lunes, 28 de octubre de 2013

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       Proyecto técnico lo tenía a tercera hora y sólo podía contar los minutos que quedaban para volver a verle. Joder, volver a ver esos ojos... ¿Cómo puede tener solo 20 años? Uf, es demasiado guapo para que se fije en mi, además, ya no llevo el pelo liso como la primera vez que me vio. ¿Qué pensará ahora que me va a ver como realmente soy? Porque la verdad es que dejo mucho que desear... Toca el timbre y doy un pequeño chillido. Joder, puto timbre... Siguiente hora, lengua. Ya solo queda una simple hora. Por favor que pase rápido. O no, no mejor que no, que no llegue, no quiero que me vea así... estoy horrible. ¡Por Dios Ana para ya! Solo es un chico guapo. No tienes que darle tanta importancia. Es cierto que bailó conmigo, pero solo fue bailar no llegó a más. Tras hacer unos cuantos ejercicios de analizar un texto, lo que no sabía si quería o no que llegara, llegó. La campana sonó. Todos nos levantamos mientras recogíamos nuestras cosas. Casi todo se me escurría de las manos de los nervios que sentía. Cuando salgo de clase para dirigirme a la de proyecto técnico, Megan me espera en la puerta. Se acerca y me abraza. Cuando se separa de mi leo en sus labios un 'Suerte'. Yo solo le puedo sonreír. Ya no tenía ni palabras. Llegamos a clase y sigo a la multitud allá donde va. Nos subimos a un pequeño bus. Me tocó al lado de una chica que no habla apenas nada y lo preferí así. En cada semáforo que se paraba el autobús, mi corazón también se paraba. Hasta que aparcó. Bajé la última...
   -Ana, ¿te encuentras bien? Estás muy pálida. -¡¿QUÉ!? Y ahora encima pálida, perfecto.
   -No nada profesor, estoy bien. -No sé ni como pude hablar.
   -Pues venga vamos, no quiero hacer esperar al señor Sanchez. Es muy importante, ¿sabes? Su familia y él tienen mucho dinero. -Fue a seguir pero se interrumpió así mismo. -Mira, ahí esta. -Mis ojos se ampliaron un doscientos por cien para buscarlo, pero no tuve que esforzarme mucho ya que era el único con corbata y traje que se acercaba a donde nos encontrábamos mi profesor y yo. Dios... es mucho más guapo a plena luz del día. Su sonrisa brilla mucho más al igual que sus preciosos ojos. Cierro la boca al darme cuenta que la tenía entre abierta y casi a punto de jadear.
   -Muy buenas. -Saluda con voz firme. Que sexy. Creo que se ha dado cuenta de que soy yo. Me sonrió. Yo claro está me ruboricé. Como puede ser tan.... ¡Ah! -Bueno vamos a empezar. -Le seguimos hasta el interior del gran edificio. No me separé de mi profesor en toda la visita. Eso me daría puntos extra en el examen que nos hará ya que él me explicaba pequeños detalles que me llamaban la atención. Sergio, mi profesor, es muy bueno con todos los alumnos y tiene muy buen rollo. Me cae súper bien. Aun que a mi lo que más me llamaba la atención era los ojos de Leo. De vez en cuando me quedaba embobada mirándolo, él se daba cuenta y yo quitaba la mirada rápidamente. La visita estaba a punto de terminar, lo sabía por que estábamos llegando a la última parte de las máquinas de fabricación. -Esta bien, chicos. La visita a terminado. Espero que os haya gustado. -Me fijé y todas las chicas sonreían como tontas. Menos mal, no solo era yo la que le parecía guapo. Todos los alumnos salimos al exterior mientras que Sergio se quedaba hablando con Leo. Eso me extrañó, pero no le quise dar importancia.
   -Ana, me ha dicho que quiere hablar contigo. -Me informó Sergio mientras señalaba a el interior queriendo referirse a Leo.
   -¿Para qué? -Le pregunté con el ceño fruncido.
   -No lo sé. Mira a ver. -Asentí. ¿Iba a estar sola con él? Joder... Entré y no lo veía. Pero al darme la vuelta para irme, lo encontré en frente de mi mordiéndose el labio inferior. Mi respiración se bloqueó.
   -No me has llamado.
   -¿Esperabas que te llamara? -Las palabras salieron de mi boca todas del tirón y dudé que las entendiera, pero sí las entendió.
   -¿La verdad? Sí, esperaba que lo hicieras. -Confesó con toda la tranquilidad del mundo. ¿Esperaba que lo llamara? ¡Esperaba que lo llamara!
   -Oh. -No pude decir nada más.
