domingo, 17 de noviembre de 2013

9


         Pasamos una mañana los dos solos en aquel lugar desconocido, que, a partir de ese día, sería nuestro lugar. Solo nuestro. De los dos. Para siempre. Mientras que Marco conducía de vuelta a mi casa, me di cuenta de algo, había vuelto a confiar en él. Sonreí. Solo en un día Marco me había demostrado lo que sentía por mi perfectamente, en la pelea con Leo, con sus besos, con sus caricias, con sus palabras... con solo mirarme. Me amaba igual que yo a él. ¿Por qué iba a necesitar a otro chico teniéndolo todo con mi novio? ¿Para qué? Llegamos a la esquina de mi calle, bajé de la Yamaha y le entregué el casco.
   -¿Quieres que salgamos a la discoteca hoy? ¿O prefieres guardar luto por tu amiga? -Preguntó al apagar la moto y bajarse.
   -Prefiero olvidar lo antes posible lo de mi amiga, si no te importa... -Asintió.
   -¿Te recojo a la hora de siempre?
    -Claro. -Dije con una sonrisa. Le di un dulce beso en los labios y me di la vuelta para irme, pero antes de que me fuera, me agarró la muñeca, me atrajo a él y me besó con pasión.
   -No te pongas demasiado sexy, no quiero pelearme con nadie por mirarte demasiado. Sé que es difícil que no estés sexy, pero no lo estés demasiado, ¿vale? -Reí.
   -Lo intentaré. -Me sonrió. Después soltó la muñeca dejándome ir.
   -Te amo.
   -Yo más.
   -Imposible. -Gritó por lo lejos que ya iba. Le lancé un beso por el aire y él hizo un gesto con la mano imitando que lo cogía y lo metía en el bolsillo. Volví a reír. Entré en mi casa, subí a mi cuarto y lo primero que hice fue coger el móvil y buscar en la papelera el número de Leo. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Marqué el número que por suerte seguía intacto, al primer toque lo cogieron.
   -¿Sí? -Su voz me congeló. No podía hablar. ¿Por qué? -¿Hay alguien?
   -Leo. -Susurré.
   -Ana. ¿Has pensado algo ya? -Asentí. Que estúpida era, no me podía ver.
   -Sí. -Corregí inmediatamente.
   -¿Y bien? -Ayudó a que siguiera.
   -No puedo hacerle eso a Marco. Lo siento. -Intenté decir lo mas calmada que pude. ¿Cómo me podía poner nerviosa con solo su voz?
   -¿Segura?
   -Sí.
   -Por si quieres cambiar de opinión, esta noche voy a salir con unos amigos a una discoteca, la nueva. -Aclaró.
   -No creo que cambie de opinión. -Antes de que me pudiera contestar, colgué. Sentí como si quinientos kilos se fueran de mis hombros al hacerlo. Después de aquello la tarde pasó con tranquilidad hablando con Megan y Marco por WhatsApp. Megan y Christian también se venían con nosotros, noche de parejas. Hacía tiempo que no salía en parejas, tenía especial ilusión. Esta vez tardé menos en vestirme. Con una falda y una blusa me parecía que iba bien. Cuando ya me llamaron, los cuatro nos empezamos a dirigir a una discoteca. Dada de la mano de Marco no podía ser más feliz. Llegamos y ni siquiera me paré a mirar el nombre del local, solo entré. Mi chico me pidió mi bebida y la suya. Con la primera canción que salió empecé a bailar, lo necesitaba.
   -Ya extrañaba bailar contigo. -Dijo Marco en mi oído. Mis caderas se movían solas, al igual que mis pies y mis manos, estaba feliz. Rodeándole el cuello lo acerqué a mi para que me besara, luego él me mordió el labio inferior haciendo que diera un leve gemido que no fue audible por la música tan alta.
-No empieces que acabamos de llegar. -Le dije yo esta vez. Marco rió en mi oído.
   -¿Qué estoy haciendo? -Preguntó como si no supiera de lo que estaba hablando.
   -No me provoques si no quieres que lo haga yo. Sabes que cuando la bebida me empieza a hacer efecto soy muy peligrosa. -Me acercó desde la nuca para besarme de esa forma que él solo sabía que me excitaba, dejándome con ganas de más. Volví a gemir. -Marco. -Regañé.
   -¿Qué? No estoy haciendo nada. -Lo cogí de la camisa para besarlo esta vez yo. Cuando intentó meter la lengua en mi boca se la mordí. Pude sentir el gruñido de su garganta traspasar a mi boca. Sonreí victoriosa.
