domingo, 17 de noviembre de 2013

9


         Pasamos una mañana los dos solos en aquel lugar desconocido, que, a partir de ese día, sería nuestro lugar. Solo nuestro. De los dos. Para siempre. Mientras que Marco conducía de vuelta a mi casa, me di cuenta de algo, había vuelto a confiar en él. Sonreí. Solo en un día Marco me había demostrado lo que sentía por mi perfectamente, en la pelea con Leo, con sus besos, con sus caricias, con sus palabras... con solo mirarme. Me amaba igual que yo a él. ¿Por qué iba a necesitar a otro chico teniéndolo todo con mi novio? ¿Para qué? Llegamos a la esquina de mi calle, bajé de la Yamaha y le entregué el casco.
   -¿Quieres que salgamos a la discoteca hoy? ¿O prefieres guardar luto por tu amiga? -Preguntó al apagar la moto y bajarse.
   -Prefiero olvidar lo antes posible lo de mi amiga, si no te importa... -Asintió.
   -¿Te recojo a la hora de siempre?
    -Claro. -Dije con una sonrisa. Le di un dulce beso en los labios y me di la vuelta para irme, pero antes de que me fuera, me agarró la muñeca, me atrajo a él y me besó con pasión.
   -No te pongas demasiado sexy, no quiero pelearme con nadie por mirarte demasiado. Sé que es difícil que no estés sexy, pero no lo estés demasiado, ¿vale? -Reí.
   -Lo intentaré. -Me sonrió. Después soltó la muñeca dejándome ir.
   -Te amo.
   -Yo más.
   -Imposible. -Gritó por lo lejos que ya iba. Le lancé un beso por el aire y él hizo un gesto con la mano imitando que lo cogía y lo metía en el bolsillo. Volví a reír. Entré en mi casa, subí a mi cuarto y lo primero que hice fue coger el móvil y buscar en la papelera el número de Leo. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Marqué el número que por suerte seguía intacto, al primer toque lo cogieron.
   -¿Sí? -Su voz me congeló. No podía hablar. ¿Por qué? -¿Hay alguien?
   -Leo. -Susurré.
   -Ana. ¿Has pensado algo ya? -Asentí. Que estúpida era, no me podía ver.
   -Sí. -Corregí inmediatamente.
   -¿Y bien? -Ayudó a que siguiera.
   -No puedo hacerle eso a Marco. Lo siento. -Intenté decir lo mas calmada que pude. ¿Cómo me podía poner nerviosa con solo su voz?
   -¿Segura?
   -Sí.
   -Por si quieres cambiar de opinión, esta noche voy a salir con unos amigos a una discoteca, la nueva. -Aclaró.
   -No creo que cambie de opinión. -Antes de que me pudiera contestar, colgué. Sentí como si quinientos kilos se fueran de mis hombros al hacerlo. Después de aquello la tarde pasó con tranquilidad hablando con Megan y Marco por WhatsApp. Megan y Christian también se venían con nosotros, noche de parejas. Hacía tiempo que no salía en parejas, tenía especial ilusión. Esta vez tardé menos en vestirme. Con una falda y una blusa me parecía que iba bien. Cuando ya me llamaron, los cuatro nos empezamos a dirigir a una discoteca. Dada de la mano de Marco no podía ser más feliz. Llegamos y ni siquiera me paré a mirar el nombre del local, solo entré. Mi chico me pidió mi bebida y la suya. Con la primera canción que salió empecé a bailar, lo necesitaba.
   -Ya extrañaba bailar contigo. -Dijo Marco en mi oído. Mis caderas se movían solas, al igual que mis pies y mis manos, estaba feliz. Rodeándole el cuello lo acerqué a mi para que me besara, luego él me mordió el labio inferior haciendo que diera un leve gemido que no fue audible por la música tan alta.
-No empieces que acabamos de llegar. -Le dije yo esta vez. Marco rió en mi oído.
   -¿Qué estoy haciendo? -Preguntó como si no supiera de lo que estaba hablando.
   -No me provoques si no quieres que lo haga yo. Sabes que cuando la bebida me empieza a hacer efecto soy muy peligrosa. -Me acercó desde la nuca para besarme de esa forma que él solo sabía que me excitaba, dejándome con ganas de más. Volví a gemir. -Marco. -Regañé.
   -¿Qué? No estoy haciendo nada. -Lo cogí de la camisa para besarlo esta vez yo. Cuando intentó meter la lengua en mi boca se la mordí. Pude sentir el gruñido de su garganta traspasar a mi boca. Sonreí victoriosa.
