Proyecto técnico lo
tenía a tercera hora y sólo podía contar los minutos que quedaban
para volver a verle. Joder, volver a ver esos ojos... ¿Cómo puede
tener solo 20 años? Uf, es demasiado guapo para que se fije en mi,
además, ya no llevo el pelo liso como la primera vez que me vio.
¿Qué pensará ahora que me va a ver como realmente soy? Porque la
verdad es que dejo mucho que desear... Toca el timbre y doy un
pequeño chillido. Joder, puto timbre... Siguiente hora, lengua. Ya
solo queda una simple hora. Por favor que pase rápido. O no, no
mejor que no, que no llegue, no quiero que me vea así... estoy
horrible. ¡Por Dios Ana para ya! Solo es un chico guapo. No tienes
que darle tanta importancia. Es cierto que bailó conmigo, pero solo
fue bailar no llegó a más. Tras hacer unos cuantos ejercicios de
analizar un texto, lo que no sabía si quería o no que llegara,
llegó. La campana sonó. Todos nos levantamos mientras recogíamos
nuestras cosas. Casi todo se me escurría de las manos de los nervios
que sentía. Cuando salgo de clase para dirigirme a la de proyecto
técnico, Megan me espera en la puerta. Se acerca y me abraza. Cuando
se separa de mi leo en sus labios un 'Suerte'. Yo solo le puedo
sonreír. Ya no tenía ni palabras. Llegamos a clase y sigo a la
multitud allá donde va. Nos subimos a un pequeño bus. Me tocó al
lado de una chica que no habla apenas nada y lo preferí así. En
cada semáforo que se paraba el autobús, mi corazón también se
paraba. Hasta que aparcó. Bajé la última...
-Ana, ¿te
encuentras bien? Estás muy pálida. -¡¿QUÉ!? Y ahora encima
pálida, perfecto.
-No nada profesor,
estoy bien. -No sé ni como pude hablar.
-Pues venga vamos,
no quiero hacer esperar al señor Sanchez. Es muy importante, ¿sabes?
Su familia y él tienen mucho dinero. -Fue a seguir pero se
interrumpió así mismo. -Mira, ahí esta. -Mis ojos se ampliaron un
doscientos por cien para buscarlo, pero no tuve que esforzarme mucho
ya que era el único con corbata y traje que se acercaba a donde nos
encontrábamos mi profesor y yo. Dios... es mucho más guapo a plena
luz del día. Su sonrisa brilla mucho más al igual que sus preciosos
ojos. Cierro la boca al darme cuenta que la tenía entre abierta y
casi a punto de jadear.
-Muy buenas.
-Saluda con voz firme. Que sexy. Creo que se ha dado cuenta de que
soy yo. Me sonrió. Yo claro está me ruboricé. Como puede ser
tan.... ¡Ah! -Bueno vamos a empezar. -Le seguimos hasta el interior
del gran edificio. No me separé de mi profesor en toda la visita.
Eso me daría puntos extra en el examen que nos hará ya que él me
explicaba pequeños detalles que me llamaban la atención. Sergio, mi
profesor, es muy bueno con todos los alumnos y tiene muy buen rollo.
Me cae súper bien. Aun que a mi lo que más me llamaba la atención
era los ojos de Leo. De vez en cuando me quedaba embobada mirándolo,
él se daba cuenta y yo quitaba la mirada rápidamente. La visita
estaba a punto de terminar, lo sabía por que estábamos llegando a
la última parte de las máquinas de fabricación. -Esta bien,
chicos. La visita a terminado. Espero que os haya gustado. -Me fijé
y todas las chicas sonreían como tontas. Menos mal, no solo era yo
la que le parecía guapo. Todos los alumnos salimos al exterior
mientras que Sergio se quedaba hablando con Leo. Eso me extrañó,
pero no le quise dar importancia.
-Ana, me ha dicho
que quiere hablar contigo. -Me informó Sergio mientras señalaba a
el interior queriendo referirse a Leo.
-¿Para qué? -Le
pregunté con el ceño fruncido.
-No lo sé. Mira a
ver. -Asentí. ¿Iba a estar sola con él? Joder... Entré y no lo
veía. Pero al darme la vuelta para irme, lo encontré en frente de
mi mordiéndose el labio inferior. Mi respiración se bloqueó.
-No me has
llamado.
-¿Esperabas que
te llamara? -Las palabras salieron de mi boca todas del tirón y dudé
que las entendiera, pero sí las entendió.
-¿La verdad? Sí,
esperaba que lo hicieras. -Confesó con toda la tranquilidad del
mundo. ¿Esperaba que lo llamara? ¡Esperaba que lo llamara!
-Oh. -No pude
decir nada más.
