domingo, 1 de diciembre de 2013

10


  -¿Qué quieres que te haga Ana? Dímelo. Suplícamelo. -Dijo con su voz ronca llena de lujuria.
   -Tuya, Leo. Haz me tuya. Por favor. -Justo cuando dije eso Leo me bajó al suelo. Lo miré confundida.
   -¿Estás segura? No habrá vuelta atrás. Si esto nos gusta a los dos, será como una adicción, como una droga. -Advirtió. Pero yo estaba demasiado caliente como para pensar con claridad.
   -Estoy totalmente segura. Estaré dispuesta a todo. -Me empotró contra la pared del pequeño recinto para besarme con deseo, desesperación y, sobre todo, lujuria. Era tan sexy que con solo su mirada excitaba tanto como para querer tirartelo de inmediato.
   -Será mejor que no lo hagamos aquí, en público. Lo digo por experiencia. -Su respiración estaba tan agitada como la mía y casi no le permitía hablar.
   -¿Y dónde vamos? -Dije en el mismo tono que él. -No muy lejos por favor. -Sonrió, luego me besó.
   -Siempre quise darte un beso así. -Se mordió el labio. -Sal unos segundos después de mi a la calle, ¿de acuerdo?
   -¿Pero qué hago con Marco?
  -Intenta que no te vea, y si lo hace, le pones cualquier excusa que se te pase por la cabeza. -Asentí. Dio media vuelta, pero se volvió para volver a mirarme. -Arréglate un poco y espero que no baje tu excitación. -Guiño un ojo matándome por dentro. Ya sí se dio la vuelta y salió por la puerta. Me miré en el gran espejo del baño, estaba despeinada y con todo el gloss corrido. Leo es un salvaje. Espero que también en la cama. Arreglé lo que pude mi pelo y me volví a poner gloss en los labios. Esperando un poco más, salí. Encontré a Megan con Christian y decidí que era mejor que le dijera que no se preocupara.
-Megan, di le a Marco que me he tenido que ir. -Ella asintió sin rechistar. Sin ser vista por mi novio, salí de la discoteca. Enfrente de esta se encontraba un Lamborghini amarillo. Tan espectacular como el Audi R8, con lo cual, supuse que sería de Leo. Con paso rápido me acerqué a este. Antes de que bajara la cabeza para ver al conductor, la puerta se abrió y el coche se puso en marcha con un rugido. Sonaba casi tan sexy como el dueño. Claramente, el dueño superaba a la máquina. -¿A dónde vamos?
  -A mi departamento. -¿A su...? ¿¡A su piso!? Dios mio... -¿Asustada? -Preguntó al ver mi cara.
  -¿Yo? No, claro que no. -Sonrió torcido. Durante todo el trayecto fuimos en silencio, un silencio que solo hacía más grande el deseo por el otro.
  -Para de morderte el labio si no quieres rompertelo. -No me había dado cuenta que me lo estaba mordiendo... Cuando lo solté, un pequeño dolor se proclamó en mi labio inferior. Después de unos diez minutos, Leo aparcó el coche dentro de un enorme garaje en el que había tres coches más. El Mustang que vi en el instituto, el Audi y un Ferrari rojo. -Si te estas preguntando que si son mios, pues sí, son mios. ¿Cuál te gusta más?
  -El Audi. -Sonrió.
  -Buen gusto. -Le devolví la sonrisa. Estaba nerviosa. ¿Estaba segura de querer hacer esto? Uf... ¡Dios, claro que sí! ¡Mis hormonas estaban a punto de reventar! Si no llegaba a un jodido orgasmo con este hombre de ojos grises y sonrisa que encandilaba a la vista, no sé que pasaría de mi. Entramos a un ascensor. Sin apenas darme cuenta Leo me dejó contra una de las paredes de este y me besó. Gemí por el impacto y la sensación de sentir sus labios sobre los míos. Su gran erección chocaba contra mi vientre mostrándome lo excitado que él estaba. Los dos lo necesitábamos. El ascensor se paró y Leo dejó de besarme. Sin aliento, entramos a un pasillo de gran longitud. No llegamos a hacerlo entero ya que Leo se paró delante de una puerta. ¿Enserio? ¿Vivía en el número 69? Por el amor de Dios... Me dejó entrar a mi primero para él después cerrar la puerta. Tenía un gran salón a la entrada, le seguía el comedor y al lado la cocina. ¿Y el dormitorio? No me dio tiempo a ver más. Leo me atrajo a él del brazo pegando mi espalda a su pecho. Apartó el pelo de mi cuello y lo beso, para después darle un pequeño mordisco pero sin dejar