-¿Qué quieres que
te haga Ana? Dímelo. Suplícamelo. -Dijo con su voz ronca llena de
lujuria.
-Tuya, Leo. Haz me
tuya. Por favor. -Justo cuando dije eso Leo me bajó al suelo. Lo
miré confundida.
-¿Estás segura?
No habrá vuelta atrás. Si esto nos gusta a los dos, será como una
adicción, como una droga. -Advirtió. Pero yo estaba demasiado
caliente como para pensar con claridad.
-Estoy totalmente
segura. Estaré dispuesta a todo. -Me empotró contra la pared del
pequeño recinto para besarme con deseo, desesperación y, sobre
todo, lujuria. Era tan sexy que con solo su mirada excitaba tanto
como para querer tirartelo de inmediato.
-Será mejor que
no lo hagamos aquí, en público. Lo digo por experiencia. -Su
respiración estaba tan agitada como la mía y casi no le permitía
hablar.
-¿Y dónde vamos?
-Dije en el mismo tono que él. -No muy lejos por favor. -Sonrió,
luego me besó.
-Siempre quise
darte un beso así. -Se mordió el labio. -Sal unos segundos después
de mi a la calle, ¿de acuerdo?
-¿Pero qué hago
con Marco?
-Intenta que no te
vea, y si lo hace, le pones cualquier excusa que se te pase por la
cabeza. -Asentí. Dio media vuelta, pero se volvió para volver a
mirarme. -Arréglate un poco y espero que no baje tu excitación.
-Guiño un ojo matándome por dentro. Ya sí se dio la vuelta y salió
por la puerta. Me miré en el gran espejo del baño, estaba
despeinada y con todo el gloss corrido. Leo es un salvaje. Espero que
también en la cama. Arreglé lo que pude mi pelo y me volví a poner
gloss en los labios. Esperando un poco más, salí. Encontré a Megan
con Christian y decidí que era mejor que le dijera que no se
preocupara.
-Megan, di le a
Marco que me he tenido que ir. -Ella asintió sin rechistar. Sin ser
vista por mi novio, salí de la discoteca. Enfrente de esta se
encontraba un Lamborghini amarillo. Tan espectacular como el Audi R8,
con lo cual, supuse que sería de Leo. Con paso rápido me acerqué a
este. Antes de que bajara la cabeza para ver al conductor, la puerta
se abrió y el coche se puso en marcha con un rugido. Sonaba casi tan
sexy como el dueño. Claramente, el dueño superaba a la máquina.
-¿A dónde vamos?
-A mi
departamento. -¿A su...? ¿¡A su piso!? Dios mio... -¿Asustada?
-Preguntó al ver mi cara.
-¿Yo? No, claro
que no. -Sonrió torcido. Durante todo el trayecto fuimos en
silencio, un silencio que solo hacía más grande el deseo por el
otro.
-Para de morderte
el labio si no quieres rompertelo. -No me había dado cuenta que me
lo estaba mordiendo... Cuando lo solté, un pequeño dolor se
proclamó en mi labio inferior. Después de unos diez minutos, Leo
aparcó el coche dentro de un enorme garaje en el que había tres
coches más. El Mustang que vi en el instituto, el Audi y un Ferrari
rojo. -Si te estas preguntando que si son mios, pues sí, son mios.
¿Cuál te gusta más?
-El Audi. -Sonrió.
-Buen gusto. -Le
devolví la sonrisa. Estaba nerviosa. ¿Estaba segura de querer hacer
esto? Uf... ¡Dios, claro que sí! ¡Mis hormonas estaban a punto de
reventar! Si no llegaba a un jodido orgasmo con este hombre de ojos
grises y sonrisa que encandilaba a la vista, no sé que pasaría de
mi. Entramos a un ascensor. Sin apenas darme cuenta Leo me dejó
contra una de las paredes de este y me besó. Gemí por el impacto y
la sensación de sentir sus labios sobre los míos. Su gran erección
chocaba contra mi vientre mostrándome lo excitado que él estaba.
Los dos lo necesitábamos. El ascensor se paró y Leo dejó de
besarme. Sin aliento, entramos a un pasillo de gran longitud. No
llegamos a hacerlo entero ya que Leo se paró delante de una puerta.
¿Enserio? ¿Vivía en el número 69? Por el amor de Dios... Me dejó
entrar a mi primero para él después cerrar la puerta. Tenía un
gran salón a la entrada, le seguía el comedor y al lado la cocina.
