Me ha dado su número...
Miro hacia la pequeña tarjeta y leo lo que pone:
“Leo
Sanchez Hernandez, presidente de 'Las Nuevas Tecnologías'. Tfo:
9******** Tfo1: 6******”
¡¿PRESIDENTE
DE UNA EMPRESA?! ¡¿Pero que edad tiene este tío?! ¡¿30?!
Noté
una mano en mi hombro que hizo sobresaltarme. Miré desconcertada
para encontrarme con los ojos azules de Marco.
-Yo
me voy ya, si te quieres venir te acompaño hasta casa. -Asentí.
Estaba confusa y necesitaba salir de aquí e ir a mi casa. Fui a
despedirme de Megan, pero al ver que se estaba enrollando con su
novio, pasé. Al poco rato de empezar a alejarnos de la discoteca,
Marco rompió el silencio sepulcral que teníamos en aquel momento
pero el que yo en mi cabeza no tenía pues no podía parar de pensar
en esos ojos grises, en sus manos rozando mis caderas, mis brazos, mi
espalda pegada a su pecho... sus labios acariciando mi cuello. -Te he
visto bailar con... aquel tipo.
-Leo,
se llama, Leo. -Le interrumpí algo mosqueada. Tenía nombre.
-Esta
bien. Te vi bailar con, Leo. -Enfatizó en el nombre que le dije.
-Aun que parece un poco mayor para ti, ¿no? -No contesté. Sabía
que me estaba mirando, pero no pensaba mirarle a él. No quería. -Me
he tenido que controlar y no ir a romperle la cara al ver que te
tocaba. -Confesó ahora mirando al frente.
-No
soy de cristal, ¿sabes? Me puedo cuidar yo solita y, además, Leo es
inofensivo para tu información. -Repliqué.
-Guau,
Ana, no me mates, vale. No me estaba metiendo contigo.
-Pero
sí con él. -Lo volví a interrumpir. Fue a abrir otra vez esa
bocaza suya pero le callé antes de que lo hiciera. -Marco, para de
hablar. Solo quiero ir me a casa. -Alzó las manos en forma de
disculpa. Pero una pregunta pasó ante mi mente y tuve que preguntar. -¿Te has puesto celoso? -Él echó una pequeña risita.
-Claro
que no. -Decía con una pequeña sonrisa en su rostro, la cual borré
de golpe.
-¿No
decías que me querías? -Me encanta interrumpir sus palabrejas.
-Claro,
claro que te quiero. Pero sé que ese tío no tiene nada que hacer
ante mi. -Esta vez si lo miré con la boca abierta y una ceja alzada
en forma de incredulidad.
-Pues
“ese tío” se portó de una forma de la que tú no serías capaz
de comportarte en tu puta vida. -¿Por qué me cabrea tanto? -Así
que deja de ser un completo engreído, me irrita. Ah, y no respondas.
-Hizo un asentimiento de cabeza hacia mi. Que a gusto me he quedado
mandándole callar, coño. Llegamos a mi puerta y me despedía de él
con 'Gracias' y dos besos en las mejillas. Entré en casa con cuidado
de no hacer ruido hasta mi cuarto. Me dejé caer en la cama, ya sin
los zapatos, estaba agotada... Me quité la ropa, el maquillaje y me
metí en la cama. Mirando al techo sus ojos vinieron a mi mente,
mientras que al siguiente instante llegó sus labios rozando mi
cuello... Volví a levantarme y cogí mi portátil y la tarjeta que
me entregó de sus suaves manos. Encendí el portátil, escribí el
nombre de la empresa en google, le di a buscar. Pinché en el primer
enlace, era la Wikipedia... Aún así me aportó información de lo
que yo quería saber. Leo Sanchez Hernandez. Su padre era el dueño
de la empresa, pero después de caer enfermo se la cedió a su único
hijo, Leo. Poco después su padre murió. Según dice, Leo tiene 20
años. Es realmente joven... Sólo es dos años mayor que yo, aun que
aparente tener casi los treinta, supongo que será porque tuvo que
madurar pronto...
El
despertador me sobresalta con su sonido. Al levantarme, noto el peso
del portátil en mis rodillas, está sin batería. Lo más seguro es
que me quedara dormida buscando información de... ¿Por qué busqué
información de un chico que conocí en la discoteca? Ah sí, porque
me dio su tarjeta en la que ponía que era presidente de una empresa.
Me desperezo mientras hago mi rutina de todas las mañana. Que
aburrido, siempre lo mismo... No sé como me pude dejar convencer por
Megan a que saliera un miércoles por la noche... estoy destrozada...
me duele los pies de los tacones y todo el cuerpo de bailar con...
Leo. Una pequeña sonrisa se dibuja en mi boca al recordar lo que
pasó anoche... Llego al instituto con esa sonrisa, no entiendo por
qué no la puedo quitar de mi rostro. Cada vez que cerraba los ojos
veía los suyos en frente de mi. Son tan perfectos que...