   -Quieres jugar eeh. -Sonreí con picardía. Su mano de mi cadera bajó hasta mi culo donde me lo apretó lo suficiente como para que notara su creciente erección. -Esto lo provocas tú. ¿Es que quieres dejarme en ridículo? -Frunció el ceño.
   -Puede. -Estallé en carcajadas al ver la cara que puso. Lo besé para que no se enfadara demasiado, aunque lo dudaba.
   -Te quiero. -Vocalizó. Sonreí con la sonrisa de enamorada. -Ahora vengo, voy al baño. -Asentí. Vi como desaparecía entre la gente del local. Decidí que lo iba a esperar sentada en la barra. Cogí un taburete libre y me senté en él. Esta vez me pedí una coca-cola para suavizar un poco el alcohol.
   -¿Has cambiado de opinión? -Susurraron en mi oído mientras me rodeaban la cintura con dos manos. La voz, las manos, la pregunta. Solo podía ser él. NO. Marco vuelve, por favor. POR FAVOR.
   -No, Leo, no. Solo hemos coincidido en la misma discoteca. -Solté sus manos de mi alrededor. Giré para poder mirarle. En cuanto vi sus ojos grises un escalofrío me recorrió el cuerpo entero. Me comía con la mirada. -Por favor, vete. No quiero que Marco nos vea juntos. -Sus ojos derramaban deseo por todas partes, casi al punto de llegar a la lujuria. Me miró los labios y se mordió el suyo inferior. Jadeé sin darme cuenta. Ana, contrólate. Di un gran suspiro intentando tranquilizarme. -Leo, vete. Te lo pido por favor. No quiero que os peleéis. Vete. -Se acercó a mi cuello, colocó una mano en uno de mis muslos enviando una increíble corriente eléctrica a mi feminidad, dio un pequeño mordisco a mi cuello y subió un poco la mano aumentando esa electricidad por todo mi cuerpo. Gemí sin poder resistirme.
   -Ya sabes donde encontrarme si me necesitas. -Antes de irse dio un último pequeño mordisco a mi lóbulo de la oreja, dejándome con la respiración agitada y excitada a más no poder. ¿Cómo puede hacer esto en mi? ¿Cómo me puede dejar así con solo morder y tocar? Necesitaba más, necesitaba más de él. Poco después de que lograra tranquilizarme lo suficiente para mantener mi respiración tranquila, Marco regresó.
   -¿Me extrañabas? -Sin responder a su pregunta lo atraje a mi y lo besé como si no hubiera mañana. Joder, estaba caliente, muy caliente. Tenía que saciarme como fuera o me volvería loca. Pero no tenía suficiente con Marco, necesitaba a alguien especial y sabía quien era, pero no podía decirle nada estando mi novio delante. -Guau, cariño. ¿Qué ha pasado mientras estaba en el baño? -Algo que no le podía decir pero lo que me había dejado de esta forma en la que no era capaz de razonar algo coherente.
   -El alcohol es lo que tiene. -Rió. Pero yo en esos momento no podía reír, solamente sonreí forzoso. Volví a atraerlo y devorarle los labios. Bajé al cuello como una leona e hice todo lo que se puede hacer en público sin quitar nada de ropa, pero sólo me sirvió para excitarme más y más. ¡JODER! ¿Cómo coño me sacio? Leo, te voy a matar. -Voy al baño. -Marco asintió sin rechistar. Como pude entre la gente llegué a la puerta de los baños, entré y saqué el móvil de mi cadera, no me gustaba llevar bolso. Marqué su número, le di a llamar. Pasaron cinco toques y no lo cogía. Dios, me estaba desesperando. ¿Dónde cojones estaba cuando más lo necesitaba? -Vamos, vamos. -Buzón de voz. -Joder. -Colgué. ¿Qué iba a hacer yo ahora? Estaba ardiendo por dentro. Apoyé las manos en la pared y suspiré profundo. Volví a girarme. Poco después entró con una sonrisa de pícaro en la cara. Lo había hecho a posta. -¿Por qué cojones lo has hecho? -Recriminé.
   -Para que veas lo que se sufre, lo que sientes cuando nada es suficiente, cuando solo me necesitas a mi. -Se mordió el labio. -Tienes que estar tan mojada. -Ya no pude más. Di los pasos que nos separaban y lo besé. Inmediatamente me cogió en peso y nos empujó dentro de uno de los pequeños recintos del baño. Gemí cuando bajó a mi cuello. Como me excitase más, iba a explotar por dentro.
