miércoles, 30 de octubre de 2013

5

        Rodeé su cuello con mis brazos y lo atraje a mi para besarle. Dos segundos después un fuerte sonido de coche hizo separarnos. Un Mustang de color blanco y negro giraba la esquina a toda velocidad. ¿Qué hacía un coche de ese tipo por aquí? No pude ver al conductor.
   -¿Por qué lo has hecho? ¿Por qué me has besado, Ana? -Dijo totalmente confundido.
   -Quiero intentarlo. Pero te pido que tengas paciencia conmigo. No sé si podré confiar en ti como lo hacía antes, pero te necesito. -Confesé sin mirarle a los ojos. Mi frente sobre su pecho y mis manos en sus costados mientras él me abrazaba por la cintura, me lo impedían.
   -Ese 'te necesito' ha sido mucho más perfecto que un 'te quiero'. Te prometo que todo va a volver a ser como antes, no tendrás queja de mi. No sabes lo mal que lo he pasado sin ti estos días. Vamos, no queremos que te regañe tu madre, ¿verdad? -Sonreí mientras me separa de su pecho. Siempre sabe como sacarme una estúpida sonrisa. Miró nuestras manos y yo las entrelacé formando una. Aunque ella no lo supiera, vi a Megan dar un salto de alegría por detrás de nosotros. Se me escapó una risilla al verla. -¿Qué pasa?
   -Megan acaba de dar un salto de alegría por vernos cogidos de la mano. -Mi estómago se revolvió con mariposas cuando lo dije en voz alta. Aun quería a Marco. Él negó con la cabeza a la vez que una sonrisa llenaba sus labios.
   -Esa chica nunca cambiará. -Mientras caminábamos hasta mi casa en silencio una pregunta posó por mi cabeza. Me mordí el labio antes de preguntar.
-¿Habrías pegado a Leo si me hubiera besado en la discoteca?
-Me hubiera costado controlarme, la verdad... Pero no quiero hablar de ese tipo ahora. -Asentí. Se me pasó la idea de contarle lo que me había pasado hoy con él, pero preferí no hacerlo. Llegamos a la esquina de mi calle, donde siempre nos despedíamos para que mi madre no nos viera juntos.
-El lugar de siempre... -Dije mientras recordaba cuantos besos nos habíamos dado él y yo aquí, contra una verja cercana.
   -Sí. Pensé que no querías que tu madre viera como te besaba. -Sonreí. Le miré y él también sonreía. Me puse de puntillas hasta que Marco hizo juntar nuestros labios. Sus manos rodeaban mi cintura y las mías su cuello. -¿Qué te parece si quedamos esta tarde tú y yo a solas?
   -¿Cómo antes? -Alcé una ceja al decirlo. Él negó con la cabeza.
   -No, mucho mejor. -Su sonrisa no se iba de sus labios y me encantaba que yo fuera la causante de ello.
   -Esta bien. Pero antes subes por mi ventana. Me encantaba cuando antes lo hacías.
   -Vale. Esperaré a que comas y cuando vea que has abierto la ventana subo. -Asentí. Me dio un corto beso. -Hasta luego, te amo.
   -Y yo. -Giré sobre mis talones y caminé hasta mi casa no sin antes darme la vuelta para mirarle por última vez. Sonreí como una tonta. Lo vi darse la vuelta aunque al instante me volvió a mirar, pero esta vez con otra cara. Fruncí el ceño y miré al frente. No tuve tiempo de reaccionar, Leo atrapó mi cabeza entre sus manos y me besó. Me separé lo antes que pude. Justo antes de que Marco lo empujara lejos de mi. Vi la vena latera del cuello de Marco totalmente marcada.
   -No te vuelvas a acercar a ella o te juro que te mato. -La voz de mi novio sonó mucho peor que una amenaza, era una orden y si no era acatada a la perfección la cosa se pondría muy fea.
   -No te tengo miedo niñato. -Antes de que hiciera nada le cogí la mano.
   -Por favor Marco, déjalo.
   -Sí eso, haz le caso a tu puta. Sabe más que tú. -Marco se soltó de mi mano y lo encaró a solo unos centímetros de su cara.