-¡Ei!
¡Ana! -Abro los ojos y miro hacia todos los lados buscando a la
persona que me llama y veo a Megan corriendo a todo dar por el
pasillo en mi dirección.
-¿Qué
pasa Megan? -Le pregunto sonriendo amistosamente cuando llega. Un
poco fatigada de la corrida, me responde con otra pregunta.
-¿Dónde
te metiste anoche? Marco y tú os pirasteis sin decir nada. ¿Pasó
algo entre vosotros? -Dijo mientras me daba suaves golpes con el
codo.
-No,
Megan, no. Nada de nada. Y lo prefiero así, ya lo sabes. -Hizo un
mohín. -Pero lo que no sabes es que conocí a un chico ayer. -Solté
mientras me aguantaba una sonrisilla.
-¡¿Qué?!
¿¡Quién!? ¡¿Qué haces que no estás hablando?! ¡Vamos, di!
-Exigió.
-Vale,
vale, ya voy. -Justo cuando abrí la boca para decirle como sucedió,
la campana de que las clases iban a empezar, tocó. Megan gruñó con
desagrado.
-Como
odio ese puto timbre... Luego me cuentas. -Asentí. Nos despedimos
con un corto abrazo para que cada una se fuera a su clase. Las
primeras horas pasaron hasta que llegó el recreo.
Megan
me esperaba en la puerta impaciente dando pequeños golpes con el pie
en el suelo.
-Hola.
-Le sonreí.
-Dejate
de chorradas y empieza a hablar. -Reí.
-Espera
que por lo menos salga, ¿no? -Sus labios formaron una fina línea
que representaba su disgusto. Fuimos en silencio hasta la puerta de
salida. Y solo al sentarnos Megan me asaltó a preguntas. Yo solo
reía porque no paraba de decirme que me callara y eso solo hacía
que yo riera mas. Hasta que por fin me pude calmar y decirle todo lo
que pasó, claro que sin todos los detalles ya que teníamos poco
tiempo. Solo me entretení más en la parte que me roza el cuello con
sus labios. -Y, después me da su tarjeta, me besa en la mejilla y se
va. -Terminé de contar mi pequeña historia.
-Quiero,
no, NECESITO conocer a ese chico. -Rectificó. Poco después tocó la
campana y volvimos a nuestras clases. Ahora me tocaba proyecto
técnico... No me gusta para nada...sobretodo porque comparto mesa
con dos estúpidas de mierda. Llego y me coloco en mi asiento, el
profesor empieza la clase. Los minutos pasan lentos, muy lentos...
-Oídme
todos. -El profesor nos llamó la atención. -Pasado mañana vamos a
hacer una pequeña visita a una fábrica en la que podremos ampliar
nuestro tema y en la que quiero que no perdáis ojo a todo lo que
haya a vuestro alrededor ya que en nuestra hora próxima a la visita
os haré un examen para comprobar si habéis estado atentos a la
explicación del instructor, el cual, es el presidente de la empresa
que se ha ofrecido muy amablemente a enseñarnos una de sus muchas
fábricas.
-¿Cómo
se llama la empresa? -Preguntó un chico de la mesa de al lado.
-Del
nombre de la empresa, la verdad, no me acuerdo, pero lo que si sé es
el nombre del presidente, Leo Sanchez Hernandez. -Mis ojos se
abrieron hasta el punto de casi salirse de las órbitas en las que
estaban. ¿¡Leo!? ¿¡El de la discoteca!? ¿¡El que me dejó
entumecida con solo su mirada y una sonrisa!? No, ese no puede, tiene
que estar equivocado. Sí, tiene que ser eso.
-¿Está
seguro? -Las palabras salieron en un hilo de voz, pero lo
suficientemente alto para que las escucharan toda la clase.
-Sí,
estoy seguro. ¿Por qué? ¿Tiene algún problema? -¡¿PROBLEMA?!
¡Ligó conmigo! Por el amor de Dios... ¿Qué voy a hacer cuando lo
vea? ¿Qué le voy a decir? Es que, me voy a quedar bloqueada, lo sé.
-Señorita Torres, ¿tiene algún problema?
-¿Qué?
Eh, no, claro que no, disculpe. -Asintió en mi dirección y siguió
con la clase. Aun que yo ya no podía pensar en otra cosa que no
fuera nuestro próximo encuentro. ¡¿Que coño le voy a decir?!
Joder, joder... La campana me sobresaltó. Recogí mis cosas y salí
disparada por la puerta. ¿Debería llamarle? Es decir, ¿le aviso de
que voy a ir yo? ¡No! ¿Cómo le voy a llamar para esa gilipollez?
Pensaría que soy estúpida... Vaya mierda.
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