  -Leo. -Pronuncié su nombre en un jadeo, necesitando más, mucho más.

martes, 12 de noviembre de 2013

8


       Sus labios se mantenían a tan solo unos milímetros de los míos. Nuestros ojos iban de los labios a los ojos del otro. Leo se mojó los labios con la lengua rozándome a la vez a mi. Jadeé. En el ambiente se notaba la electricidad, el deseo y la pasión existencial que había entre los dos. Nos deseábamos y era imposible de decir que no a esos ojos y a ese cuerpo, además, solo era sexo, ¿no? También tenía derecho a probar a otro chico. Y quería este chico.
  -¿Y bien? -Dijo intentando controlar su respiración al estar tan cerca de mi.
  -Necesito tiempo. Para pensar. -Aclaré. Sus manos se aflojaron de mi figura dejándome libre.
  -Sólo tienes que llamarme cuando tengas una respuesta. -Sin decir nada más se fue por la ventana. Como si estuviera agotada me senté en la cama. Estaba en shok. Un tío buenorro me había pedido sexo teniendo novio. Pero es que mi novio ya me engañó en el pasado. ¿Sería justo que yo lo engañara a él? ¿Sería capaz de aguantar a dos chicos? ¿Sería capaz de engañar a uno para estar con el otro? ¿O tendría que dejar a uno para seguir con el que eligiera? Todo esto era muy complicado... Necesitaba pensarlo con calma. Cené y me dormí pensando en eso. Lo único que podría pasar era que Marco me dejara o que a Leo le cansara, no era muy grave...
A la mañana siguiente aun estaba confundida, pero no quería consultar con Megan porque ella me diría que no a Leo, y la verdad, yo quería saber como era hacerlo con otro chico, probar cosas nuevas. Tenía dieciocho años, estaba en la edad. Pero el miedo a ser pillada y las escusas que le diría a Marco... eso era algo superior. Quería a Marco. Se estaba portando conmigo estupendamente desde que volví con él y no quería joderlo todo por solo tener sexo con otro chico. ¿Qué iba a hacer? Recibí un WhatsApp, cogí el móvil y lo miré. Era Marco. ¡Joder! ¡Se me olvidó preguntar si podía salir!
  -Marco: Princesa, por que no me dijiste nada? Le preguntaste a tus padres si te dejaban?
  -Yo: Lo siento!! no me dejaron, me cabreé y pues ya se me olvidó decírtelo... perdón cariño... :S
  -Marco: No pasa nada amor.
  -Yo: Estás enfadado? ...
  -Marco: Un poco molesto... pero no importa
  -Yo: Jo... De verdad se me olvidó decírtelo
  -Marco: Ya te he dicho que no importa :) quieres quedar? Es sábado y hace buen día, que dices?
  -Yo: Claro!! Donde quedamos?
  -Marco: En tu esquina?
  -Yo: Okii! :D
  -Marco: Hasta ahora
  -Yo: Hasta ahora. Te quiero. -No me contestó... Estaba cabreado. Me puse una ropa normal ya que llevaba el pijama, desayuné, me peiné y salí. Marco me esperaba donde acordamos con otro casco distinto al suyo en las manos.
  -Toma. -Extendió el otro casco para que yo lo cogiera. Se notaba lo distante que estaba.
  -Ya te he dicho que lo siento. -Enrollé mis brazos por su cuello dejando atrás su mano con el casco. -No me gusta que estés enfadado conmigo. Perdóname. Por favor.
  -Me quedé esperando en mi piso con una cena para los dos. -Me apartó de él y dejó los cascos sobre la moto. -Parecía un gilipollas. -Suspiró. -No sabes lo que me costó hacer esa cena. Estaba ilusionado de que mi primer día contigo después de lo que pasó fuera especial, pero me dejaste plantado, Ana. -Estaba realmente afectado. Volví a enrollar mis brazos sobre su cuerpo.
  -Perdóname. Por favor, por favor, por favor. No era mi intención, lo prometo. Tengo mala cabeza. -No me dejó seguir.
  -Pero pensaba que yo era importante para ti. ¿Cómo se te puede olvidar hablar con tu novio? -Volvió a apartarme. No, no, no, no, no... La había cagado y bien.
  -Lo siento, de verdad. -Enfaticé en las dos primeras palabras. -No se donde tenía la cabeza. Me cabreé mucho cuando me dijeron que no. -Interrumpió.