   -Vuelve a insultarla y te arrepentirás. -Sus dientes estaban apretados, tanto, que me daba miedo hasta a mi. Pude ver como Leo vocalizaba un 'PU-TA'. Un paso atrás de Marco y un puño voló a la cara de Leo, este se lo devolvió y entonces, una pelea empezó. Yo no podía hacer nada, sólo veía las imágenes a cámara lenta pasar. Vi como mi hermano llegaba y los separaba con la ayuda de mi padre. Las lágrimas no paraban de salir de mis ojos. Marco tenía el labio roto y un ojo morado, Leo la nariz y otro ojo... ¿Pero qué le importo yo a ese tío? Sin decir nada entré a mi casa y mi madre me abrazó. Bebí un poco de agua y me subí a mi cuarto sin hablar ni una sola palabra. Me dejé caer en la cama y sobre la almohada eché todo lo que tenía que echar de lágrimas. Una sobre otra caían sin desenfreno al igual que mis sollozos. Un poco después dos pequeños golpes en la ventana de mi cuarto me hicieron desconectar. Miré y vi la cara de Marco magullada. Le abrí la ventana con alguna que otra lágrima cayendo por mis mejillas.
   -¿Estás bien? -Me preguntó cogiendo con cuidado mi rostro entre sus manos como si se fuera a romper en cualquier momento.
   -¿Y tú, cómo estás? -Dije sin responder a su pregunta. Él tampoco me respondió, solo me atrajo a él y me abrazó. -Tenía mucho miedo. No lo vuelvas a hacer, por favor.
   -Lo siento cariño. Pero es que, no me pude controlar. Te amo demasiado, tanto que hasta miedo me da lo que siento por ti. Nunca había llorado por una chica hasta que llegaste tú. -Confesó. ¿Había llorado por mi?
   -Pues yo nunca había presenciado una pelea hasta que has llegado tú. -Levanté la cabeza para mirarle.
   -Me gusta más lo mio. -Reí.
   -Y a mi. -Lo volví a abrazar. -¿Qué ha pasado después de que yo me fuera? -Pregunté aunque con un poco de miedo.
   -Nada. Ese tío se ha ido en su coche. Creo que era el Mustang de antes, el de la puerta del instituto.
   -Ah. -Apreté mi abrazo a su pecho. -Te quiero. Mucho. -Él también apretó sus brazos a mi cuerpo.
   -Yo también te quiero. -Con cuidado besó mi coronilla. -Me encanta como huele tu pelo. Ya extrañaba el olor.
   -A mi me encanta tu colonia. Y también lo extrañaba. -Nos quedamos así por unos segundos o minutos, no lo sé, pero tampoco me importaba.
   -No me vuelvas a dejar, por favor. -Me pidió.
   -No me vuelvas a engañar, por favor.
   -No lo haré. Lo juro.
   -Entonces yo tampoco te dejaré. -Alcé la cabeza y le di un dulce beso en sus labios. No quise presionar demasiado por si le dolía, aunque pareció que no, ya que Marco me pego mas a él profundizando el beso. Subí las manos desde sus bíceps hasta su cuello enredando mis dedos en su corto pelo negro azabache. Por la simple falta de aire nos separamos.
   -Me encantan estos momentos contigo. Son tan perfectos a tu lado. -Dijo y yo le sonreí.
   -Seguro que no son tan perfectos como tú. -Me devolvió la sonrisa mientras se acercaba para volver a besarme. Esta vez, su lengua buscó entrada en mi boca, la cual, fue encontrada. Mis mariposas revolotearon cuando nuestras lenguas se rozaron la una con la otra. La voz de mi madre pronunciado mi nombre nos sobresaltó. Tenía que comer...
   -Te espero aquí. -Asentí. Le di un pico y cerré la puerta cuando salí del cuarto. Comí y quité la mesa. Subí, estaba sentado en la cama. Le sonreí. Él me miró y levantó una pequeña tarjeta. La de Leo. -¿Y esto? -Cerré la puerta.
   -Me lo dio en la discoteca. No estaba contigo, ¿recuerdas? Así que la acepté. -Se la quité de las manos y la rompí en dos. La dejé caer en la pequeña papelera de mi cuarto. -¿No te habrás enfadado por eso? -Suspiró.
   -¿Lo llamaste alguna vez? -Rodé los ojos. ¿Enserio me estaba preguntado esto? Madre mía...
   -No. ¿Estás celoso por que me dio su tarjeta?
   -Porque la aceptaste. -Rectificó.
   -No estaba contigo. -Coloqué ambas rodillas a los dos lados de sus caderas. -Venga, no te enfades. -Le di un pequeño beso. Se dejó caer hacia atrás en la cama para que yo tuviera que agacharme más para besarle. -¿Estás enfadado? -Dije en tono juguetón. Bajé de su boca a su cuello. Lo vi cerrar los ojos cuando le di un pequeño mordisco. Le encantaba que hiciera eso. -Venga, Marco, no te enfades. -Rocé su entrepierna con la mía, no pudo evitar dar un suspiro. Luego le besé la clavícula y volví a morderle el cuello, esta vez en el lado opuesto.
