alguno que merezca la
pena.
-¿Sabías que eres la persona más
pesada que he conocido en mi vida? -Sonrió. Le devolví la sonrisa.
No quiero aceptar que me gustaría conocer a otros chicos y Megan es
muy pesada cuando se lo propone. -Oh, Dios. No sé si me arrepentiré
de esto pero esta bien. Voy. -Ante la respuesta dio un salto de
alegría. -Pero con una condición.
-¿Cuál? -Dijo mientras asentía con
una brillante sonrisa.
-Le tienes que decir a Marco que no
sea empalagoso. No quiero volver con él. Solo voy a salir para
conocer gente y nada más. ¿De acuerdo?
-De acuerdo. -Confirmó. El resto del
camino fuimos hablando de esa noche, de qué nos íbamos a poner, de
lo qué podría pasar, etc...
A las diez de la tarde me duché
y alisé el pelo para esta noche. Liada en una toalla me acerqué al
armario y lo abrí para observar su interior buscando algo que
ponerme. Al final después de cuarenta y cinco minutos probando y
quitando ropa de mi cuerpo, me decidí por un corto vestido blanco de
media manga y botones para abrocharlo por delante. Las once y media.
Dentro de un cuarto de hora me llamará Megan para salir. Como Marco
se me acerque, juro que le doy una bofetada, lo juro. Colocándome
los zapatos llamaron al timbre y mi madre desde abajo me avisó lo
que suponía. Me eché perfume y baje las escaleras que comunicaban a
la calle. Saludé a los tres con dos beso y nos fuimos a la
discoteca. Por el camino como supuse nos dejaron solos a mi y a
Marco. Ya que Megan se había ido con Christian, su novio.
-Estás muy guapa esta noche.
-Intentó susurrar me lo al oído pero me aparté lo suficiente como
para que no lo hiciera.
-¿No es eso lo que siempre me decía
antes de engañarme? -Pregunté alzando una ceja mientras le miraba
incrédula.
-Oh, venga ya Ana. Eso solo fue una
vez.
-¿Y con Daniela qué? ¿Eh?
-Interrumpí sus estúpidas palabras. Durante cinco segundos no dijo
nada. -Di Marco. -Exigí. -¿O es que para ti todas las chicas son de
usar y tirar y ni siquiera te acuerdas de ellas?
-Ana... Yo... -Se volvió a callar
sin saber que decirme para “convencerme”.
-¿Tú qué? -Suspiré para
tranquilizarme lo suficiente. -Marco, entérate de que no pienso ni
quiero volver contigo, joder. -Me di cuenta de que nos habíamos
quedado parados uno enfrente del otro y decidí volver a andar para
llegar por fin a la discoteca y pasar de este estúpido niñato
mientras bailaba.
-Espera. -Suplicó mientras igualaba
mi paso al suyo. -Lo siento. -Sonreí irónica por sus ridículas
disculpas.
-¿Piensas que me lo voy a creer otra
vez? -Reí. -Estúpido... -Susurré. -¿Por qué no mejor me dejas en
paz y te dedicas a liarte con todas como hacías antes de, bueno,
cuando salías conmigo? -Corregí.
-¡No! -Suspiró mirando al cielo a
la vez que yo me cruzaba de brazos y cambiaba el peso de mi cuerpo de
una pierna a la otra. Sin previo aviso colocó sus manos en mis
mejillas para acercarme a él y besarme. Hacía mucho tiempo que no
besaba sus labios y, la verdad, besa muy bien. Se nota que tiene
práctica. ¿Cómo es posible que le esté devolviendo el beso? Con
dulzura se separó de mi. -Te amo, de verdad. -¿Me estaba creyendo
sus palabras? ¿Pero soy tonta o qué? Sin decir nada más, volví a
andar. Estaba bloqueada. Sus palabras, sus labios... Joder Ana, ya.
Para de pensar eso. Te engañó. ¡DOS VECES! -¡Ana, espera, por
favor! -Me di la vuelta y lo miré a los ojos por solo milésimas
antes de chocarme de luces con él y caer al suelo. Marco se
encontraba sobre mi y yo debajo de él. Nuestras respiraciones eran
agitadas.
