miércoles, 30 de octubre de 2013

5

        Rodeé su cuello con mis brazos y lo atraje a mi para besarle. Dos segundos después un fuerte sonido de coche hizo separarnos. Un Mustang de color blanco y negro giraba la esquina a toda velocidad. ¿Qué hacía un coche de ese tipo por aquí? No pude ver al conductor.
   -¿Por qué lo has hecho? ¿Por qué me has besado, Ana? -Dijo totalmente confundido.
   -Quiero intentarlo. Pero te pido que tengas paciencia conmigo. No sé si podré confiar en ti como lo hacía antes, pero te necesito. -Confesé sin mirarle a los ojos. Mi frente sobre su pecho y mis manos en sus costados mientras él me abrazaba por la cintura, me lo impedían.
   -Ese 'te necesito' ha sido mucho más perfecto que un 'te quiero'. Te prometo que todo va a volver a ser como antes, no tendrás queja de mi. No sabes lo mal que lo he pasado sin ti estos días. Vamos, no queremos que te regañe tu madre, ¿verdad? -Sonreí mientras me separa de su pecho. Siempre sabe como sacarme una estúpida sonrisa. Miró nuestras manos y yo las entrelacé formando una. Aunque ella no lo supiera, vi a Megan dar un salto de alegría por detrás de nosotros. Se me escapó una risilla al verla. -¿Qué pasa?
   -Megan acaba de dar un salto de alegría por vernos cogidos de la mano. -Mi estómago se revolvió con mariposas cuando lo dije en voz alta. Aun quería a Marco. Él negó con la cabeza a la vez que una sonrisa llenaba sus labios.
   -Esa chica nunca cambiará. -Mientras caminábamos hasta mi casa en silencio una pregunta posó por mi cabeza. Me mordí el labio antes de preguntar.
-¿Habrías pegado a Leo si me hubiera besado en la discoteca?
-Me hubiera costado controlarme, la verdad... Pero no quiero hablar de ese tipo ahora. -Asentí. Se me pasó la idea de contarle lo que me había pasado hoy con él, pero preferí no hacerlo. Llegamos a la esquina de mi calle, donde siempre nos despedíamos para que mi madre no nos viera juntos.
-El lugar de siempre... -Dije mientras recordaba cuantos besos nos habíamos dado él y yo aquí, contra una verja cercana.
   -Sí. Pensé que no querías que tu madre viera como te besaba. -Sonreí. Le miré y él también sonreía. Me puse de puntillas hasta que Marco hizo juntar nuestros labios. Sus manos rodeaban mi cintura y las mías su cuello. -¿Qué te parece si quedamos esta tarde tú y yo a solas?
   -¿Cómo antes? -Alcé una ceja al decirlo. Él negó con la cabeza.
   -No, mucho mejor. -Su sonrisa no se iba de sus labios y me encantaba que yo fuera la causante de ello.
   -Esta bien. Pero antes subes por mi ventana. Me encantaba cuando antes lo hacías.
   -Vale. Esperaré a que comas y cuando vea que has abierto la ventana subo. -Asentí. Me dio un corto beso. -Hasta luego, te amo.
   -Y yo. -Giré sobre mis talones y caminé hasta mi casa no sin antes darme la vuelta para mirarle por última vez. Sonreí como una tonta. Lo vi darse la vuelta aunque al instante me volvió a mirar, pero esta vez con otra cara. Fruncí el ceño y miré al frente. No tuve tiempo de reaccionar, Leo atrapó mi cabeza entre sus manos y me besó. Me separé lo antes que pude. Justo antes de que Marco lo empujara lejos de mi. Vi la vena latera del cuello de Marco totalmente marcada.
   -No te vuelvas a acercar a ella o te juro que te mato. -La voz de mi novio sonó mucho peor que una amenaza, era una orden y si no era acatada a la perfección la cosa se pondría muy fea.
   -No te tengo miedo niñato. -Antes de que hiciera nada le cogí la mano.
   -Por favor Marco, déjalo.
   -Sí eso, haz le caso a tu puta. Sabe más que tú. -Marco se soltó de mi mano y lo encaró a solo unos centímetros de su cara.
   -Vuelve a insultarla y te arrepentirás. -Sus dientes estaban apretados, tanto, que me daba miedo hasta a mi. Pude ver como Leo vocalizaba un 'PU-TA'. Un paso atrás de Marco y un puño voló a la cara de Leo, este se lo devolvió y entonces, una pelea empezó. Yo no podía hacer nada, sólo veía las imágenes a cámara lenta pasar. Vi como mi hermano llegaba y los separaba con la ayuda de mi padre. Las lágrimas no paraban de salir de mis ojos. Marco tenía el labio roto y un ojo morado, Leo la nariz y otro ojo... ¿Pero qué le importo yo a ese tío? Sin decir nada entré a mi casa y mi madre me abrazó. Bebí un poco de agua y me subí a mi cuarto sin hablar ni una sola palabra. Me dejé caer en la cama y sobre la almohada eché todo lo que tenía que echar de lágrimas. Una sobre otra caían sin desenfreno al igual que mis sollozos. Un poco después dos pequeños golpes en la ventana de mi cuarto me hicieron desconectar. Miré y vi la cara de Marco magullada. Le abrí la ventana con alguna que otra lágrima cayendo por mis mejillas.