¿Y el dormitorio? No me dio tiempo a ver más. Leo me atrajo a él
del brazo pegando mi espalda a su pecho. Apartó el pelo de mi cuello
y lo beso, para después darle un pequeño mordisco pero sin dejar
marca. Gemí. Di media vuelta para besarle. Rodeé mis brazos por su
cuello cogiendo las puntas de su pelo para pegarlo más a mi. Lo
necesitaba dentro. Dentro de mi. Con sus manos me subió a su cadera,
noté su erección chocar con mi entrepierna. Poco a poco fue andando
hasta que abrió una puerta para luego dejarme sobre una cama. Sacó
la blusa de mi cuerpo y arrancó los botones de la camisa que él
llevaba para quitársela. Eso me gustó. Se notaba que hacía
gimnasio, tenía unos fuertes brazos y unos abdominales muy bien
definidos. Oh, Dios, que “v”. Leo volvió a atacar mi cuello, yo
lo volví a rodear para tenerlo más cerca. Sus manos bajaron hasta
la cremallera de mi falda bajándola y quitandola de mi cuerpo. Sus
manos me acariciaban los costados y la espalda, una sensación única.
Desabroché el cinturón y el botón de sus pantalones dejándolo
solo en boxers. Joder que perfecto cuerpo. Con un ligero movimiento
desabrochó mi sujetador para después morder y chupar uno de mis
pezones haciendo que mi espalda se arqueara. Gemí sin poder
controlarme cuando pasó al otro. -Eso es Ana, déjate llevar por mi.
-Que no me lo dijera dos veces... Con dos dedos empezó a bajar mis
finas bragas de encaje negro, hasta quitarlas por completo. Sus dedos
subieron por el interior de mi muslo llegando a la parte más
sensible de mi cuerpo en esos momentos. Antes incluso de que llegara
a tocarme, un escalofrío recorrió mi cuerpo alzando la pelvis al
encuentro de esos dedos mágicos que un segundo después estaban
haciendo pequeños círculos en mi clítoris.
-¡Leo por favor!
-Dije mientras arqueaba la espalda por el placer. Entro y salió unas
cuantas veces, luego chupó sus dedos. Seguidamente me besó dándome
a probar mi propio sabor. Bajó por mi cuello, pechos y vientre dando
besos hasta mi feminidad. Su lengua se movía entre mi con tal
facilidad que me fascinaba aun más. Noté como mis paredes vaginales
se empezaban a contraer queriendo llegar a un orgasmo, no pude
negarme. Me dejé llevar sobre su boca agarrando las sábanas y
gritando por puro placer. Alargando una mano, llegó hasta la mesita,
sacando un envoltorio de un preservativo y colocándoselo.
-Vas a disfrutas
como nunca y quiero que grites todo lo que quieras. -Después de
decir eso entro en mi mientras me arqueaba. A continuación, no fue
nada suave. Entraba y salía con dureza y me encantaba. -Sigue Leo. Así.
-Leo aumentó su ritmo. No quería llegar, quería disfrutar de este
momento todo lo que pudiera. Joder, no, no. Me iba a correr. -¡LEO! -Llegué. Joder... que orgasmo. No tenía nada que ver con los que
tuve ni mucho menos. Tres segundos después él se corrió, también
gritando mi nombre. Totalmente agotados, se dejó caer a mi lado.
-Por favor, dime
que vamos a repetir. Te suplicaré si es necesario Ana, pero... -No
dejé que siguiera. Lo besé respondiendo a su pregunta. El beso se
profundizó. Tanto, que volví a excitarme. Estábamos desnudos sobre
su cama que olía a él. ¿Cómo no podía excitarme? Me subí a sus
caderas. -Ana... -Susurró casi suplicando.
-Vamos Leo. Solo
uno más. Solo te pido uno. -Gimió cuando me moví sobre él sin que
llegara a profundizar en mi interior. Volví a moverme para excitarlo
tanto como estaba yo. Subió su mano derecha de mi cadera a mi nuca
para agacharme y besarme.
-Prométeme que no
te irás de mi lado, que esto va a seguir. Eres totalmente perfecta
para mi, lo juro. -Sonreí sobre sus labios.
-No te prometo
nada. Solo quiero un buen polvo contigo, cariño. -Le mordí el labio
inferior.
-Jodidamente
perfecta. -Susurró más par sí mismo que para que yo lo oyera.
Levanté lo suficiente para que su miembro entrada de nuevo en mi.
-Joder, Ana. -Gimió.
-Dime Leo. -Jadeé.
Echó un poco la cabeza hacia atrás.
-Sigue. -Sonreí.
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¡Qué caliente! Para aquel@s pervertidos no os preocupes que habrás más capítulos como este ;) Que le vamos a hacer, yo también soy pervertida hahahaha. Un beso y muchas gracias por leer :)
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¡Qué caliente! Para aquel@s pervertidos no os preocupes que habrás más capítulos como este ;) Que le vamos a hacer, yo también soy pervertida hahahaha. Un beso y muchas gracias por leer :)
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