   -Por favor para. No me hagas esto Ana, no en tu casa. -Le ignoré. Me encantaba provocarle. Me moví encima de él, dio un pequeño gemido. -Para, por favor.
   -¿Por qué? Sé que te vuelve loco esto. -Volví a moverme. Gimió.
   -Sí, me pone mucho que lo hagas, pero en tu casa no te puedo hacer el amor porque tus padre subirían por tus gritos de placer. Por eso, para. -Lo besé en los labios, dando por terminado mi pequeño juego.

lunes, 28 de octubre de 2013

4


       Proyecto técnico lo tenía a tercera hora y sólo podía contar los minutos que quedaban para volver a verle. Joder, volver a ver esos ojos... ¿Cómo puede tener solo 20 años? Uf, es demasiado guapo para que se fije en mi, además, ya no llevo el pelo liso como la primera vez que me vio. ¿Qué pensará ahora que me va a ver como realmente soy? Porque la verdad es que dejo mucho que desear... Toca el timbre y doy un pequeño chillido. Joder, puto timbre... Siguiente hora, lengua. Ya solo queda una simple hora. Por favor que pase rápido. O no, no mejor que no, que no llegue, no quiero que me vea así... estoy horrible. ¡Por Dios Ana para ya! Solo es un chico guapo. No tienes que darle tanta importancia. Es cierto que bailó conmigo, pero solo fue bailar no llegó a más. Tras hacer unos cuantos ejercicios de analizar un texto, lo que no sabía si quería o no que llegara, llegó. La campana sonó. Todos nos levantamos mientras recogíamos nuestras cosas. Casi todo se me escurría de las manos de los nervios que sentía. Cuando salgo de clase para dirigirme a la de proyecto técnico, Megan me espera en la puerta. Se acerca y me abraza. Cuando se separa de mi leo en sus labios un 'Suerte'. Yo solo le puedo sonreír. Ya no tenía ni palabras. Llegamos a clase y sigo a la multitud allá donde va. Nos subimos a un pequeño bus. Me tocó al lado de una chica que no habla apenas nada y lo preferí así. En cada semáforo que se paraba el autobús, mi corazón también se paraba. Hasta que aparcó. Bajé la última...
   -Ana, ¿te encuentras bien? Estás muy pálida. -¡¿QUÉ!? Y ahora encima pálida, perfecto.
   -No nada profesor, estoy bien. -No sé ni como pude hablar.
   -Pues venga vamos, no quiero hacer esperar al señor Sanchez. Es muy importante, ¿sabes? Su familia y él tienen mucho dinero. -Fue a seguir pero se interrumpió así mismo. -Mira, ahí esta. -Mis ojos se ampliaron un doscientos por cien para buscarlo, pero no tuve que esforzarme mucho ya que era el único con corbata y traje que se acercaba a donde nos encontrábamos mi profesor y yo. Dios... es mucho más guapo a plena luz del día. Su sonrisa brilla mucho más al igual que sus preciosos ojos. Cierro la boca al darme cuenta que la tenía entre abierta y casi a punto de jadear.
   -Muy buenas. -Saluda con voz firme. Que sexy. Creo que se ha dado cuenta de que soy yo. Me sonrió. Yo claro está me ruboricé. Como puede ser tan.... ¡Ah! -Bueno vamos a empezar. -Le seguimos hasta el interior del gran edificio. No me separé de mi profesor en toda la visita. Eso me daría puntos extra en el examen que nos hará ya que él me explicaba pequeños detalles que me llamaban la atención. Sergio, mi profesor, es muy bueno con todos los alumnos y tiene muy buen rollo. Me cae súper bien. Aun que a mi lo que más me llamaba la atención era los ojos de Leo. De vez en cuando me quedaba embobada mirándolo, él se daba cuenta y yo quitaba la mirada rápidamente. La visita estaba a punto de terminar, lo sabía por que estábamos llegando a la última parte de las máquinas de fabricación. -Esta bien, chicos. La visita a terminado. Espero que os haya gustado. -Me fijé y todas las chicas sonreían como tontas. Menos mal, no solo era yo la que le parecía guapo. Todos los alumnos salimos al exterior mientras que Sergio se quedaba hablando con Leo. Eso me extrañó, pero no le quise dar importancia.
   -Ana, me ha dicho que quiere hablar contigo. -Me informó Sergio mientras señalaba a el interior queriendo referirse a Leo.
   -¿Para qué? -Le pregunté con el ceño fruncido.
   -No lo sé. Mira a ver. -Asentí. ¿Iba a estar sola con él? Joder... Entré y no lo veía. Pero al darme la vuelta para irme, lo encontré en frente de mi mordiéndose el labio inferior. Mi respiración se bloqueó.
