Pasamos una
mañana los dos solos en aquel lugar desconocido, que, a partir de
ese día, sería nuestro lugar. Solo nuestro. De los dos. Para
siempre. Mientras que Marco conducía de vuelta a mi casa, me di
cuenta de algo, había vuelto a confiar en él. Sonreí. Solo en un
día Marco me había demostrado lo que sentía por mi perfectamente,
en la pelea con Leo, con sus besos, con sus caricias, con sus
palabras... con solo mirarme. Me amaba igual que yo a él. ¿Por qué
iba a necesitar a otro chico teniéndolo todo con mi novio? ¿Para
qué? Llegamos a la esquina de mi calle, bajé de la Yamaha y le
entregué el casco.
-¿Quieres que
salgamos a la discoteca hoy? ¿O prefieres guardar luto por tu amiga?
-Preguntó al apagar la moto y bajarse.
-Prefiero olvidar
lo antes posible lo de mi amiga, si no te importa... -Asintió.
-¿Te recojo a la
hora de siempre?
-Claro. -Dije con
una sonrisa. Le di un dulce beso en los labios y me di la vuelta para
irme, pero antes de que me fuera, me agarró la muñeca, me atrajo a
él y me besó con pasión.
-No te pongas
demasiado sexy, no quiero pelearme con nadie por mirarte demasiado.
Sé que es difícil que no estés sexy, pero no lo estés demasiado,
¿vale? -Reí.
-Lo intentaré.
-Me sonrió. Después soltó la muñeca dejándome ir.
-Te amo.
-Yo más.
-Imposible. -Gritó
por lo lejos que ya iba. Le lancé un beso por el aire y él hizo un
gesto con la mano imitando que lo cogía y lo metía en el bolsillo.
Volví a reír. Entré en mi casa, subí a mi cuarto y lo primero que
hice fue coger el móvil y buscar en la papelera el número de Leo.
No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Marqué el
número que por suerte seguía intacto, al primer toque lo cogieron.
-¿Sí? -Su voz me
congeló. No podía hablar. ¿Por qué? -¿Hay alguien?
-Leo. -Susurré.
-Ana. ¿Has
pensado algo ya? -Asentí. Que estúpida era, no me podía ver.
-Sí. -Corregí
inmediatamente.
-¿Y bien? -Ayudó
a que siguiera.
-No puedo hacerle
eso a Marco. Lo siento. -Intenté decir lo mas calmada que pude.
¿Cómo me podía poner nerviosa con solo su voz?
-¿Segura?
-Sí.
-Por si quieres
cambiar de opinión, esta noche voy a salir con unos amigos a una
discoteca, la nueva. -Aclaró.
-No creo que
cambie de opinión. -Antes de que me pudiera contestar, colgué.
Sentí como si quinientos kilos se fueran de mis hombros al hacerlo.
Después de aquello la tarde pasó con tranquilidad hablando con
Megan y Marco por WhatsApp. Megan y Christian también se venían con
nosotros, noche de parejas. Hacía tiempo que no salía en parejas,
tenía especial ilusión. Esta vez tardé menos en vestirme. Con una
falda y una blusa me parecía que iba bien. Cuando ya me llamaron,
los cuatro nos empezamos a dirigir a una discoteca. Dada de la mano
de Marco no podía ser más feliz. Llegamos y ni siquiera me paré a
mirar el nombre del local, solo entré. Mi chico me pidió mi bebida
y la suya. Con la primera canción que salió empecé a bailar, lo
necesitaba.
-Ya extrañaba
bailar contigo. -Dijo Marco en mi oído. Mis caderas se movían
solas, al igual que mis pies y mis manos, estaba feliz. Rodeándole
el cuello lo acerqué a mi para que me besara, luego él me mordió
el labio inferior haciendo que diera un leve gemido que no fue
audible por la música tan alta.
-No empieces que
acabamos de llegar. -Le dije yo esta vez. Marco rió en mi oído.
-¿Qué estoy
haciendo? -Preguntó como si no supiera de lo que estaba hablando.
-No me provoques
si no quieres que lo haga yo. Sabes que cuando la bebida me empieza a
hacer efecto soy muy peligrosa. -Me acercó desde la nuca para
besarme de esa forma que él solo sabía que me excitaba, dejándome
con ganas de más. Volví a gemir. -Marco. -Regañé.
-¿Qué? No estoy
haciendo nada. -Lo cogí de la camisa para besarlo esta vez yo.
Cuando intentó meter la lengua en mi boca se la mordí. Pude sentir
el gruñido de su garganta traspasar a mi boca. Sonreí victoriosa.
-Quieres jugar
eeh. -Sonreí con picardía. Su mano de mi cadera bajó hasta mi culo
donde me lo apretó lo suficiente como para que notara su creciente
erección. -Esto lo provocas tú. ¿Es que quieres dejarme en
ridículo? -Frunció el ceño.
-Puede. -Estallé
en carcajadas al ver la cara que puso. Lo besé para que no se
enfadara demasiado, aunque lo dudaba.
-Te quiero.
-Vocalizó. Sonreí con la sonrisa de enamorada. -Ahora vengo, voy al
baño. -Asentí. Vi como desaparecía entre la gente del local.
Decidí que lo iba a esperar sentada en la barra. Cogí un taburete
libre y me senté en él. Esta vez me pedí una coca-cola para
suavizar un poco el alcohol.
-¿Has cambiado de
opinión? -Susurraron en mi oído mientras me rodeaban la cintura con
dos manos. La voz, las manos, la pregunta. Solo podía ser él. NO.
Marco vuelve, por favor. POR FAVOR.
-No, Leo, no. Solo
hemos coincidido en la misma discoteca. -Solté sus manos de mi
alrededor. Giré para poder mirarle. En cuanto vi sus ojos grises un
escalofrío me recorrió el cuerpo entero. Me comía con la mirada.
-Por favor, vete. No quiero que Marco nos vea juntos. -Sus ojos
derramaban deseo por todas partes, casi al punto de llegar a la
lujuria. Me miró los labios y se mordió el suyo inferior. Jadeé
sin darme cuenta. Ana, contrólate. Di un gran suspiro intentando
tranquilizarme. -Leo, vete. Te lo pido por favor. No quiero que os
peleéis. Vete. -Se acercó a mi cuello, colocó una mano en uno de
mis muslos enviando una increíble corriente eléctrica a mi
feminidad, dio un pequeño mordisco a mi cuello y subió un poco la
mano aumentando esa electricidad por todo mi cuerpo. Gemí sin poder
resistirme.
-Ya sabes donde
encontrarme si me necesitas. -Antes de irse dio un último pequeño
mordisco a mi lóbulo de la oreja, dejándome con la respiración
agitada y excitada a más no poder. ¿Cómo puede hacer esto en mi?
¿Cómo me puede dejar así con solo morder y tocar? Necesitaba más,
necesitaba más de él. Poco después de que lograra tranquilizarme
lo suficiente para mantener mi respiración tranquila, Marco regresó.
-¿Me extrañabas?
-Sin responder a su pregunta lo atraje a mi y lo besé como si no
hubiera mañana. Joder, estaba caliente, muy caliente. Tenía que
saciarme como fuera o me volvería loca. Pero no tenía suficiente
con Marco, necesitaba a alguien especial y sabía quien era, pero no
podía decirle nada estando mi novio delante. -Guau, cariño. ¿Qué
ha pasado mientras estaba en el baño? -Algo que no le podía decir
pero lo que me había dejado de esta forma en la que no era capaz de
razonar algo coherente.
-El alcohol es lo
que tiene. -Rió. Pero yo en esos momento no podía reír, solamente
sonreí forzoso. Volví a atraerlo y devorarle los labios. Bajé al
cuello como una leona e hice todo lo que se puede hacer en público
sin quitar nada de ropa, pero sólo me sirvió para excitarme más y
más. ¡JODER! ¿Cómo coño me sacio? Leo, te voy a matar. -Voy al
baño. -Marco asintió sin rechistar. Como pude entre la gente llegué
a la puerta de los baños, entré y saqué el móvil de mi cadera, no
me gustaba llevar bolso. Marqué su número, le di a llamar. Pasaron
cinco toques y no lo cogía. Dios, me estaba desesperando. ¿Dónde
cojones estaba cuando más lo necesitaba? -Vamos, vamos. -Buzón de
voz. -Joder. -Colgué. ¿Qué iba a hacer yo ahora? Estaba ardiendo
por dentro. Apoyé las manos en la pared y suspiré profundo. Volví
a girarme. Poco después entró con una sonrisa de pícaro en la
cara. Lo había hecho a posta. -¿Por qué cojones lo has hecho?
-Recriminé.
-Para que veas lo
que se sufre, lo que sientes cuando nada es suficiente, cuando solo
me necesitas a mi. -Se mordió el labio. -Tienes que estar tan
mojada. -Ya no pude más. Di los pasos que nos separaban y lo besé.
Inmediatamente me cogió en peso y nos empujó dentro de uno de los
pequeños recintos del baño. Gemí cuando bajó a mi cuello. Como me
excitase más, iba a explotar por dentro.
-Leo. -Pronuncié
su nombre en un jadeo, necesitando más, mucho más.