   -Me gustaría volver a quedar contigo. ¿Tienes algo que hacer esta tarde? -¡¿Quiere tener una cita?!
   -¿Quieres que... que... ?
   -Sí, quiero tener una cita contigo. -¡¿Pero por qué todo le sale tan natural?! Oh, claro. Ya lo ha hecho varias veces. Entonces, ¿yo solo seré una más?
   -Sí, tengo que estudiar. -Habló mi orgullo. No tenía que estudiar, pero no pensaba ser una chica fácil.
   -¿Y mañana? -Preguntó con una ceja alzada.
   -Ya he quedado. -Dije un poco seca.
  -Por favor, solo quiero conocerte. -Iba a hablar pero mi profesor nos interrumpió.
   -Ana, nos tenemos que ir ya.
   -Esta bien, ya voy. -Nos volvimos a quedar solos. -Me tengo que ir.
   -Yo no quiero que te vayas.
   -Pero tengo que hacerlo.
   -Vale. Cuando puedas quedar me llamas. -Asiento. Paso por su lado, pero cuando estoy a una paso de él, me frena cogiéndome del codo. Giro para mirarle. -Que sea pronto, por favor.
   -No te prometo nada. -Dije escondiendo una pequeña sonrisa. Él me atrajo más a si mismo de la misma forma que estábamos cuando rozó mi cuello con sus labios.
   -No me provoques. -Susurró junto a mi oído.
   -¿O qué? -Se volvió a morder el labio.
   -No lo querrás saber. -Dicho esto, con suavidad, me mordió el lóbulo de la oreja. No pude evitar dar un suspiro de pura excitación. -¿Seguro que no quieres quedar? -La entrepierna me palpitaba. ¿Cómo coño lo ha hecho?
   -Ya te he dicho que tengo que estudiar. -Dije intentando no mostrar un increíble jadeo.
-  No me mientas. Le he preguntado a tu profesor si tenías estos días examen y me ha dicho que no. -Lo tenía todo planeada, que capullo. -¿Por qué no quieres quedar conmigo? -No le respondí, me solté de sus brazos y salí al exterior del edificio que se había vuelto un horno en un par de minutos. ¿Cómo que por qué no quería quedar con él? Pues porque me iba a utilizar y no quiero pasar por lo mismo dos veces. Ya tuve suficiente con una... Llegamos al instituto y como es la hora del recreo estaba segura de que Megan me mataría a preguntas. Pero yo no quería hablar. ¿Por qué todos los tíos tienen que ser así? Las clases terminaron por ese día. Necesitaba volver a casa. Salía por la puerta del instituto sin mirar a nadie. Le había dicho a Megan que no me espera, que quería estar sola, me hizo caso.
   -Ei, Ana, ¿qué te pasa? -Su voz entró en mi cerebro tan profundo que casi dolió. ¿Qué hacía Marco aquí? No quiero hablar con él, no quiero hablar con nadie. Solo tengo ganas de llorar... Todos los hombres son gilipollas.
   -Nada. Déjame. -¿Por qué he tenido que hablar? La voz se me quebró y Marco lo notó. Me cogió de la muñeca e hizo que le mirara. Mis ojos cristalinos me impedían ver los suyos azul cielo.
   -¿Qué ha pasado? -Libré la muñeca y lo abracé. Sí, lo abracé. Al chico que primero me destrozó el corazón. A ese que intentó volver conmigo después de engañarme dos veces. A ese mismo. Estaba llorando en su pecho como nunca antes lo había hecho. Me impresioné hasta a mi misma. -Ana.... No me gusta verte así. No llores, por favor. Explícame lo que te ha pasado.
   -Nada, solo abrázame, solo te pido eso. -La gente pasaba a nuestro alrededor riendo mientras hacían bromas, ajenos a lo que me ocurría, ajenos a mi corazón cada vez más destrozado por el amor... ¿Alguna vez encontraría a mi chico ideal? Lo dudaba mucho de que ese momento llegara. Era increíble que estuviera abrazando a uno de los causantes de mi desdicha.
   -¿Quieres que te acompañe a casa? -Asentí. Me acababa de dar cuenta de que en realidad no quería estar sola, que necesitaba a alguien como lo que eramos yo y Marco antes. Me faltaba eso, amor. ¿Podría darle otra oportunidad a Marco? ¿Podría volver a confiar en él después de todo lo que me hizo pasar? ¿Quería descubrirlo? Sólo tenía respuesta para dos. Quería intentarlo otra vez con Marco y quería descubrir si podría o no confiar en él. Pero no sabía si lo lograría.

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