sábado, 2 de noviembre de 2013

6

   -Algún día de estos no me voy a poder controlar y yo no me voy a hacer cargo de un castigo. Te lo advierto. -Reí. Me levanté de encima de él y me acurruqué a su lado. Poco después me quedé profundamente dormida en su pecho. Desperté y no vi a Marco a mi lado. Había dejado una nota en el escritorio.
   -”Me he tenido que ir porque tu madre estaba subiendo. Estabas preciosa durmiendo. Te amo, tu Marco.” -Sonreí como una tonta al ver que había puesto que era mio. Solo mio. Todo para mi. Mi Marco. Cogí el móvil y abrí WhatsApp, busqué su nombre.
   -Yo: Hola cariño. -Unos segundos después él me respondió.
   -Marco: Hola bella durmiente. -Reí.
   -Yo: Estaba cansada, vale?
   -Marco: Vale, vale. Vienes al final y damos una vuelta? Quiero presumir de novia, sino te importa, claro. -Mientras que me leía nuestra conversación, esa sonrisa de enamorada no se iba. Me encantaba sentirme así.
   -Yo: Claro. Donde quedamos? -No me respondió. Me extrañé.
   -¿Qué te parece si te recojo y te sorprendo? -Susurró entrando por la ventana.
   -Me cago en ti, que sus me has dado... -Se rió.
   -Lo siento. Venga, que te espero abajo, a ver quien llega antes. -Me dio un pico y saltó. Fruncí el ceño para replicar, pero ya era demasiado tarde. Sonreí mientras negaba con la cabeza. Bajé las escaleras, le dije a mi madre que me iba y salí. -Que mala, no has hecho carrera, eso no se vale. -Hice el mismo movimiento de cabeza de antes. A veces se comporta como un niño pequeño, me encantaba.
   -Pobrecito mi niño. -Se cruzó de brazos y yo me reí de él. -Aiii. -Me puse de puntillas y le besé. -¿Se ha enfadado otra vez mi nene? -Él se aguantó una sonrisa. Mordió el labio inferior.
   -Lo que daría ahora por hacerte mía, cariño. -Poniéndome de puntillas le susurré al oído.
   -Haz lo.
   -No me provoques, que sabes que vivo solo... Será mejor que nos vallamos de aquí. -Cogió mi mano y entrelazó nuestros dedos. Andamos hasta la esquina, donde tenía su moto aparcada. ¿Cuándo la había traído? Bueno, eso me daba igual. Nos subimos a su moto y la puso en marcha. No sabía donde íbamos, pero me fiaba de él. Reconocí el lugar, era su calle. Íbamos a su piso. Pensé en bajar mis manos de sus costados hasta su entrepierna, pero me arrepentí por si acaso teníamos un accidente. Aun recuerdo mi primera vez, fue con Marco. Él ha sido mi único novio y tampoco lo he hecho con otra persona. No me arrepiento de haberle dado mi virginidad, estaba enamorada de él y la verdad, es que fue perfecto. Hizo una cenita especial para los dos solos en su piso. La perdí a los 17.
   -Ya hemos llegado. -Informó.
   -¿Por qué me has traído a tu piso? Pensé que querías presumir de novia. -Se bajó él de la moto.
   -Y lo voy a hacer. -Me ayudó a bajar ahora a mi. -Vas a gritar como nunca. Los vecinos se van a volver locos. -No pude evitar partirme de risa. Cogidos de la mano entramos al ascensor y después a su piso.
   -¿Y qué vas a hacer para excitarme? -Pregunté cuando cerró con llave la puerta. Mordió su labio inferior. Tras sus ojos se veía las ganas que tenía de tenerme.
   -Ahora lo verás. -Su voz transmitió una corriente eléctrica por todo mi cuerpo terminando en donde mis muslos se juntaban. Por acto reflejo di unos pasos atrás a la vez que él se acercaba hasta que me choqué con la pared de la entrada. Colocó las manos a ambos las de mi cabeza sin llegar a tocarme aún. Poco a poco se fue acercando para juntar nuestros labios salvajemente. Me dejó sin aire. La mano derecha bajó por mi espalda hasta el borde de mi camiseta. La levantó y quitó dejándome en sujetardor y pantalones. Hizo que nos moviéramos y me choqué con el pequeño mueble que tiene en la entrada. Su mano izquierda de la parte trasera de mi cabeza pasó al botón de mis pantalones, pero no lo desabrochó haciendo que eso me volviera loca. Metió la mano por dentro de mis finas bragas de encaje hasta mi punto. Notó toda la excitación que tenía en ese momento. Gemí cuando empezó a hacer círculos en mi clítoris. -¿Tan pronto estás mojada, cariño? -Susurró con voz ronca. En cada palabra que dijo se notó la lujuria que estaba conteniendo. Excitándome muchísimo más.