   -Quieres jugar eeh. -Sonreí con picardía. Su mano de mi cadera bajó hasta mi culo donde me lo apretó lo suficiente como para que notara su creciente erección. -Esto lo provocas tú. ¿Es que quieres dejarme en ridículo? -Frunció el ceño.
   -Puede. -Estallé en carcajadas al ver la cara que puso. Lo besé para que no se enfadara demasiado, aunque lo dudaba.
   -Te quiero. -Vocalizó. Sonreí con la sonrisa de enamorada. -Ahora vengo, voy al baño. -Asentí. Vi como desaparecía entre la gente del local. Decidí que lo iba a esperar sentada en la barra. Cogí un taburete libre y me senté en él. Esta vez me pedí una coca-cola para suavizar un poco el alcohol.
   -¿Has cambiado de opinión? -Susurraron en mi oído mientras me rodeaban la cintura con dos manos. La voz, las manos, la pregunta. Solo podía ser él. NO. Marco vuelve, por favor. POR FAVOR.
   -No, Leo, no. Solo hemos coincidido en la misma discoteca. -Solté sus manos de mi alrededor. Giré para poder mirarle. En cuanto vi sus ojos grises un escalofrío me recorrió el cuerpo entero. Me comía con la mirada. -Por favor, vete. No quiero que Marco nos vea juntos. -Sus ojos derramaban deseo por todas partes, casi al punto de llegar a la lujuria. Me miró los labios y se mordió el suyo inferior. Jadeé sin darme cuenta. Ana, contrólate. Di un gran suspiro intentando tranquilizarme. -Leo, vete. Te lo pido por favor. No quiero que os peleéis. Vete. -Se acercó a mi cuello, colocó una mano en uno de mis muslos enviando una increíble corriente eléctrica a mi feminidad, dio un pequeño mordisco a mi cuello y subió un poco la mano aumentando esa electricidad por todo mi cuerpo. Gemí sin poder resistirme.
   -Ya sabes donde encontrarme si me necesitas. -Antes de irse dio un último pequeño mordisco a mi lóbulo de la oreja, dejándome con la respiración agitada y excitada a más no poder. ¿Cómo puede hacer esto en mi? ¿Cómo me puede dejar así con solo morder y tocar? Necesitaba más, necesitaba más de él. Poco después de que lograra tranquilizarme lo suficiente para mantener mi respiración tranquila, Marco regresó.
   -¿Me extrañabas? -Sin responder a su pregunta lo atraje a mi y lo besé como si no hubiera mañana. Joder, estaba caliente, muy caliente. Tenía que saciarme como fuera o me volvería loca. Pero no tenía suficiente con Marco, necesitaba a alguien especial y sabía quien era, pero no podía decirle nada estando mi novio delante. -Guau, cariño. ¿Qué ha pasado mientras estaba en el baño? -Algo que no le podía decir pero lo que me había dejado de esta forma en la que no era capaz de razonar algo coherente.
   -El alcohol es lo que tiene. -Rió. Pero yo en esos momento no podía reír, solamente sonreí forzoso. Volví a atraerlo y devorarle los labios. Bajé al cuello como una leona e hice todo lo que se puede hacer en público sin quitar nada de ropa, pero sólo me sirvió para excitarme más y más. ¡JODER! ¿Cómo coño me sacio? Leo, te voy a matar. -Voy al baño. -Marco asintió sin rechistar. Como pude entre la gente llegué a la puerta de los baños, entré y saqué el móvil de mi cadera, no me gustaba llevar bolso. Marqué su número, le di a llamar. Pasaron cinco toques y no lo cogía. Dios, me estaba desesperando. ¿Dónde cojones estaba cuando más lo necesitaba? -Vamos, vamos. -Buzón de voz. -Joder. -Colgué. ¿Qué iba a hacer yo ahora? Estaba ardiendo por dentro. Apoyé las manos en la pared y suspiré profundo. Volví a girarme. Poco después entró con una sonrisa de pícaro en la cara. Lo había hecho a posta. -¿Por qué cojones lo has hecho? -Recriminé.
   -Para que veas lo que se sufre, lo que sientes cuando nada es suficiente, cuando solo me necesitas a mi. -Se mordió el labio. -Tienes que estar tan mojada. -Ya no pude más. Di los pasos que nos separaban y lo besé. Inmediatamente me cogió en peso y nos empujó dentro de uno de los pequeños recintos del baño. Gemí cuando bajó a mi cuello. Como me excitase más, iba a explotar por dentro.
  -Leo. -Pronuncié su nombre en un jadeo, necesitando más, mucho más.

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