   -No me has llamado.
   -¿Esperabas que te llamara? -Las palabras salieron de mi boca todas del tirón y dudé que las entendiera, pero sí las entendió.
   -¿La verdad? Sí, esperaba que lo hicieras. -Confesó con toda la tranquilidad del mundo. ¿Esperaba que lo llamara? ¡Esperaba que lo llamara!
   -Oh. -No pude decir nada más.
   -Me gustaría volver a quedar contigo. ¿Tienes algo que hacer esta tarde? -¡¿Quiere tener una cita?!
   -¿Quieres que... que... ?
   -Sí, quiero tener una cita contigo. -¡¿Pero por qué todo le sale tan natural?! Oh, claro. Ya lo ha hecho varias veces. Entonces, ¿yo solo seré una más?
   -Sí, tengo que estudiar. -Habló mi orgullo. No tenía que estudiar, pero no pensaba ser una chica fácil.
   -¿Y mañana? -Preguntó con una ceja alzada.
   -Ya he quedado. -Dije un poco seca.
  -Por favor, solo quiero conocerte. -Iba a hablar pero mi profesor nos interrumpió.
   -Ana, nos tenemos que ir ya.
   -Esta bien, ya voy. -Nos volvimos a quedar solos. -Me tengo que ir.
   -Yo no quiero que te vayas.
   -Pero tengo que hacerlo.
   -Vale. Cuando puedas quedar me llamas. -Asiento. Paso por su lado, pero cuando estoy a una paso de él, me frena cogiéndome del codo. Giro para mirarle. -Que sea pronto, por favor.
   -No te prometo nada. -Dije escondiendo una pequeña sonrisa. Él me atrajo más a si mismo de la misma forma que estábamos cuando rozó mi cuello con sus labios.
   -No me provoques. -Susurró junto a mi oído.
   -¿O qué? -Se volvió a morder el labio.
   -No lo querrás saber. -Dicho esto, con suavidad, me mordió el lóbulo de la oreja. No pude evitar dar un suspiro de pura excitación. -¿Seguro que no quieres quedar? -La entrepierna me palpitaba. ¿Cómo coño lo ha hecho?
   -Ya te he dicho que tengo que estudiar. -Dije intentando no mostrar un increíble jadeo.
-  No me mientas. Le he preguntado a tu profesor si tenías estos días examen y me ha dicho que no. -Lo tenía todo planeada, que capullo. -¿Por qué no quieres quedar conmigo? -No le respondí, me solté de sus brazos y salí al exterior del edificio que se había vuelto un horno en un par de minutos. ¿Cómo que por qué no quería quedar con él? Pues porque me iba a utilizar y no quiero pasar por lo mismo dos veces. Ya tuve suficiente con una... Llegamos al instituto y como es la hora del recreo estaba segura de que Megan me mataría a preguntas. Pero yo no quería hablar. ¿Por qué todos los tíos tienen que ser así? Las clases terminaron por ese día. Necesitaba volver a casa. Salía por la puerta del instituto sin mirar a nadie. Le había dicho a Megan que no me espera, que quería estar sola, me hizo caso.
   -Ei, Ana, ¿qué te pasa? -Su voz entró en mi cerebro tan profundo que casi dolió. ¿Qué hacía Marco aquí? No quiero hablar con él, no quiero hablar con nadie. Solo tengo ganas de llorar... Todos los hombres son gilipollas.
   -Nada. Déjame. -¿Por qué he tenido que hablar? La voz se me quebró y Marco lo notó. Me cogió de la muñeca e hizo que le mirara. Mis ojos cristalinos me impedían ver los suyos azul cielo.
   -¿Qué ha pasado? -Libré la muñeca y lo abracé. Sí, lo abracé. Al chico que primero me destrozó el corazón. A ese que intentó volver conmigo después de engañarme dos veces. A ese mismo. Estaba llorando en su pecho como nunca antes lo había hecho. Me impresioné hasta a mi misma. -Ana.... No me gusta verte así. No llores, por favor. Explícame lo que te ha pasado.
   -Nada, solo abrázame, solo te pido eso. -La gente pasaba a nuestro alrededor riendo mientras hacían bromas, ajenos a lo que me ocurría, ajenos a mi corazón cada vez más destrozado por el amor... ¿Alguna vez encontraría a mi chico ideal? Lo dudaba mucho de que ese momento llegara. Era increíble que estuviera abrazando a uno de los causantes de mi desdicha.
   -¿Quieres que te acompañe a casa? -Asentí. Me acababa de dar cuenta de que en realidad no quería estar sola, que necesitaba a alguien como lo que eramos yo y Marco antes. Me faltaba eso, amor. ¿Podría darle otra oportunidad a Marco? ¿Podría volver a confiar en él después de todo lo que me hizo pasar? ¿Quería descubrirlo? Sólo tenía respuesta para dos. Quería intentarlo otra vez con Marco y quería descubrir si podría o no confiar en él. Pero no sabía si lo lograría.

domingo, 20 de octubre de 2013

3


   -¡¿Cómo que vas a ir a una de sus fábricas?! -Preguntó Megan exasperada por lo que le acabada de contar.
   -Sí, eso es lo que nos ha dicho el profesor de proyecto técnico, que Leo nos va a enseñar la fábrica. -Megan se colocó una mano en la frente mientras que la otra estaba en su cadera. Las dos estábamos en la puerta del instituto rodeadas de gente que salía en dirección a sus casas.
   -¿Y qué vas a hacer cuando le veas? -Preguntó tras varios segundos en esa postura.
   -Pues, si te digo la verdad, no tengo ni puta idea... Pero venga, vamos a seguir que como llegue tarde mi madre me hace el interrogatorio. -Asintió con una sonrisa, sabe como es mi madre y la clase de preguntas que me hace,que si estoy con un chico, que si es que me han castigado y bla, bla, bla... Cuando llego no tengo ni hambre, aunque mi madre me obliga a comer. Tengo el estómago totalmente cerrado por los nervios de lo que podría pasar...
   -¿Hija qué te pasa? -Preguntó mi madre mientras me veía recoger la mesa. ¿Cómo me lo puede notar? Nunca sabré como lo hace...
   -Nada. ¿Por? -¿Sabrá algo? Claro que no. Es una madre, no un agente secreto.
   -No por nada, te noto como preocupada y demasiado distraída. -Negué con una sonrisa, un poco falsa, para tranquilizarla. Terminé de recoger la mesa y me subí a mi cuarto para hacer los deberes. Por suerte hoy no tenía que estudiar... Pronto acabaría el bachiller y me iría a la universidad. Que ganas tenía de, por fin, estudiar lo que llevaba queriendo desde 1º E.S.O., veterinaria. Me costó mucho terminar de hacer toda la tarea por culpa de los nervios que sentía. Creo que nunca he estado mas nerviosa... Cogí el portátil y me puse a buscas libros para leer por internet. No sé por qué tuve que buscar ojos grises, me salió una trilogía, '50 sombras'. Empecé con la sinopsis del primero y me enganché. Anastasia se parecía a mi, excepto por los ojos azules, los mios son entre marrones y verdes. Oh, Dios. Grey tenía los ojos grises. Inmediatamente me imaginé que eramos él y yo... Leo trabaja de presidente en una empresa, yo soy estudiante... Joder, joder, joder... No creo que Leo tenga esa afición, ¿no? Yo no podría ser sumisa, eso lo tengo más que claro. En todo caso sería al revés, yo la domina y él el sumiso... ¡Dios mio, NO! ¡Qué horror! Me sobresaltó el sonido del WhatsApp de mi móvil. ¿Quién podría ser? Como no, Marco...
   -Marco: Holaaa!! :D
   -Yo: Hola :)
   -Marco: Que tal?
   -Yo: Bien :) tu?
   -Marco: Pensando en ti. -Al leerlo no pude evitar poner los ojos en blanco.
   -Yo: Ok.
   -Marco: Ei!! No te enfades... Solo digo la verdad...
   -Yo: Pues prefiero no escucharla. -Después de eso no me habló más. Lo agradecí. Me pone de mala leche hablar con él. Dice demasiadas tonterías...
El despertador me vuelve a despertar como cada día, como lo odio... no se le pueden gastar las pilas... En las puertas del instituto me junto con Megan y las dos juntas entramos a clase.
   -Oye, Ana. Ayer hablé con Marco... -Dijo por lo bajo, aunque yo la escuché perfectamente.
   -¿Y? Me da igual lo que te diga o te deje de decir, no me importa. -No me gusta hablar de él y ella lo sabe.
   -Tía, aun te quiere. Lo está pasando muy mal. Me contó lo que pasó con Leo. De verdad, se puso muy celoso... y.
   -Y nada. -La corté. ¿Es que no entiende que no quiero hablar de él? -No quiero saber nada de él. Que se joda por engañarme. Ya no le quiero. Estoy soltera y buscando un nuevo chico. -Escondí una sonrisa. -Lo más probable es que lo vea mañana... Dios, no puedo estar más nerviosa.
   -Ese chico no tiene la misma historia que tienes con Marco. Marco es. -La volví a interrumpir.
   -Es un gilipollas que me engañó, dos veces. -Levanté dos dedos. -Por esa misma razón me atrae Leo. Tiene pinta de ser alguien muy misteriosos... me vuelve loca.
   -Por favor Ana, tiene veinte años.
   -¿Y qué mas da? El amor no tiene edad. Además, si no funciona tengo todo el derecho a equivocarme. -Sonó la campana. -Hasta luego.
   -Adiós. -Nos dimos un abrazo y cada una se fue para su clase. Mientras estaba en clase, me puse a dibujar sus ojos... Amo sus ojos, son los ojos mas bonitos que jamás haya visto. Las horas pasaban y sus ojos, su sonrisa, sus caricias... no se podían ir de mi cabeza y cada vez estaban más presentes. Joder, ¿por qué? La hora del recreo llegó. Cuando salí vi en la puerta a Marco. No, él ya no estudia, es un año mayor que yo. ¿Qué mierdas querrá? Intenté pasar de él, pero me llamó y no tuve éxito. Al llegar suspiré para afrontar lo que tendría que decirme, fuera lo que fuese.
   -¿Qué quieres? -Dije secamente.
   -Te quiero a ti. -Una pequeña sonrisa salió de mi rostro, intentando aguantar las ganas de reír a carcajadas.
   -Hasta luego Marco. -Respondí con una mano alzada dándole la espalda.
   -Ana, por favor. Solo quiero hablar.
   -¿De qué Marco? ¿De qué coño quieres hablar si lo único que hacías mientras estabas conmigo era liarte con la tía que primero pasaba moviendo el culo, eh? -Exploté en frente de su cara.
   -Lo siento, y lo siento de verdad. Estos días que estoy pasando sin ti son como un puto infierno. No sabía lo que te quería hasta que te he perdido. Lo juro.
   -No jures en vano. -Miré a otro lado no queriendo mirar a sus ojos. Él lo notó.
   -Mírame y dime que no me quieres, que lo nuestro no significó nada para ti, que no te importo, que me odias. Dime todo lo que quieras decirme aquí y ahora. Como si no me quieres, como si nunca me has olvidado. Dime lo todo. Y te prometo, que no volveré a insistir más en volver contigo si ya no me quieres. Mírame. -Giré la cabeza y miré a sus ojos. Tenían rabia, dolor y furia, pero, sobretodo, sinceridad. Mi corazón hizo un “click” y se formó una pequeña grieta.
  -Yo te quería, te quería de verdad. Te di una oportunidad, porque sí, sabía que ya me habías engañado con Daniela. Pero te la di porque pensaba que ibas a cambiar y que nunca jamás me lo ibas a volver a hacer. Pero se volvió a repetir y ya no podía confiar más en ti. Toda la confianza que tenía se desvaneció por completo cuando te vi con Carla. -Los ojos me empezaron a pinchar he intenté mantener las lágrimas a raya, pero no pude... los recuerdos llegaron a mi mente y fue como si estuviera allí otra vez. En un suspiro una se resbaló por mi rostro. Inmediatamente me la limpié.
   -Pues ahora he cambiado.
   -Pero ya es demasiado tarde. -Interrumpí. -Te pido que no volvamos a hablar del tema. Para mi nuestra relación como pareja terminó en el momento justo que te vi con Diana. Lo máximo que podemos llegar a ser es amigos. Más de ahí no vamos a volver a pasar. -La campana tocó. -Me tengo que ir.
   -Ya, conozco ese odioso sonido. -Se escapó una pequeña sonrisa de mi cara y de la suya al ver la mía. -Dame un beso, en la mejilla, digo. -Asentí. Me acerqué y con cuidado presioné mis labios contra su mejilla izquierda. Estaba recién afeitado, olía genial. Ese olor y tacto antes los amaba. No podía parar de tocas sus mejillas y barbilla. -Adiós.
   -Hasta luego. -Entré al baño antes de ir a clase para lavarme la cara y limpiar las lágrimas derramadas. Odiaba llorar. El día pasó rápido y lo agradecí. A pesar de lo de Marco tenía que pensar en Leo y en lo que le tenía que decir cuando lo viera... ¿He dicho ya que estaba nerviosa? Porque lo estaba, digo si lo estaba que hasta se me calló un baso al suelo en la cena. La que me echó mi madre... No dormí apenas nada. Se me notaban las ojeras a tres kilómetros cuando me levanté y me miré al espejo. Sin más remedio me puse un poco de maquilla para tapar las ojeras. Cada paso, segundo, minuto que pasaba al caminar para ir al instituto me ponía más nerviosa y lo extraño es que aun no sabía por qué. ¿Se acordará de mi?