  -Que no podías salir conmigo. Era yo lo principal. No me lo creo que se te olvidó decírmelo. Ni siquiera me creo que se lo llegaras a preguntar... ¿Qué hiciste anoche, Ana? ¿Qué hiciste para que fuera más importante que yo? -¡JODER! ¿Qué mierdas le voy a decir ahora? Puta mierda... puto Leo. ¿Cómo coño le digo que estaba intentando decidirme si aceptar tener sexo con Leo estando con él? No, no podía decirle eso. Nuestra relación se acabaría para siempre y mataría a Leo por pedirme algo así. -Ana, ¿quieres contestarme?
  -Una amiga de la infancia fue asesinada ayer en su casa. -”Confesé” lo más seria que pude. Mis ojos se pusieron cristalinos al imaginarme a Megan cubierta de sangre por todas partes, tirada en medio de una habitación... Miré para otro lado queriendo ser un poco más creíble.
  -¿Y por qué no me lo has dicho antes? -Preguntó con un punto de dulce en su voz.
  -¿Crees que me gusta recordarlo? Pues no, no me gusta. -Respondí por él. Esta vez fue él el que me abrazó. ¡BIEN! Se lo ha creído. Joder, no me gusta mentirle.
  -Lo siento, cariño. Pero es que, me dolió mucho que me dejaras plantado. -Me cogió la cara y me dio un dulce beso en la frente. ¿Por qué en la frente?
  -Bueno, no quiero recordarlo más. Quiero pasar un buen día contigo. -Asintió. -¿Dónde querías ir?
  -Pues donde nos llevara la moto, la verdad. No tenía pensado nada especial. -Nos subimos a la moto y la arrancó. En un semáforo un Audi R8 se colocó a nuestro lado. Era un coche impresionante. Me fijé en el conductor, un hombre con traje negro y camisa blanca. ¡LEO! ¡Era él! Sonrió en mi dirección, me había reconocido. Después de que me quedara petrificada, el semáforo se puso verde. Dejamos atrás a todos los coches para seguir nuestro camino. ¿Nos habría seguido? No lo creo... No está tan loco, ¿no?
Al final llegamos a un pequeño lago apartado de la ciudad en la que vivíamos.
  -Esto es muy bonito. -Dije cuando nos bajamos los dos de la moto. Marco no dijo nada al respecto y eso solo hizo que me pusiera nerviosa. -¿Aun estás enfadado? -Suspiró con pesadez.
  -Lo siento cariño, pero me ha afectado mucho...
  -Joder, perdóname. Te he dicho que no lo hice a posta.
  -Lo sé y lo entiendo, pero... -Mientras hablaba no me miraba a los ojos. Esto no pintaba bien. Coloqué una mano en una de sus mejilla y le giré la cara para que me pudiera mirar.
  -Te amo. Y nada ni nadie va a poder cambiar eso. Así que, por favor, olvida lo que pasó anoche y da me un beso de los que tú solo sabes dar que lo necesito. -Lentamente agachó la cabeza para presionar sus labios sobre los mios y hacer que las mariposas de mi estómago se despertaran. Colocando sus manos en mi cintura me acercó más a él. Lo quiero mucho más de lo que pensaba... Me importa demasiado como para engañarle. Le voy a decir que no a Leo, no le puedo hacer eso a Marco. Sé lo que duele que la persona que amas con toda tu alma te engañe y... no es muy agradable. Cuando nuestro perfecto beso terminó me mordí el labio.
  -¿Qué te parece si nos damos un baño? -Indicó al lago que teníamos a las espaldas.
  -¿Estas loco? El agua tiene que estar congelada. Ni loca me meto ahí... -Marco me sonrió con una sonrisa que no me gustó para nada. -No irás a... -Antes de que pudiera acabar la frase este chico de ojos azules me cogió en volandas y corrió hasta el agua para bañarnos. -¡NO MARCO! ¡POR FAVOR! -Grité, pero ya era demasiado tarde. -¡Joder! ¡Está congelada!
  -Pues ya sabes que eres adivina. -Se burló de mi. Le di un pequeño golpe en el hombro. Él después se pasó la mano por el lugar lastimado. Sonreí. Agarró mi cintura atrayéndome hasta él mientras se mordía el labio. -Se te nota el sujetador. -Susurró en mi oído. -Y no sabes como me pone verte tan mojada. -Me besó el cuello. Eché la cabeza hacia atrás del gusto que me daba notar sus cálidos labios sobre mi piel ahora fría. -Te amo más que a mi vida. No me pidas que te diga que cómo puede ser, porque no lo sé. Supongo que será porque vales mas que mi propia vida. -Estaba confirmado y más que confirmado, no le podía engañar. Marco volvió a presionar sus labios sobre los mios, yo enredé mis brazos a su cuello tirando más de él a mi.