marca. Gemí. Di media vuelta para besarle. Rodeé mis brazos por su cuello cogiendo las puntas de su pelo para pegarlo más a mi. Lo necesitaba dentro. Dentro de mi. Con sus manos me subió a su cadera, noté su erección chocar con mi entrepierna. Poco a poco fue andando hasta que abrió una puerta para luego dejarme sobre una cama. Sacó la blusa de mi cuerpo y arrancó los botones de la camisa que él llevaba para quitársela. Eso me gustó. Se notaba que hacía gimnasio, tenía unos fuertes brazos y unos abdominales muy bien definidos. Oh, Dios, que “v”. Leo volvió a atacar mi cuello, yo lo volví a rodear para tenerlo más cerca. Sus manos bajaron hasta la cremallera de mi falda bajándola y quitandola de mi cuerpo. Sus manos me acariciaban los costados y la espalda, una sensación única. Desabroché el cinturón y el botón de sus pantalones dejándolo solo en boxers. Joder que perfecto cuerpo. Con un ligero movimiento desabrochó mi sujetador para después morder y chupar uno de mis pezones haciendo que mi espalda se arqueara. Gemí sin poder controlarme cuando pasó al otro. -Eso es Ana, déjate llevar por mi. -Que no me lo dijera dos veces... Con dos dedos empezó a bajar mis finas bragas de encaje negro, hasta quitarlas por completo. Sus dedos subieron por el interior de mi muslo llegando a la parte más sensible de mi cuerpo en esos momentos. Antes incluso de que llegara a tocarme, un escalofrío recorrió mi cuerpo alzando la pelvis al encuentro de esos dedos mágicos que un segundo después estaban haciendo pequeños círculos en mi clítoris.
  -¡Leo por favor! -Dije mientras arqueaba la espalda por el placer. Entro y salió unas cuantas veces, luego chupó sus dedos. Seguidamente me besó dándome a probar mi propio sabor. Bajó por mi cuello, pechos y vientre dando besos hasta mi feminidad. Su lengua se movía entre mi con tal facilidad que me fascinaba aun más. Noté como mis paredes vaginales se empezaban a contraer queriendo llegar a un orgasmo, no pude negarme. Me dejé llevar sobre su boca agarrando las sábanas y gritando por puro placer. Alargando una mano, llegó hasta la mesita, sacando un envoltorio de un preservativo y colocándoselo.
-Vas a disfrutas como nunca y quiero que grites todo lo que quieras. -Después de decir eso entro en mi mientras me arqueaba. A continuación, no fue nada suave. Entraba y salía con dureza y me encantaba. -Sigue Leo. Así. -Leo aumentó su ritmo. No quería llegar, quería disfrutar de este momento todo lo que pudiera. Joder, no, no. Me iba a correr. -¡LEO! -Llegué. Joder... que orgasmo. No tenía nada que ver con los que tuve ni mucho menos. Tres segundos después él se corrió, también gritando mi nombre. Totalmente agotados, se dejó caer a mi lado.
   -Por favor, dime que vamos a repetir. Te suplicaré si es necesario Ana, pero... -No dejé que siguiera. Lo besé respondiendo a su pregunta. El beso se profundizó. Tanto, que volví a excitarme. Estábamos desnudos sobre su cama que olía a él. ¿Cómo no podía excitarme? Me subí a sus caderas. -Ana... -Susurró casi suplicando.
   -Vamos Leo. Solo uno más. Solo te pido uno. -Gimió cuando me moví sobre él sin que llegara a profundizar en mi interior. Volví a moverme para excitarlo tanto como estaba yo. Subió su mano derecha de mi cadera a mi nuca para agacharme y besarme.
   -Prométeme que no te irás de mi lado, que esto va a seguir. Eres totalmente perfecta para mi, lo juro. -Sonreí sobre sus labios.
   -No te prometo nada. Solo quiero un buen polvo contigo, cariño. -Le mordí el labio inferior.
   -Jodidamente perfecta. -Susurró más par sí mismo que para que yo lo oyera. Levanté lo suficiente para que su miembro entrada de nuevo en mi. -Joder, Ana. -Gimió.
   -Dime Leo. -Jadeé. Echó un poco la cabeza hacia atrás.
   -Sigue. -Sonreí.
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------
 ¡Qué caliente! Para aquel@s pervertidos no os preocupes que habrás más capítulos como este ;) Que le vamos a hacer, yo también soy pervertida hahahaha. Un beso y muchas gracias por leer :)

No hay comentarios:

Publicar un comentario