   -Marco. -Gemí su nombre. Él sonrió con malicia en mi dirección.
   -Dime nena. -¡Por Dios ese “nena”!
   -Haz me tuya. -Suplique. Joder, sentir su mano en ese punto de mi cuerpo, su cuerpo tan pegado al mio, uf... era muy excitante. Sacó su mano de mi punto débil y puso las dos en mi culo para levantarme y subirme a sus caderas. Me di cuenta de que él aun estaba vestido cuando me dejó en la cama. Le quite su camiseta y la volé por algún lugar de la habitación. Bajé mis manos por su perfecto pecho hasta sus abdominales bien definidos. Que bueno está mi novio, joder. Le desabroché el botón a su pantalón para que él después lo hiciera con el mio. Se quitó los suyos y la erección que tenía era perfectamente visible. Bajó los mios con suavidad junto con mis finas bragas. Pasó una mano por detrás de mi espalda y con rapidez desabrochó el sujetador. No pudo evitar mirar mis pechos y morderse el labio.
   -Eres tan perfecta. -Me besó con tanta pasión como pudo y yo le respondí igual. Colocándose en medio de mis piernas noté que ya no llevaba sus ajustados bokser. Besándome para que no gritara, me penetró de golpe. Mis uñas en su espalda se marcaron. Empezó a tomar un ritmo que me volvía loca. Lento. Entraba y salía de mi que parecía un asqueroso caracol.
   -Marco. Por favor. -Si seguía así juraba que iba a tomar yo el mando. Sonriendo comenzó a entrar y salir de mi con más rapidez. Cada vez iba más rápido y yo notaba que estaba a punto de llegar.
-Venga cariño, correte para mi. -Sus palabras susurradas en mi oído fueron mi detonante para estallar en el mejor orgasmo que he tenido desde que este hombre me quitó la virginidad. En mi orgasmo Marco llegó al suyo. Sin fuerzas se tumbó a mi lado. Los dos agotados con la respiración acelerada, tumbados desnudos sobre la cama y cubiertos por una fina capa de sudor. Amaba esta sensación de liberación que él me transmitía, era lo mejor. Cuando ya por fin nos relajamos y nuestras respiraciones volvieron a la normalidad, ese chico perfecto que tenía a mi lado habló. -¿Te vienes a una ducha?
   -¿Con un segundo asalto? -'Por favor di que sí.' Supliqué mentalmente.
-Lo más seguro. Sabes que me encanta hacerlo bajo la ducha.
   -Y a mi que me lo hagas. -Nos besamos y caminamos hasta la ducha. Efectivamente hubo mi segundo asalto. Mientras ya sí, nos duchábamos riendo y dándonos besos, Marco me hizo una pregunta que me dejó estupefacta. Yo le rodeaba el cuello con los brazos y él la cintura con los suyos. Teníamos las frentes juntas y nos manteníamos en silencio bajo el agua.
   -¿Cómo te podía engañar antes? ¿Cómo podía? Si tú eres la chica perfecta que yo busco. Te engañaba mientras tenía a mi alma gemela a mi lado. Era un completo idiota. Lo siento. Lo siento de verdad. Ya no quiero tener a otras chicas, solo te quiero a ti. Conmigo. Los dos juntos para siempre. Espero que me llegues a perdonar, por favor. No puedo vivir con ese pesar en mi corazón. Sabiendo que tu me tienes algo de rencor en el tuyo. Perdóname. Por favor. -Iba a seguir hablando, disculpándose por lo que un día me hizo y yo no lo podía permitir. Para mi ya estaba olvidado. Junté nuestros labios para silenciarle.
   -No hace falta que te disculpes más. Ya te he perdonado. Si no lo hubiera hecho, te aseguro que no estaría aquí. Los dos juntos bajo tu ducha y desnudos. Tú eres mio y yo soy tuya. Ya está. Vamos a dejarlo así. -Asintió y volvimos a besarnos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario