sábado, 28 de septiembre de 2013

1


  -Venga Ana por favor. -Insistió Megan por decimosexta vez. Megan es mi mejor amiga desde los siete años. La conocí en verano por parte de su hermano que nos presentó para que yo dejara de molestar a él y a mi propio hermano. Tiene la misma edad que yo, dieciocho, de pelo negro liso y ojos verdes. Somos totalmente diferentes, pero por eso mismo nos compenetramos a la perfección. ¿No dicen que los polos opuestos se atraen? Pues nuestra amistad es un muy buen ejemplo.
   -No, Megan. No insistas más. Hoy no tengo ganas de salir, ¿vale? -Sin decirme nada, mi querida amiga, había quedado con mi ex para ir a la discoteca, y como ella tiene novio, significa que pasaré toda la noche con él. Y la verdad, no me hace ninguna gracia. Suspiré agobiada por sus pucheros y sus súplicas. -Megan, ya te he dicho que con Marco no pienso volver. Da igual lo que hagas o dejes de hacer.
   -Pero si es que hacéis la pareja perfecta. -Di un grito ahogado interrumpiendo su argumento.
   -Me importa una mierda si eramos la “pareja perfecta” o no. Megan, me engañó. Y no solo una vez, sino que fueron dos. Así que no insistas más. -Terminé la conversación empezando a andar hasta mi casa desde la puerta del instituto. Corrió hasta mi para igualar su paso con el mio.
   -¿Y no quieres conocer a otros chicos? Seguro que con tu cuerpazo encuentras a alguno que merezca la pena.
   -¿Sabías que eres la persona más pesada que he conocido en mi vida? -Sonrió. Le devolví la sonrisa. No quiero aceptar que me gustaría conocer a otros chicos y Megan es muy pesada cuando se lo propone. -Oh, Dios. No sé si me arrepentiré de esto pero esta bien. Voy. -Ante la respuesta dio un salto de alegría. -Pero con una condición.
   -¿Cuál? -Dijo mientras asentía con una brillante sonrisa.
   -Le tienes que decir a Marco que no sea empalagoso. No quiero volver con él. Solo voy a salir para conocer gente y nada más. ¿De acuerdo?
   -De acuerdo. -Confirmó. El resto del camino fuimos hablando de esa noche, de qué nos íbamos a poner, de lo qué podría pasar, etc...

A las diez de la tarde me duché y alisé el pelo para esta noche. Liada en una toalla me acerqué al armario y lo abrí para observar su interior buscando algo que ponerme. Al final después de cuarenta y cinco minutos probando y quitando ropa de mi cuerpo, me decidí por un corto vestido blanco de media manga y botones para abrocharlo por delante. Las once y media. Dentro de un cuarto de hora me llamará Megan para salir. Como Marco se me acerque, juro que le doy una bofetada, lo juro. Colocándome los zapatos llamaron al timbre y mi madre desde abajo me avisó lo que suponía. Me eché perfume y baje las escaleras que comunicaban a la calle. Saludé a los tres con dos beso y nos fuimos a la discoteca. Por el camino como supuse nos dejaron solos a mi y a Marco. Ya que Megan se había ido con Christian, su novio.
   -Estás muy guapa esta noche. -Intentó susurrar me lo al oído pero me aparté lo suficiente como para que no lo hiciera.
   -¿No es eso lo que siempre me decía antes de engañarme? -Pregunté alzando una ceja mientras le miraba incrédula.
   -Oh, venga ya Ana. Eso solo fue una vez.
   -¿Y con Daniela qué? ¿Eh? -Interrumpí sus estúpidas palabras. Durante cinco segundos no dijo nada. -Di Marco. -Exigí. -¿O es que para ti todas las chicas son de usar y tirar y ni siquiera te acuerdas de ellas?
   -Ana... Yo... -Se volvió a callar sin saber que decirme para “convencerme”.
   -¿Tú qué? -Suspiré para tranquilizarme lo suficiente. -Marco, entérate de que no pienso ni quiero volver contigo, joder. -Me di cuenta de que nos habíamos quedado parados uno enfrente del otro y decidí volver a andar para llegar por fin a la discoteca y pasar de este estúpido niñato mientras bailaba.
   -Espera. -Suplicó mientras igualaba mi paso al suyo. -Lo siento. -Sonreí irónica por sus ridículas disculpas.
   -¿Piensas que me lo voy a creer otra vez? -Reí. -Estúpido... -Susurré. -¿Por qué no mejor me dejas en paz y te dedicas a liarte con todas como hacías antes de, bueno, cuando salías conmigo? -Corregí.
   -¡No! -Suspiró mirando al cielo a la vez que yo me cruzaba de brazos y cambiaba el peso de mi cuerpo de una pierna a la otra. Sin previo aviso colocó sus manos en mis mejillas para acercarme a él y besarme. Hacía mucho tiempo que no besaba sus labios y, la verdad, besa muy bien. Se nota que tiene práctica. ¿Cómo es posible que le esté devolviendo el beso? Con dulzura se separó de mi. -Te amo, de verdad. -¿Me estaba creyendo sus palabras? ¿Pero soy tonta o qué? Sin decir nada más, volví a andar. Estaba bloqueada. Sus palabras, sus labios... Joder Ana, ya. Para de pensar eso. Te engañó. ¡DOS VECES! -¡Ana, espera, por favor! -Me di la vuelta y lo miré a los ojos por solo milésimas antes de chocarme de luces con él y caer al suelo. Marco se encontraba sobre mi y yo debajo de él. Nuestras respiraciones eran agitadas.
   -Será mejor que sigamos. -Interrumpí el acercamiento que era evidente que estaba haciendo él por besarme. Marco se levantó de encima de mi, después me tendió la mano para levantarme. Se la acepté y me levanté, me sacudí el polvo y seguimos sin pronunciar ni una sola palabra, hasta que entremos en la disco y Megan nos sobresaltó a preguntas. Ninguno de los dos decía nada, por suerte se dio por vencida... Me acerqué a la barra, llamé al chico de la barra y le dije que me pusiera una coca-cola. Hoy no me apetecía beber... Como siempre, no pude negarme a la música, amaba bailar y, joder, ponían muy buena música aquel día, parecía que el Dj no quería verme deprimida. Empecé con un solo movimiento de rodillas y después añadí las manos hasta completar con el cuerpo entero. Estaba rompiendo la pista como cada noche, como solo yo lo hacía. No me importaba nada, ni Marco, ni Megan, ni Christian, ni ningún chico o chica que hubiera por allí. Solo estábamos la música y yo.

Sentí una presencia cerca de mi a la vez que una mirada, alcé la vista y me encontré con un chico de estatura alta, yo diría que de 1'90cm, moreno, de ojos... no pude ver los ojos por la oscuridad del entorno, pero lo que sí puedo decir y con claridad es que era guapo, muy guapo. Me estaba desnudando con la mirada y no se porque su mirada me ponía nerviosa...
Al ver que le estaba mirando se acercó a mi con paso decidido. Cuando se acercó pude ver sus ojos, eran grises... que ojazos.
  -¿Puedo hacerte compañía? -Me preguntó seguro de sí mismo y con la mirada clavada en la mía incapaz de ser quitada de esos ojos cautivadores. No sabía que decir, estaba perpleja . ¿Pero este chico de donde ha salido? Sonrió, por mi cara, supuse... Que sonrisa... La misma que me volvió a la vida real...
  -Oh, sí, claro. -Respondí al final. Me ponía muy nerviosa su presencia, muy nerviosa... Por qué sólo es un chico guapo, ¿no? Ahora no podía mover ni un solo músculo. Este chico me había dejado entumecida con solo su mirada y su sonrisa...
  -Lo siento por mi mala educación, me llamo Leo. -Dijo y aun que la música era alta lo escuché a la perfección. Un Leo de ojos grises... suena muy sexy y más en su voz ronca, pero tampoco algo exagerada, perfecta diría yo...
  -Yo Ana. -¿Enserio? ¿”Yo Ana”? ¿Pero que soy, un indio? Madre mía... que pena me doy...
  -Encantado, Ana. -Se acercó para darme dos besos en las mejillas, al instante noté como el rubor subía a mi cara, que vergüenza...
  -Lo mismo digo, Leo. -Que bien suena su nombre. Sin apenas darme cuenta cogió mi mano para darme una vuelta completa. En el siguiente segundo me sentí muy cómoda con él. ¿Hará esto muy amenudo? Seguro que sí, es demasiado guapo para que esté solo todas las noches...
Nunca se me olvidará ese paso que hizo que rozara mi cuello con sus labios... La misma mano que al principio, la volvió a coger para atraerme a su pecho, de forma que mi espalda quedara en su fuerte pecho y mi pelo a un lado, bajó con cuidado la cabeza para oler mi perfume a la vez que yo olía el suyo. Huele mucho mas que bien. Tras unas cuantas canciones más me pidió que me tomara una copa con él. No me importaba ahora beber si era con este chico de ojos grises perfectos. Cada vez que se acercaba para susurrarme algo al oído mi cuerpo se estremecía por completo. ¿Pero esto es real? ¿O es que estoy teniendo un increíble sueño?
Miró la hora y ojalá nunca la hubiera mirado... Se echó la mano contraria al reloj a la frente.
  -Me tengo que ir... Mañana tengo trabajo. -Hizo un mohín. Metió la mano derecha en su bolsillo de atrás y sacó una tarjeta, la cual, me entregó. -Toma, por si me quieres llamar. El de mi móvil es el de abajo. -Me guiñó un ojo, me besó la mejilla y desapareció entre la multitud...

martes, 17 de septiembre de 2013

The surmises of feelings.



          Esta novela, escrita exclusivamente por mi, la escribí pensando en la trilogía de '50 sombras' así que, es pervertida aun que no va del mismo tema que la de 50 (dominación/sumisión), sino que uno de los protagonistas tendrá algo parecido a Grey que a Ana (principal protagonista) le atrae.
          Va de una pareja que se conoce en extrañas circunstancias y a la que le pasa diversas cosas, pervertidas, tristes y alguna que otra divertida. ¿Existirá el amor entre ellos?

*POR FAVOR, PERSONAS MENORES QUE LEAN LA NOVELA O TENGAN INTENCIÓN DE LEERLA, NO LO HAGÁIS.* Exceptuando a aquellas que seáis muy pervertidas ;)