  -Te amo tanto, Marco. -Susurré sobre sus labios cálidos.

martes, 5 de noviembre de 2013

7


         Tras un ratito más los dos juntos en su piso decidimos salir a dar una vuelta. Cogidos de la mano sin soltarnos para nada en absoluto llegamos a un parque cercano a mi casa. Sentados al pie de un árbol los dos permanecíamos en silencio, jugando con la mano del otro.
   -Creo que debería irme ya. -Dije interrumpiendo nuestra agradable paz.
   -No, ¿por qué? Quédate, por favor. No quiero ir a mi piso solitario, quiero estar contigo. -Me puso cara de cachorrillo e incluso parecía que le brillaban los ojos.
   -Mañana me ves. -Le sonreí. Pero él negó con la cabeza. Parecía que yo era su madre y que lo estaba dejando por primera vez en la escuela. Me rodeó con sus brazos impidiéndome que me fuera.
   -No te vas a poder ir nunca. ¿Me has oído? Nunca. -Reí. Como pude me giré entre sus brazos y cogí su cabeza entre mis manos para después besarlo. -Esta bien. No quiero que me provoques en medio de un parque, eres capaz de hacerlo. -Abrí la boca y me puse la mano derecha en el pecho en forma de ofensa.
   -¿Tan mala crees que soy? -Pregunté alargando la última palabra.
   -No, cariño. Eres demasiado provocativa y tienes muy poca vergüenza, eso sí lo creo. -Con la mano contraria a la de mi pecho le di un leve golpe en el hombro. -Ei, solo decía la verdad. ¿Por qué me pegas? -Reclamó mientras pasaba la mano por su hombro “herido”. Yo sin decir nada me levante de entre sus piernas donde cómodamente había pasado una de mis mejores tardes, y empecé a andar sin él. Se levantó y corrió hasta mi para abrazarme por detrás. -Venga, nena, no te enfades... Lo decía de broma. Sabes que me encanta que me provoques. -Me besó el cuello aun que esta vez no tuvo mucho efecto en mi. Siguió dando pequeños besos por todo mi cuello. Ya empezaba a disfrutar de esa sensación cuando se dio cuenta de que ya no estaba enfadada, entonces me mordió.
   -¡Ah! -Me quejé. -¿Por qué me muerdes? -Cuando giré la cabeza para verle la cara sonreía pícaro, después me besó el hombro.
   -Porque ya estabas disfrutando. -Gruñí. Marco se colocó a mi lado pero dejando una mano en mi cintura, yo de brazos cruzados con una mano tocaba la suya, en la que enredaba mi dedo índice al suyo. -Te quiero. -Susurró en mi oído. ¿Cómo podía estar enfadada con él si me decía estas cosas tan bonitas? No podía, era imposible, totalmente imposible. Desenrede mis brazos de mi cuerpo y pasé un brazo por detrás de él igual que él lo estaba haciendo conmigo. La otra mano que me quedaba libre la llevé hasta su cara para cogerla. Nos paramos y le besé. Y le besé bien, muy bien.
   -Yo también te quiero. -Sonríe y creo que es su sonrisa de enamorado, porque después no se le va. Llegamos a la esquina de mi calle.
   -No quiero que te vallas. -Puso pucheros. Sonreí, se veía tan mono.
   -Tengo que irme, cariño. Sino mi madre no me va a dejar salir otro día si llego demasiado tarde, lo sabes.
   -Pero eso era el año pasado. ¿Este no puede ser un poco mas elástica? -Me encogí de hombros sin saber. -Prueba con tu padre. Eres la niñita de papá. Él seguro que te deja salir esta noche.
   -¿Esta noche? ¿Qué vamos a hacer esta noche? -Quise saber intrigada por la duda.
   -Si sales lo verás...
   -No creo que me dejen... -Suspiró.
   -De todas forma inténtalo, por favor. -Asentí. Se acercó para besarme y recibí sus labios con el mayor gusto. -Te amo.
   -Y yo. -Nos dimos un último pico y me fui. Antes de girar para entrar le miré y le sonreí, él me devolvió la sonrisa. Entré en casa, mi padre y mi hermano estaban en el salón mientras que mi madre permanecía en la cocina preparando algo para la cena. No quise probar todavía a preguntar, preferí esperar a la cena donde estuviéramos todos juntos. Tras un pequeño saludo subí a mi cuarto. Cerré la puerta y cansada, me dejé caer en la cama. Sonreí al recordar la tarde que pasé con mi chico, fue increíble.