domingo, 6 de octubre de 2013

2

Me ha dado su número... Miro hacia la pequeña tarjeta y leo lo que pone:
Leo Sanchez Hernandez, presidente de 'Las Nuevas Tecnologías'. Tfo: 9******** Tfo1: 6******”
¡¿PRESIDENTE DE UNA EMPRESA?! ¡¿Pero que edad tiene este tío?! ¡¿30?!

Noté una mano en mi hombro que hizo sobresaltarme. Miré desconcertada para encontrarme con los ojos azules de Marco.
  -Yo me voy ya, si te quieres venir te acompaño hasta casa. -Asentí. Estaba confusa y necesitaba salir de aquí e ir a mi casa. Fui a despedirme de Megan, pero al ver que se estaba enrollando con su novio, pasé. Al poco rato de empezar a alejarnos de la discoteca, Marco rompió el silencio sepulcral que teníamos en aquel momento pero el que yo en mi cabeza no tenía pues no podía parar de pensar en esos ojos grises, en sus manos rozando mis caderas, mis brazos, mi espalda pegada a su pecho... sus labios acariciando mi cuello. -Te he visto bailar con... aquel tipo.
  -Leo, se llama, Leo. -Le interrumpí algo mosqueada. Tenía nombre.
  -Esta bien. Te vi bailar con, Leo. -Enfatizó en el nombre que le dije. -Aun que parece un poco mayor para ti, ¿no? -No contesté. Sabía que me estaba mirando, pero no pensaba mirarle a él. No quería. -Me he tenido que controlar y no ir a romperle la cara al ver que te tocaba. -Confesó ahora mirando al frente.
  -No soy de cristal, ¿sabes? Me puedo cuidar yo solita y, además, Leo es inofensivo para tu información. -Repliqué.
  -Guau, Ana, no me mates, vale. No me estaba metiendo contigo.
  -Pero sí con él. -Lo volví a interrumpir. Fue a abrir otra vez esa bocaza suya pero le callé antes de que lo hiciera. -Marco, para de hablar. Solo quiero ir me a casa. -Alzó las manos en forma de disculpa. Pero una pregunta pasó ante mi mente y tuve que preguntar. -¿Te has puesto celoso? -Él echó una pequeña risita.
  -Claro que no. -Decía con una pequeña sonrisa en su rostro, la cual borré de golpe.
  -¿No decías que me querías? -Me encanta interrumpir sus palabrejas.
  -Claro, claro que te quiero. Pero sé que ese tío no tiene nada que hacer ante mi. -Esta vez si lo miré con la boca abierta y una ceja alzada en forma de incredulidad.
  -Pues “ese tío” se portó de una forma de la que tú no serías capaz de comportarte en tu puta vida. -¿Por qué me cabrea tanto? -Así que deja de ser un completo engreído, me irrita. Ah, y no respondas. -Hizo un asentimiento de cabeza hacia mi. Que a gusto me he quedado mandándole callar, coño. Llegamos a mi puerta y me despedía de él con 'Gracias' y dos besos en las mejillas. Entré en casa con cuidado de no hacer ruido hasta mi cuarto. Me dejé caer en la cama, ya sin los zapatos, estaba agotada... Me quité la ropa, el maquillaje y me metí en la cama. Mirando al techo sus ojos vinieron a mi mente, mientras que al siguiente instante llegó sus labios rozando mi cuello... Volví a levantarme y cogí mi portátil y la tarjeta que me entregó de sus suaves manos. Encendí el portátil, escribí el nombre de la empresa en google, le di a buscar. Pinché en el primer enlace, era la Wikipedia... Aún así me aportó información de lo que yo quería saber. Leo Sanchez Hernandez. Su padre era el dueño de la empresa, pero después de caer enfermo se la cedió a su único hijo, Leo. Poco después su padre murió. Según dice, Leo tiene 20 años. Es realmente joven... Sólo es dos años mayor que yo, aun que aparente tener casi los treinta, supongo que será porque tuvo que madurar pronto...
El despertador me sobresalta con su sonido. Al levantarme, noto el peso del portátil en mis rodillas, está sin batería. Lo más seguro es que me quedara dormida buscando información de... ¿Por qué busqué información de un chico que conocí en la discoteca? Ah sí, porque me dio su tarjeta en la que ponía que era presidente de una empresa. Me desperezo mientras hago mi rutina de todas las mañana. Que aburrido, siempre lo mismo... No sé como me pude dejar convencer por Megan a que saliera un miércoles por la noche... estoy destrozada... me duele los pies de los tacones y todo el cuerpo de bailar con... Leo. Una pequeña sonrisa se dibuja en mi boca al recordar lo que pasó anoche... Llego al instituto con esa sonrisa, no entiendo por qué no la puedo quitar de mi rostro. Cada vez que cerraba los ojos veía los suyos en frente de mi. Son tan perfectos que...