   -¿Estás bien? -Me preguntó cogiendo con cuidado mi rostro entre sus manos como si se fuera a romper en cualquier momento.
   -¿Y tú, cómo estás? -Dije sin responder a su pregunta. Él tampoco me respondió, solo me atrajo a él y me abrazó. -Tenía mucho miedo. No lo vuelvas a hacer, por favor.
   -Lo siento cariño. Pero es que, no me pude controlar. Te amo demasiado, tanto que hasta miedo me da lo que siento por ti. Nunca había llorado por una chica hasta que llegaste tú. -Confesó. ¿Había llorado por mi?
   -Pues yo nunca había presenciado una pelea hasta que has llegado tú. -Levanté la cabeza para mirarle.
   -Me gusta más lo mio. -Reí.
   -Y a mi. -Lo volví a abrazar. -¿Qué ha pasado después de que yo me fuera? -Pregunté aunque con un poco de miedo.
   -Nada. Ese tío se ha ido en su coche. Creo que era el Mustang de antes, el de la puerta del instituto.
   -Ah. -Apreté mi abrazo a su pecho. -Te quiero. Mucho. -Él también apretó sus brazos a mi cuerpo.
   -Yo también te quiero. -Con cuidado besó mi coronilla. -Me encanta como huele tu pelo. Ya extrañaba el olor.
   -A mi me encanta tu colonia. Y también lo extrañaba. -Nos quedamos así por unos segundos o minutos, no lo sé, pero tampoco me importaba.
   -No me vuelvas a dejar, por favor. -Me pidió.
   -No me vuelvas a engañar, por favor.
   -No lo haré. Lo juro.
   -Entonces yo tampoco te dejaré. -Alcé la cabeza y le di un dulce beso en sus labios. No quise presionar demasiado por si le dolía, aunque pareció que no, ya que Marco me pego mas a él profundizando el beso. Subí las manos desde sus bíceps hasta su cuello enredando mis dedos en su corto pelo negro azabache. Por la simple falta de aire nos separamos.
   -Me encantan estos momentos contigo. Son tan perfectos a tu lado. -Dijo y yo le sonreí.
   -Seguro que no son tan perfectos como tú. -Me devolvió la sonrisa mientras se acercaba para volver a besarme. Esta vez, su lengua buscó entrada en mi boca, la cual, fue encontrada. Mis mariposas revolotearon cuando nuestras lenguas se rozaron la una con la otra. La voz de mi madre pronunciado mi nombre nos sobresaltó. Tenía que comer...
   -Te espero aquí. -Asentí. Le di un pico y cerré la puerta cuando salí del cuarto. Comí y quité la mesa. Subí, estaba sentado en la cama. Le sonreí. Él me miró y levantó una pequeña tarjeta. La de Leo. -¿Y esto? -Cerré la puerta.
   -Me lo dio en la discoteca. No estaba contigo, ¿recuerdas? Así que la acepté. -Se la quité de las manos y la rompí en dos. La dejé caer en la pequeña papelera de mi cuarto. -¿No te habrás enfadado por eso? -Suspiró.
   -¿Lo llamaste alguna vez? -Rodé los ojos. ¿Enserio me estaba preguntado esto? Madre mía...
   -No. ¿Estás celoso por que me dio su tarjeta?
   -Porque la aceptaste. -Rectificó.
   -No estaba contigo. -Coloqué ambas rodillas a los dos lados de sus caderas. -Venga, no te enfades. -Le di un pequeño beso. Se dejó caer hacia atrás en la cama para que yo tuviera que agacharme más para besarle. -¿Estás enfadado? -Dije en tono juguetón. Bajé de su boca a su cuello. Lo vi cerrar los ojos cuando le di un pequeño mordisco. Le encantaba que hiciera eso. -Venga, Marco, no te enfades. -Rocé su entrepierna con la mía, no pudo evitar dar un suspiro. Luego le besé la clavícula y volví a morderle el cuello, esta vez en el lado opuesto.
   -Por favor para. No me hagas esto Ana, no en tu casa. -Le ignoré. Me encantaba provocarle. Me moví encima de él, dio un pequeño gemido. -Para, por favor.
   -¿Por qué? Sé que te vuelve loco esto. -Volví a moverme. Gimió.
   -Sí, me pone mucho que lo hagas, pero en tu casa no te puedo hacer el amor porque tus padre subirían por tus gritos de placer. Por eso, para. -Lo besé en los labios, dando por terminado mi pequeño juego.

No hay comentarios:

Publicar un comentario