   -¿Recordando la tarde con tu estúpido perro faldero? -Salté de la cama al escuchar su voz inconfundible.
   -¿Qué haces aquí? ¿Cómo has entrado? -Dio un paso hacia mi. -No te acerques. -Le ordené.
   -He entrado por la ventana, como tu perro hizo hoy. ¿Y qué hago aquí? Bueno, quiero proponerte un trato.
   -¿Un trato? ¿Qué clase de trato? -Dio otro paso. -He dicho que no te acerques. -Yo di uno atrás, pero me choqué con la cama. Mierda, estaba acorralada. Otro paso. -Leo. -Advertí. Otro. -Como te acerques grito.
   -¿Crees que vas a poder gritar? Estas deseando de que te toque, de que te roce. Aunque sólo sea con la yema de los dedos. Sé que me deseas, tanto como yo a ti. -Estaba ya a casi un paso de mi. No podía controlar mi respiración, la cual, iba cada vez más deprisa. Alzó la mano y con un roce casi imperceptible por mi brazo, la piel se me erizó completamente. -Mírate, jadeando con un solo roce. -Joder, era verdad, estaba jadeando y ni siquiera me había dado cuenta. -Tu piel es tan suave... -Volvió a tocarme.
   -Para. -Dije entre un jadeo.
   -No quieres que pare. Lo sé. -Con otro paso de él, lo tenía a tan solo 20 centímetros.
   -¿A qué has venido? ¿A tocarme?
   -Oh, perdona, ya se me olvidaba para lo que vine. Sí, bueno, quería pedirte un pequeño trato. -Dijo con desden, como si no importara.
   -¿Qué tipo de trato?
   -Sexual. -La respiración se me cortó por completo. -Venga Ana, sé que ya no eres virgen.
   -¿Cómo sabes eso? -Fruncí el ceño al preguntar.
   -Por Dios, tus gemidos se escuchaban desde la calle. -Al instante me puse roja para después pasar a pálida cuando me di cuenta de lo que había hecho.
-¿Nos has espiado? -Levantó la misma mano hasta mi cara para colocar un mechón de pelo detrás de la oreja. Un escalofrío me recorrió entera, de arriba hasta abajo.
   -No he venido aquí para hablar de eso. -Cambió de tema. Estaba más que claro que nos había espiado. -Yo tengo unas ganas increíbles de hacerte mía y por lo que noto y veo, tú también de serlo. No me gustan las relaciones, así que, prefiero solo sexo. Estaríamos el uno para el otro cuando lo necesitase, dando igual la hora o el lugar donde el otro se encontrase, solo sexo. ¿Qué te parece? -No tenía palabras. ¿Me estaba pidiendo sexo? ¿Cómo una puta? ¿Pero qué se creía este tío que era yo?
   -¿Me estás llamando puta? -Levantó por un segundo una ceja sorprendido.
   -No, claro que no. Porque solo lo harías conmigo. -Dijo como si fuera algo lógico.
   -¿Y mi novio? Porque tengo novio, ¿sabes? -Dio un suspiro como de cansancio.
   -A tu “novio” lo puedes engañar como quieras, con calentarlo un poco te basta y te sobra. He visto como lo controlas, y creeme, me he puesto caliente hasta yo. No sabes lo que daría porque te estuvieras moviendo así encima de mi. -Susurró en mi oído enviando otro escalofrío por mi espalda. -¿Qué dices Ana? -¿Cómo puede pronunciar mi nombre de esa forma tan sexy? Pero, pero no puedo engañar a Marco.
   -¿Y qué pasa si digo que no? -Sonrió.
   -¿Por qué preguntas eso? Sabes que vas a decir que sí. Te mueres por besarme, he visto que no paras de mirarme los labios. Quieres tocarme, yo también te quiero tocar a ti. Pero viendo que necesitas tiempo, te dejaré hasta mañana. Y si me llamas y dices que sí, -se mordió el labio- vas a tener el mejor polvo que has tenido en tu vida.
   -¿Y si después del primero te cansas de mi?
   -Pues tú sigues con tu vida y yo sigo con la mía, solo es sexo, ya te lo he dicho. Ahora si me permites. -Me acercó a él con una mano en la cintura y otra en la nuca, mis manos se colocaron en sus bíceps. Agachó la cabeza y presionó sus labios con los mios. Cerré los ojos e increíblemente, disfruté. Sus labios se movían sobre los mios con libertad, como si hubieran nacido para estar unidos. Con suavidad se separó sin ganas, sólo por la falta de aire. -Besas muy bien. ¿Besas así desde siempre?