  -¡Ei! ¡Ana! -Abro los ojos y miro hacia todos los lados buscando a la persona que me llama y veo a Megan corriendo a todo dar por el pasillo en mi dirección.
  -¿Qué pasa Megan? -Le pregunto sonriendo amistosamente cuando llega. Un poco fatigada de la corrida, me responde con otra pregunta.
  -¿Dónde te metiste anoche? Marco y tú os pirasteis sin decir nada. ¿Pasó algo entre vosotros? -Dijo mientras me daba suaves golpes con el codo.
  -No, Megan, no. Nada de nada. Y lo prefiero así, ya lo sabes. -Hizo un mohín. -Pero lo que no sabes es que conocí a un chico ayer. -Solté mientras me aguantaba una sonrisilla.
  -¡¿Qué?! ¿¡Quién!? ¡¿Qué haces que no estás hablando?! ¡Vamos, di! -Exigió.
  -Vale, vale, ya voy. -Justo cuando abrí la boca para decirle como sucedió, la campana de que las clases iban a empezar, tocó. Megan gruñó con desagrado.
  -Como odio ese puto timbre... Luego me cuentas. -Asentí. Nos despedimos con un corto abrazo para que cada una se fuera a su clase. Las primeras horas pasaron hasta que llegó el recreo.
Megan me esperaba en la puerta impaciente dando pequeños golpes con el pie en el suelo.
  -Hola. -Le sonreí.
  -Dejate de chorradas y empieza a hablar. -Reí.
  -Espera que por lo menos salga, ¿no? -Sus labios formaron una fina línea que representaba su disgusto. Fuimos en silencio hasta la puerta de salida. Y solo al sentarnos Megan me asaltó a preguntas. Yo solo reía porque no paraba de decirme que me callara y eso solo hacía que yo riera mas. Hasta que por fin me pude calmar y decirle todo lo que pasó, claro que sin todos los detalles ya que teníamos poco tiempo. Solo me entretení más en la parte que me roza el cuello con sus labios. -Y, después me da su tarjeta, me besa en la mejilla y se va. -Terminé de contar mi pequeña historia.
  -Quiero, no, NECESITO conocer a ese chico. -Rectificó. Poco después tocó la campana y volvimos a nuestras clases. Ahora me tocaba proyecto técnico... No me gusta para nada...sobretodo porque comparto mesa con dos estúpidas de mierda. Llego y me coloco en mi asiento, el profesor empieza la clase. Los minutos pasan lentos, muy lentos...
  -Oídme todos. -El profesor nos llamó la atención. -Pasado mañana vamos a hacer una pequeña visita a una fábrica en la que podremos ampliar nuestro tema y en la que quiero que no perdáis ojo a todo lo que haya a vuestro alrededor ya que en nuestra hora próxima a la visita os haré un examen para comprobar si habéis estado atentos a la explicación del instructor, el cual, es el presidente de la empresa que se ha ofrecido muy amablemente a enseñarnos una de sus muchas fábricas.
  -¿Cómo se llama la empresa? -Preguntó un chico de la mesa de al lado.
  -Del nombre de la empresa, la verdad, no me acuerdo, pero lo que si sé es el nombre del presidente, Leo Sanchez Hernandez. -Mis ojos se abrieron hasta el punto de casi salirse de las órbitas en las que estaban. ¿¡Leo!? ¿¡El de la discoteca!? ¿¡El que me dejó entumecida con solo su mirada y una sonrisa!? No, ese no puede, tiene que estar equivocado. Sí, tiene que ser eso.
  -¿Está seguro? -Las palabras salieron en un hilo de voz, pero lo suficientemente alto para que las escucharan toda la clase.
  -Sí, estoy seguro. ¿Por qué? ¿Tiene algún problema? -¡¿PROBLEMA?! ¡Ligó conmigo! Por el amor de Dios... ¿Qué voy a hacer cuando lo vea? ¿Qué le voy a decir? Es que, me voy a quedar bloqueada, lo sé. -Señorita Torres, ¿tiene algún problema?
  -¿Qué? Eh, no, claro que no, disculpe. -Asintió en mi dirección y siguió con la clase. Aun que yo ya no podía pensar en otra cosa que no fuera nuestro próximo encuentro. ¡¿Que coño le voy a decir?! Joder, joder... La campana me sobresaltó. Recogí mis cosas y salí disparada por la puerta. ¿Debería llamarle? Es decir, ¿le aviso de que voy a ir yo? ¡No! ¿Cómo le voy a llamar para esa gilipollez? Pensaría que soy estúpida... Vaya mierda.