-Será mejor que sigamos. -Interrumpí
el acercamiento que era evidente que estaba haciendo él por besarme.
Marco se levantó de encima de mi, después me tendió la mano para
levantarme. Se la acepté y me levanté, me sacudí el polvo y
seguimos sin pronunciar ni una sola palabra, hasta que entremos en la
disco y Megan nos sobresaltó a preguntas. Ninguno de los dos decía
nada, por suerte se dio por vencida... Me acerqué a la
barra, llamé al chico de la barra y le dije que me pusiera una
coca-cola. Hoy no me apetecía beber... Como siempre, no pude negarme
a la música, amaba bailar y, joder, ponían muy buena música aquel
día, parecía que el Dj no quería verme deprimida. Empecé con un
solo movimiento de rodillas y después añadí las manos hasta
completar con el cuerpo entero. Estaba rompiendo la pista como cada
noche, como solo yo lo hacía. No me importaba nada, ni Marco, ni
Megan, ni Christian, ni ningún chico o chica que hubiera por allí.
Solo estábamos la música y yo.
Sentí una presencia
cerca de mi a la vez que una mirada, alcé la vista y me encontré
con un chico de estatura alta, yo diría que de 1'90cm, moreno, de
ojos... no pude ver los ojos por la oscuridad del entorno, pero lo
que sí puedo decir y con claridad es que era guapo, muy guapo. Me
estaba desnudando con la mirada y no se porque su mirada me ponía
nerviosa...
Al ver que le estaba
mirando se acercó a mi con paso decidido. Cuando se acercó pude ver
sus ojos, eran grises... que ojazos.
-¿Puedo hacerte
compañía? -Me preguntó seguro de sí mismo y con la mirada clavada
en la mía incapaz de ser quitada de esos ojos cautivadores. No sabía
que decir, estaba perpleja . ¿Pero este chico de donde ha salido?
Sonrió, por mi cara, supuse... Que sonrisa... La misma que me volvió
a la vida real...
-Oh, sí, claro.
-Respondí al final. Me ponía muy nerviosa su presencia, muy
nerviosa... Por qué sólo es un chico guapo, ¿no? Ahora no podía
mover ni un solo músculo. Este chico me había dejado entumecida con
solo su mirada y su sonrisa...
-Lo siento por mi mala
educación, me llamo Leo. -Dijo y aun que la música era alta lo
escuché a la perfección. Un Leo de ojos grises... suena muy sexy y
más en su voz ronca, pero tampoco algo exagerada, perfecta diría
yo...
-Yo Ana. -¿Enserio?
¿”Yo Ana”? ¿Pero que soy, un indio? Madre mía... que pena me
doy...
-Encantado, Ana. -Se
acercó para darme dos besos en las mejillas, al instante noté como
el rubor subía a mi cara, que vergüenza...
-Lo mismo digo, Leo.
-Que bien suena su nombre. Sin apenas darme cuenta cogió mi mano
para darme una vuelta completa. En el siguiente segundo me sentí muy
cómoda con él. ¿Hará esto muy amenudo? Seguro que sí, es
demasiado guapo para que esté solo todas las noches...
Nunca se me olvidará
ese paso que hizo que rozara mi cuello con sus labios... La misma
mano que al principio, la volvió a coger para atraerme a su pecho,
de forma que mi espalda quedara en su fuerte pecho y mi pelo a un
lado, bajó con cuidado la cabeza para oler mi perfume a la vez que
yo olía el suyo. Huele mucho mas que bien. Tras unas cuantas
canciones más me pidió que me tomara una copa con él. No me
importaba ahora beber si era con este chico de ojos grises perfectos.
Cada vez que se acercaba para susurrarme algo al oído mi cuerpo se
estremecía por completo. ¿Pero esto es real? ¿O es que estoy
teniendo un increíble sueño?
Miró la hora y ojalá
nunca la hubiera mirado... Se echó la mano contraria al reloj a la
frente.
-Me tengo que ir...
Mañana tengo trabajo. -Hizo un mohín. Metió la mano derecha en su
bolsillo de atrás y sacó una tarjeta, la cual, me entregó. -Toma,
por si me quieres llamar. El de mi móvil es el de abajo. -Me guiñó
un ojo, me besó la mejilla y desapareció entre la multitud...