-Me gustaría
volver a quedar contigo. ¿Tienes algo que hacer esta tarde?
-¡¿Quiere tener una cita?!
-¿Quieres que...
que... ?
-Sí, quiero tener
una cita contigo. -¡¿Pero por qué todo le sale tan natural?! Oh,
claro. Ya lo ha hecho varias veces. Entonces, ¿yo solo seré una
más?
-Sí, tengo que
estudiar. -Habló mi orgullo. No tenía que estudiar, pero no pensaba
ser una chica fácil.
-¿Y mañana?
-Preguntó con una ceja alzada.
-Ya he quedado.
-Dije un poco seca.
-Por favor, solo
quiero conocerte. -Iba a hablar pero mi profesor nos interrumpió.
-Ana, nos tenemos
que ir ya.
-Esta bien, ya
voy. -Nos volvimos a quedar solos. -Me tengo que ir.
-Yo no quiero que
te vayas.
-Pero tengo que
hacerlo.
-Vale. Cuando
puedas quedar me llamas. -Asiento. Paso por su lado, pero cuando
estoy a una paso de él, me frena cogiéndome del codo. Giro para
mirarle. -Que sea pronto, por favor.
-No te prometo
nada. -Dije escondiendo una pequeña sonrisa. Él me atrajo más a si
mismo de la misma forma que estábamos cuando rozó mi cuello con sus
labios.
-No me provoques.
-Susurró junto a mi oído.
-¿O qué? -Se
volvió a morder el labio.
-No lo querrás
saber. -Dicho esto, con suavidad, me mordió el lóbulo de la oreja.
No pude evitar dar un suspiro de pura excitación. -¿Seguro que no
quieres quedar? -La entrepierna me palpitaba. ¿Cómo coño lo ha
hecho?
-Ya te he dicho
que tengo que estudiar. -Dije intentando no mostrar un increíble
jadeo.
- No me mientas. Le
he preguntado a tu profesor si tenías estos días examen y me ha
dicho que no. -Lo tenía todo planeada, que capullo. -¿Por qué no
quieres quedar conmigo? -No le respondí, me solté de sus brazos y
salí al exterior del edificio que se había vuelto un horno en un
par de minutos. ¿Cómo que por qué no quería quedar con él? Pues
porque me iba a utilizar y no quiero pasar por lo mismo dos veces. Ya
tuve suficiente con una... Llegamos al instituto y como es la hora
del recreo estaba segura de que Megan me mataría a preguntas. Pero
yo no quería hablar. ¿Por qué todos los tíos tienen que ser así?
Las clases terminaron por ese día. Necesitaba volver a casa. Salía
por la puerta del instituto sin mirar a nadie. Le había dicho a
Megan que no me espera, que quería estar sola, me hizo caso.
-Ei, Ana, ¿qué
te pasa? -Su voz entró en mi cerebro tan profundo que casi dolió.
¿Qué hacía Marco aquí? No quiero hablar con él, no quiero hablar
con nadie. Solo tengo ganas de llorar... Todos los hombres son
gilipollas.
-Nada. Déjame.
-¿Por qué he tenido que hablar? La voz se me quebró y Marco lo
notó. Me cogió de la muñeca e hizo que le mirara. Mis ojos
cristalinos me impedían ver los suyos azul cielo.
-¿Qué ha pasado?
-Libré la muñeca y lo abracé. Sí, lo abracé. Al chico que
primero me destrozó el corazón. A ese que intentó volver conmigo
después de engañarme dos veces. A ese mismo. Estaba llorando en su
pecho como nunca antes lo había hecho. Me impresioné hasta a mi
misma. -Ana.... No me gusta verte así. No llores, por favor.
Explícame lo que te ha pasado.
-Nada, solo
abrázame, solo te pido eso. -La gente pasaba a nuestro alrededor
riendo mientras hacían bromas, ajenos a lo que me ocurría, ajenos a
mi corazón cada vez más destrozado por el amor... ¿Alguna vez
encontraría a mi chico ideal? Lo dudaba mucho de que ese momento
llegara. Era increíble que estuviera abrazando a uno de los
causantes de mi desdicha.
-¿Quieres que te
acompañe a casa? -Asentí. Me acababa de dar cuenta de que en
realidad no quería estar sola, que necesitaba a alguien como lo que
eramos yo y Marco antes. Me faltaba eso, amor. ¿Podría darle otra
oportunidad a Marco? ¿Podría volver a confiar en él después de
todo lo que me hizo pasar? ¿Quería descubrirlo? Sólo tenía
respuesta para dos. Quería intentarlo otra vez con Marco y quería
descubrir si podría o no confiar en él. Pero no sabía si lo
lograría.
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