   -Este ha sido mejor. -Susurré. Me sonrió.

sábado, 2 de noviembre de 2013

6

   -Algún día de estos no me voy a poder controlar y yo no me voy a hacer cargo de un castigo. Te lo advierto. -Reí. Me levanté de encima de él y me acurruqué a su lado. Poco después me quedé profundamente dormida en su pecho. Desperté y no vi a Marco a mi lado. Había dejado una nota en el escritorio.
   -”Me he tenido que ir porque tu madre estaba subiendo. Estabas preciosa durmiendo. Te amo, tu Marco.” -Sonreí como una tonta al ver que había puesto que era mio. Solo mio. Todo para mi. Mi Marco. Cogí el móvil y abrí WhatsApp, busqué su nombre.
   -Yo: Hola cariño. -Unos segundos después él me respondió.
   -Marco: Hola bella durmiente. -Reí.
   -Yo: Estaba cansada, vale?
   -Marco: Vale, vale. Vienes al final y damos una vuelta? Quiero presumir de novia, sino te importa, claro. -Mientras que me leía nuestra conversación, esa sonrisa de enamorada no se iba. Me encantaba sentirme así.
   -Yo: Claro. Donde quedamos? -No me respondió. Me extrañé.
   -¿Qué te parece si te recojo y te sorprendo? -Susurró entrando por la ventana.
   -Me cago en ti, que sus me has dado... -Se rió.
   -Lo siento. Venga, que te espero abajo, a ver quien llega antes. -Me dio un pico y saltó. Fruncí el ceño para replicar, pero ya era demasiado tarde. Sonreí mientras negaba con la cabeza. Bajé las escaleras, le dije a mi madre que me iba y salí. -Que mala, no has hecho carrera, eso no se vale. -Hice el mismo movimiento de cabeza de antes. A veces se comporta como un niño pequeño, me encantaba.
   -Pobrecito mi niño. -Se cruzó de brazos y yo me reí de él. -Aiii. -Me puse de puntillas y le besé. -¿Se ha enfadado otra vez mi nene? -Él se aguantó una sonrisa. Mordió el labio inferior.
   -Lo que daría ahora por hacerte mía, cariño. -Poniéndome de puntillas le susurré al oído.
   -Haz lo.
   -No me provoques, que sabes que vivo solo... Será mejor que nos vallamos de aquí. -Cogió mi mano y entrelazó nuestros dedos. Andamos hasta la esquina, donde tenía su moto aparcada. ¿Cuándo la había traído? Bueno, eso me daba igual. Nos subimos a su moto y la puso en marcha. No sabía donde íbamos, pero me fiaba de él. Reconocí el lugar, era su calle. Íbamos a su piso. Pensé en bajar mis manos de sus costados hasta su entrepierna, pero me arrepentí por si acaso teníamos un accidente. Aun recuerdo mi primera vez, fue con Marco. Él ha sido mi único novio y tampoco lo he hecho con otra persona. No me arrepiento de haberle dado mi virginidad, estaba enamorada de él y la verdad, es que fue perfecto. Hizo una cenita especial para los dos solos en su piso. La perdí a los 17.
   -Ya hemos llegado. -Informó.
   -¿Por qué me has traído a tu piso? Pensé que querías presumir de novia. -Se bajó él de la moto.
   -Y lo voy a hacer. -Me ayudó a bajar ahora a mi. -Vas a gritar como nunca. Los vecinos se van a volver locos. -No pude evitar partirme de risa. Cogidos de la mano entramos al ascensor y después a su piso.
   -¿Y qué vas a hacer para excitarme? -Pregunté cuando cerró con llave la puerta. Mordió su labio inferior. Tras sus ojos se veía las ganas que tenía de tenerme.
