-¡¿Cómo que vas a
ir a una de sus fábricas?! -Preguntó Megan exasperada por lo que le
acabada de contar.
-Sí,
eso es lo que nos ha dicho el profesor de proyecto técnico, que Leo
nos va a enseñar la fábrica. -Megan se colocó una mano en la
frente mientras que la otra estaba en su cadera. Las dos estábamos
en la puerta del instituto rodeadas de gente que salía en dirección
a sus casas.
-¿Y
qué vas a hacer cuando le veas? -Preguntó tras varios segundos en
esa postura.
-Pues, si te digo la
verdad, no tengo ni puta idea... Pero venga, vamos a seguir que como
llegue tarde mi madre me hace el interrogatorio. -Asintió con una
sonrisa, sabe como es mi madre y la clase de preguntas que me
hace,que si estoy con un chico, que si es que me han castigado y bla,
bla, bla... Cuando llego no tengo ni hambre, aunque mi madre me
obliga a comer. Tengo el estómago totalmente cerrado por los nervios
de lo que podría pasar...
-¿Hija qué te pasa?
-Preguntó mi madre mientras me veía recoger la mesa. ¿Cómo me lo
puede notar? Nunca sabré como lo hace...
-Nada. ¿Por?
-¿Sabrá algo? Claro que no. Es una madre, no un agente secreto.
-No
por nada, te noto como preocupada y demasiado distraída. -Negué con
una sonrisa, un poco falsa, para tranquilizarla. Terminé de recoger
la mesa y me subí a mi cuarto para hacer los deberes. Por suerte hoy
no tenía que estudiar... Pronto acabaría el bachiller y me iría a
la universidad. Que ganas tenía de, por fin, estudiar lo que llevaba
queriendo desde 1º E.S.O., veterinaria. Me costó mucho terminar de
hacer toda la tarea por culpa de los nervios que sentía. Creo que
nunca he estado mas nerviosa... Cogí el portátil y me puse a buscas
libros para leer por internet. No sé por qué tuve que buscar ojos
grises, me salió una trilogía, '50 sombras'. Empecé con la
sinopsis del primero y me enganché. Anastasia se parecía a mi,
excepto por los ojos azules, los mios son entre marrones y verdes.
Oh, Dios. Grey tenía los ojos grises. Inmediatamente me imaginé que
eramos él y yo... Leo trabaja de presidente en una empresa, yo soy
estudiante... Joder, joder, joder... No creo que Leo tenga esa
afición, ¿no? Yo no podría ser sumisa, eso lo tengo más que
claro. En todo caso sería al revés, yo la domina y él el sumiso...
¡Dios mio, NO! ¡Qué horror! Me sobresaltó el sonido del WhatsApp
de mi móvil. ¿Quién podría ser? Como no, Marco...
-Marco: Holaaa!!
:D
-Yo:
Hola :)
-Marco: Que tal?
-Yo:
Bien :) tu?
-Marco: Pensando
en ti. -Al leerlo no pude evitar
poner los ojos en blanco.
-Yo:
Ok.
-Marco: Ei!! No
te enfades... Solo digo la verdad...
-Yo:
Pues prefiero no escucharla. -Después
de eso no me habló más. Lo agradecí. Me pone de mala leche hablar
con él. Dice demasiadas tonterías...
El despertador me
vuelve a despertar como cada día, como lo odio... no se le pueden
gastar las pilas... En las puertas del instituto me junto con Megan y
las dos juntas entramos a clase.
-Oye, Ana. Ayer
hablé con Marco... -Dijo por lo bajo, aunque yo la escuché
perfectamente.
-¿Y? Me da igual
lo que te diga o te deje de decir, no me importa. -No me gusta hablar
de él y ella lo sabe.
-Tía, aun te
quiere. Lo está pasando muy mal. Me contó lo que pasó con Leo. De
verdad, se puso muy celoso... y.
-Y nada. -La
corté. ¿Es que no entiende que no quiero hablar de él? -No quiero
saber nada de él. Que se joda por engañarme. Ya no le quiero. Estoy
soltera y buscando un nuevo chico. -Escondí una sonrisa. -Lo más
probable es que lo vea mañana... Dios, no puedo estar más nerviosa.
-Ese chico no
tiene la misma historia que tienes con Marco. Marco es. -La volví a
interrumpir.
-Es un gilipollas
que me engañó, dos veces. -Levanté dos dedos. -Por esa misma razón
me atrae Leo. Tiene pinta de ser alguien muy misteriosos... me vuelve
loca.
-Por favor Ana,
tiene veinte años.
