-Narra
Ana-
Mientras
nos secábamos mutuamente el cuerpo del otro, Leo me preguntó algo
que, la verdad, nunca pensé que preguntaría.
-¿Cómo fue tu
primera vez, Ana? -¿Por qué quería saber algo así? Tengo un buen
recuerdo porque estaba enamorada y Marco fue muy dulce conmigo. Nos
preparó una cenita romántica para los dos en su piso y sobre la
cama había colocado un montón de pétalos de rosa roja. Fue
maravilloso. Pero no me siento a gusto diciéndoselo a Leo.
-¿Por qué
quieres saberlo? -Se encoge de hombros sin saber muy bien que decir.
-Curiosidad,
supongo... -Suspiré y decidí que no sería mala idea darle un poco
de información.
-Fue en casa de
Marco. Preparó algo romántico e íntimo para los dos solos. -Sonreí
al recordar. -Tengo un buen recuerdo de aquella noche. Supongo que no
querrás detalles... Así que así fue como sucedió, una cosa llevó
a la otra y me desperté en sus brazos.
-¿Te hizo daño?
-¿Estaba preguntando esto en serio? Parece mi padre...
-La primera vez
siempre duele, ¿no? -Se encogió de hombros. -Sí Leo, me dolió.
-Ahora me había entrado a mi la curiosidad... -¿Y tú cómo la
perdiste?
-Fue hace mucho
tiempo. Estaba en el instituto, en la fiesta de fin de curso. Mi
acompañante era mi novia y al final de la noche nos metimos en los
baños del instituto. Tenía quince años. -¡¿QUINCE AÑOS?! ¡Pero
si era un crío! Dios mio... Yo no dije nada. No sabía que decir.
-¿Con cuántas
chicas has tenido sexo? -Pregunté con un poco de inseguridad. No
estaba segura de querer saber algo así. Leo se sorprendió por mi
pregunta y tras pensarla unos segundo, contestó.
-No lo sé...
-¿Tantas han
sido? -Se encogió de hombros. -¿Cuántas? ¿Cuarenta? ¿Cincuenta?
-Vamos a dejarlo
en veinte. -¡¿PERO QUÉ COÑO?! ¡¿EN SERIO?! ¿Cómo voy a
competir con veinte mujeres? Es imposible que gane. Y ahora mucho
menos con esa tal Rebeca aquí.
-¿Rebeca es una
de ellas? -Asintió.
-Ana, no estoy muy
cómodo hablando de esto contigo. Eres mi primera novia formal y te
aseguro que no quiero a otra que no seas tú.
-¿Cómo eres
capaz de decirme eso estando una ex tulla aquí? -Lo miré de brazos
cruzados.
-Porque sé lo que
estas pensando. No quiero a otra que no seas tú. Entiéndelo. -Negué
con la cabeza. No me lo podía creer. Esa chica era mucho más guapa
que yo. Lo poco que vi en la foto me lo decía. Rubia, alta, figura
perfecta... ¿Me dejaría por ella? Oh... Cielos, ¡claro que sí! Lo
iba a perder... No, no, no... Las lágrimas se empezaban a amontonar
en mis ojos. -Ana. -Me llamó. -Ana, mírame. -Alzó con delicadeza
mi cara y una lágrima se resbaló. -No cariño, no llores.
-Atrayéndome a él y rodeándome con sus brazos lloré aún más.
-Te amo, te amo, te amo. Sólo eres tú y nadie más. Te lo juro.
-Apreté mi abrazo. -Mi niña... Mi pequeña. No me voy a ir, lo
prometo. No podría vivir sin ti.
-No quiero volver
a pasar por lo de antes, no quiero sentirme así. -Sollocé.
-No volverás a
estar así. Yo no soy como él, princesa. Vamos al salón. -Asentí
mientras me secaba las lágrimas. Cogió mi mano y la entrelazó con
la suya para después darle un suave beso mirándome a los ojos. Nos
tumbamos en el salón mirando a la televisión abrazados y estuvimos
así durante una media hora hasta que tocaron a la puerta.
-¿Esperas a
alguien?
-No. Voy a abrir.
-Me dio un pequeño beso y se fue. Cogí una mantan que él tenía
por el sofá para taparme con ella. Había notado el frío al irse
él. -¿Qué haces aquí? -Escuché a Leo decir, pero no la
respuesta. -Ni se te ocurra pasar. No me toques. Vete. -Confundida me
levanté rodeada en la mantita y me acerqué a la puerta.
-¿Qué pasa Leo?
¿Quién... es? -Dije, pero lo vi con mis propios ojos. ¿Qué hacía
ella aquí? ¿Por qué seguía aquí?
-Es muy poca cosa
para ti, ¿no, Leo? -¡¿CÓMO SE ATREVE?! Tiré la manta al suelo
porque ya no me hacía falta. La rabia me había calentado.
-¿Poca cosa? Mira
quien habla, la guarra desesperada. -Me enfrenté a ella.
-Uf cariño,
controla a tu gatita. -¡¡¡¿CARIÑO?!!! La cogí del pelo y la
tiré al suelo.
-¡Él no es nada
tuyo puta! Vete de aquí si no quieres acabar calva. -Sentí las
manos de Leo rodeárme la cintura y besarme el hombro.
-Mas te vale
hacerle caso Rebeca, porque yo no pienso pararla. Y te aseguro que
puede contigo. -Ella se miró las uñas y vio que una estaba rota y
casi le da algo
-Mi uña...
-Susurró. Por Dios... que patético. Se levantó, nos fulminó con
la mirada y se fue.
-Puta estúpida.
-Susurré esta vez yo. Leo volvió a besarme el hombro.
-Te ves tan sexy
de celosa.
-Nadie toca lo que
es mio.
-Por su puesto que
no. Vamos a dentro. -Volvimos a entrar.
-¿Quieres algo
de picar?
-Pipas si tienes.
-Desapareció en la cocina y yo me volví a tumbar en el sofá liada
en la caliente manta. Poco después Leo regresó con una bolsa de
patatas fritas, pipas y Coca-Cola.
-No sabía que
ibas a querer.
-Te he dicho que
pipas. -Se encogió de hombros. Reí. Pasamos lo que nos quedaba de
tarde haciendo tonterías y riéndonos del otro, además de darnos
besos. -Me tengo que ir Leo, ya es tarde.
-Vale princesa,
te llevo. -Dice con una pequeña sonrisa. Aparcó el espectacular
Audi en mi puerta. -¿Mañana te recojo del instituto?
-Lo que quieras.
-Sonreí. Me acerqué a él para darle un beso suave en sus perfectos
labios. -Te amo.
-Y yo princesa.
-Sonreímos.
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¡SE ACABÓ! No subo ni un solo capítulo más.