   -Ahora lo verás. -Su voz transmitió una corriente eléctrica por todo mi cuerpo terminando en donde mis muslos se juntaban. Por acto reflejo di unos pasos atrás a la vez que él se acercaba hasta que me choqué con la pared de la entrada. Colocó las manos a ambos las de mi cabeza sin llegar a tocarme aún. Poco a poco se fue acercando para juntar nuestros labios salvajemente. Me dejó sin aire. La mano derecha bajó por mi espalda hasta el borde de mi camiseta. La levantó y quitó dejándome en sujetardor y pantalones. Hizo que nos moviéramos y me choqué con el pequeño mueble que tiene en la entrada. Su mano izquierda de la parte trasera de mi cabeza pasó al botón de mis pantalones, pero no lo desabrochó haciendo que eso me volviera loca. Metió la mano por dentro de mis finas bragas de encaje hasta mi punto. Notó toda la excitación que tenía en ese momento. Gemí cuando empezó a hacer círculos en mi clítoris. -¿Tan pronto estás mojada, cariño? -Susurró con voz ronca. En cada palabra que dijo se notó la lujuria que estaba conteniendo. Excitándome muchísimo más.
   -Marco. -Gemí su nombre. Él sonrió con malicia en mi dirección.
   -Dime nena. -¡Por Dios ese “nena”!
   -Haz me tuya. -Suplique. Joder, sentir su mano en ese punto de mi cuerpo, su cuerpo tan pegado al mio, uf... era muy excitante. Sacó su mano de mi punto débil y puso las dos en mi culo para levantarme y subirme a sus caderas. Me di cuenta de que él aun estaba vestido cuando me dejó en la cama. Le quite su camiseta y la volé por algún lugar de la habitación. Bajé mis manos por su perfecto pecho hasta sus abdominales bien definidos. Que bueno está mi novio, joder. Le desabroché el botón a su pantalón para que él después lo hiciera con el mio. Se quitó los suyos y la erección que tenía era perfectamente visible. Bajó los mios con suavidad junto con mis finas bragas. Pasó una mano por detrás de mi espalda y con rapidez desabrochó el sujetador. No pudo evitar mirar mis pechos y morderse el labio.
   -Eres tan perfecta. -Me besó con tanta pasión como pudo y yo le respondí igual. Colocándose en medio de mis piernas noté que ya no llevaba sus ajustados bokser. Besándome para que no gritara, me penetró de golpe. Mis uñas en su espalda se marcaron. Empezó a tomar un ritmo que me volvía loca. Lento. Entraba y salía de mi que parecía un asqueroso caracol.
   -Marco. Por favor. -Si seguía así juraba que iba a tomar yo el mando. Sonriendo comenzó a entrar y salir de mi con más rapidez. Cada vez iba más rápido y yo notaba que estaba a punto de llegar.
-Venga cariño, correte para mi. -Sus palabras susurradas en mi oído fueron mi detonante para estallar en el mejor orgasmo que he tenido desde que este hombre me quitó la virginidad. En mi orgasmo Marco llegó al suyo. Sin fuerzas se tumbó a mi lado. Los dos agotados con la respiración acelerada, tumbados desnudos sobre la cama y cubiertos por una fina capa de sudor. Amaba esta sensación de liberación que él me transmitía, era lo mejor. Cuando ya por fin nos relajamos y nuestras respiraciones volvieron a la normalidad, ese chico perfecto que tenía a mi lado habló. -¿Te vienes a una ducha?
   -¿Con un segundo asalto? -'Por favor di que sí.' Supliqué mentalmente.
-Lo más seguro. Sabes que me encanta hacerlo bajo la ducha.
   -Y a mi que me lo hagas. -Nos besamos y caminamos hasta la ducha. Efectivamente hubo mi segundo asalto. Mientras ya sí, nos duchábamos riendo y dándonos besos, Marco me hizo una pregunta que me dejó estupefacta. Yo le rodeaba el cuello con los brazos y él la cintura con los suyos. Teníamos las frentes juntas y nos manteníamos en silencio bajo el agua.
   -¿Cómo te podía engañar antes? ¿Cómo podía? Si tú eres la chica perfecta que yo busco. Te engañaba mientras tenía a mi alma gemela a mi lado. Era un completo idiota. Lo siento. Lo siento de verdad. Ya no quiero tener a otras chicas, solo te quiero a ti. Conmigo. Los dos juntos para siempre. Espero que me llegues a perdonar, por favor. No puedo vivir con ese pesar en mi corazón. Sabiendo que tu me tienes algo de rencor en el tuyo. Perdóname. Por favor. -Iba a seguir hablando, disculpándose por lo que un día me hizo y yo no lo podía permitir. Para mi ya estaba olvidado. Junté nuestros labios para silenciarle.
   -No hace falta que te disculpes más. Ya te he perdonado. Si no lo hubiera hecho, te aseguro que no estaría aquí. Los dos juntos bajo tu ducha y desnudos. Tú eres mio y yo soy tuya. Ya está. Vamos a dejarlo así. -Asintió y volvimos a besarnos.