-¿Y qué mas da?
El amor no tiene edad. Además, si no funciona tengo todo el derecho
a equivocarme. -Sonó la campana. -Hasta luego.
-Adiós. -Nos
dimos un abrazo y cada una se fue para su clase. Mientras estaba en
clase, me puse a dibujar sus ojos... Amo sus ojos, son los ojos mas
bonitos que jamás haya visto. Las horas pasaban y sus ojos, su
sonrisa, sus caricias... no se podían ir de mi cabeza y cada vez
estaban más presentes. Joder, ¿por qué? La hora del recreo llegó.
Cuando salí vi en la puerta a Marco. No, él ya no estudia, es un
año mayor que yo. ¿Qué mierdas querrá? Intenté pasar de él, pero
me llamó y no tuve éxito. Al llegar suspiré para afrontar lo que
tendría que decirme, fuera lo que fuese.
-¿Qué quieres?
-Dije secamente.
-Te quiero a ti.
-Una pequeña sonrisa salió de mi rostro, intentando aguantar las
ganas de reír a carcajadas.
-Hasta luego
Marco. -Respondí con una mano alzada dándole la espalda.
-Ana, por favor.
Solo quiero hablar.
-¿De qué Marco?
¿De qué coño quieres hablar si lo único que hacías mientras
estabas conmigo era liarte con la tía que primero pasaba moviendo el
culo, eh? -Exploté en frente de su cara.
-Lo siento, y lo
siento de verdad. Estos días que estoy pasando sin ti son como un
puto infierno. No sabía lo que te quería hasta que te he perdido.
Lo juro.
-No jures en vano.
-Miré a otro lado no queriendo mirar a sus ojos. Él lo notó.
-Mírame y dime
que no me quieres, que lo nuestro no significó nada para ti, que no
te importo, que me odias. Dime todo lo que quieras decirme aquí y
ahora. Como si no me quieres, como si nunca me has olvidado. Dime lo
todo. Y te prometo, que no volveré a insistir más en volver contigo
si ya no me quieres. Mírame. -Giré la cabeza y miré a sus ojos.
Tenían rabia, dolor y furia, pero, sobretodo, sinceridad. Mi corazón
hizo un “click” y se formó una pequeña grieta.
-Yo te quería, te
quería de verdad. Te di una oportunidad, porque sí, sabía que ya
me habías engañado con Daniela. Pero te la di porque pensaba que
ibas a cambiar y que nunca jamás me lo ibas a volver a hacer. Pero
se volvió a repetir y ya no podía confiar más en ti. Toda la
confianza que tenía se desvaneció por completo cuando te vi con
Carla. -Los ojos me empezaron a pinchar he intenté mantener las
lágrimas a raya, pero no pude... los recuerdos llegaron a mi mente y
fue como si estuviera allí otra vez. En un suspiro una se resbaló
por mi rostro. Inmediatamente me la limpié.
-Pues ahora he
cambiado.
-Pero ya es
demasiado tarde. -Interrumpí. -Te pido que no volvamos a hablar del
tema. Para mi nuestra relación como pareja terminó en el momento
justo que te vi con Diana. Lo máximo que podemos llegar a ser es
amigos. Más de ahí no vamos a volver a pasar. -La campana tocó.
-Me tengo que ir.
-Ya, conozco ese
odioso sonido. -Se escapó una pequeña sonrisa de mi cara y de la
suya al ver la mía. -Dame un beso, en la mejilla, digo. -Asentí. Me
acerqué y con cuidado presioné mis labios contra su mejilla
izquierda. Estaba recién afeitado, olía genial. Ese olor y tacto
antes los amaba. No podía parar de tocas sus mejillas y barbilla.
-Adiós.
-Hasta
luego. -Entré al baño antes de ir a clase para lavarme la cara y
limpiar las lágrimas derramadas. Odiaba llorar. El día pasó rápido
y lo agradecí. A pesar de lo de Marco tenía que pensar en Leo y en
lo que le tenía que decir cuando lo viera... ¿He dicho ya que
estaba nerviosa? Porque lo estaba, digo si lo estaba que hasta se me
calló un baso al suelo en la cena. La que me echó mi madre... No
dormí apenas nada. Se me notaban las ojeras a tres kilómetros
cuando me levanté y me miré al espejo. Sin más remedio me puse un
poco de maquilla para tapar las ojeras. Cada paso, segundo, minuto
que pasaba al caminar para ir al instituto me ponía más nerviosa y
lo extraño es que aun no sabía por qué. ¿Se acordará de mi?
No hay comentarios:
Publicar un comentario