domingo, 5 de enero de 2014

16


          ¿Qué hacía? Necesitaba ayuda, ayuda urgente. ¿Y si...? ¡Claro! ¿Cómo no se me ocurrió antes?
   -Te puedes ir Leo. Ya iré a recoger mi mochila luego. -Dije sin quitar la mirada de los ojos de Marco, ya menos aguosos al igual que los míos. No pude ver la reacción de Leo, pero supuse que no sería buena. Luego le explicaría. Poniéndome de puntillas, llegué a los labios de Marco. Durante el beso se escuchó el sonido del coche saliendo a toda velocidad.
   -¿Me has creído? ¿Te quedas conmigo? -Asentí mientras sonreía.
   -Te amo ante todo y ante todos. -Me mordí el labio un poco preocupada. -Lo siento por decirte todo lo que he dicho. Estaba muy cabreada, perdóname. -Él negó con la cabeza con una pequeña sonrisa.
   -No importa. Para mi lo que verdaderamente importa es que me has elegido. -Dijo sin perder la sonrisa. -Te amo Ana, de verdad. Uf, no me creo que me hayas elegido, que estés ahora mismo conmigo. -Atrapó entre sus manos mi cara y me atrajo a él para besarme. Marco me llevó a mi casa en su moto, comí y luego me subí a mi cuarto con el teléfono inalámbrico de mi casa. Marqué su número y me lo cogió al segundo tono.
   -Diga. -Respondió.
   -Leo soy yo. -Se escuchó como suspiró a través de la línea telefónica. -No cuelgues. -Dije apresuradamente. -Por favor.
   -¿Qué quieres? -Noté que lo dijo con pesadez.
   -¿Estás en tu casa?
   -Sí, ¿por qué?
   -Voy para allá. -Colgué sin dejar que respondiera. Salí de casa a toda velocidad y llegué a su departamento en poco tiempo. Toqué a la puerta y esta se abrió de la misma forma que la última vez. -¿Leo? -Lo llamé.
   -En la cocina. -Ande hasta ella, entré y lo vi preparando algo de comer. -Acabo de llegar de hacer unas últimas cosas en la oficina. -Posando una mano en su hombro le di la vuelta. Me miró extrañado pero yo no le di tiempo a preguntar nada. Le besé mientras lo atraía a mi desde la nuca. Sus manos rodearon mi cadera correspondiendo al beso. Apagó los fogones a tientas y después me subió a sus caderas. Follamos sin sentido en el salón acabando los dos agotados. -¿A qué coño ha venido esto? -Preguntó cuando nuestras respiraciones se normalizaron. Nos encontrábamos tumbados en el sofá, uno al lado del otro con las piernas de los dos enredadas. Yo jugaba con su corto pelo del pecho.
   -Quería explicarte que lo nuestro no ha cambiado. Quiero seguir teniendo sexo contigo. Desde luego, ese ha sido una de mis mejores decisiones. No puedo perder esto simplemente porque haya vuelto con Marco. Tú me has hecho sentir verdaderamente deseada, excitada y casi perfecta. ¿Tú quieres? -Tardó unos minutos en responder. ¿Tanto tenía que pensar?
   -Ana, yo... yo te quiero, lo sabes. Para mi tenerte es increíble. Me encantas, lo digo enserio. Pero... teniendo tú novio... No creo que debamos volver a vernos.
   -¿Qué? ¿Por qué no? -Dije exasperada. -Me deseas, te deseo. Marco no se enterará. Leo, por favor. Tú mismo me prometiste que...
   -Yo no te he prometido nada. -Tenía razón. No me había prometido nada. -Cuando quieras te puedes ir y no volver aquí nunca más. -Se levantó y se fue a duchar sin decir nada más. Yo me quedé paralizada, tumbada en la postura que él me dejó. Vestida con solo el sujetador.
Cuando reaccioné, me vestí, cogí mi mochila y salí cerrando la puerta tras de mi. Me sentía extraña. No era una sensación de engaño, no era de decepción, no era de tristeza. ¿Cómo me sentía? Tenía una conjetura de sentimientos en la cabeza. ¿Qué me estaba pasando? Dejé la mochila en mi casa y la mañana siguiente me salté las clases y empecé a andar sin rumbo por la ciudad. Cogí los cascos y con el MP3 puse música a todo volumen. Llegué a un parque con césped en el cual me tumbé para intentar pensar en lo que me estaba pasando. ¿Qué sentía, por quién, por qué? No entendía nada. Sin darme cuenta había cerrado los ojos y estaba sintiendo la música ajena a todo mi alrededor. Hasta que me empecé a sentir un poco incómoda y abrí los ojos. Marco estaba a mi lado. No me había dado cuenta de su presencia. Me quité los auriculares y apagué el reproductor de música.
   -No te he querido decir nada porque estabas muy concentrada, además de bellísima. -Por un momento pensé que me había sonrojado, pero no era así, sólo sonreí. -¿Qué hacías? -Encogí los hombros.
   -Nada. Pensar.
   -Ah. ¿Te pasa algo cariño? -Eso era lo que intentaba averiguar...
   -No, nada. -Mentí. Pensaría que estaba loca si decía que no sabía lo que me pasaba. Estaba confundida, sólo eso. Necesitaba un tiempo para mi sola, para aclararme. -Marco, necesito tiempo. -Se quedó por unos segundos en silencio, como procesando lo que le había dicho.
   -¿Por qué, para qué?
   -Para aclararme. Estoy confundida. ¿Lo comprendes? -No dijo nada. -Es que... todo es muy complicado. -Suspiré. -Solo necesito tiempo, de verdad. Pero por ahora quiero que quedemos como amigos, si te parece bien. -Me levanté. -Lo siento Marco. -Le di un dulce beso en la mejilla y me fui. Volví a colocarme los cascos y a aislarme del mundo. Solo quería eso, aislarme de todo y de todos y con la música lo conseguía siempre que quería. La música y yo teníamos una conexión casi irrompible. Sin darme cuenta llegué a su puerta. Sin querer, una lágrima se me escapó de los ojos. ¿Estaba llorando? ¿Por qué? ¿Qué cojones me estaba pasando? Di media vuelta y me fui de allí. Él no me quería ver nunca más. Las palabras que me dijo Leo me dolieron, me dijo que me fuera, que no volviera. No podría volver a ver sus ojos, no podría besarle, no podría tocarle, no podría rendirme de placer ante él. Entré en mi casa y directamente me subí a mi cuarto. Poco después me llamaron para cenar, pero no tenía hambre, así que, no bajé. Vía Twitter expresé una mínima parte de como me sentía, pero no sirvió de nada, seguía teniendo ese vacío en mi interior... Lo más seguro es que ese lugar de mi interior, fuera el corazón o el alma, no lo tenía claro... No sabía que hacer, no sabía como sentirme... Era tan frustrante. Me dormí sin querer con la música a todo volumen, menos mal que la alarma tiene vibración y me desperté para ir a clase. Ni si quiera sé como me vestí, como llegué a clase, no sabía si había desayunado, no lo recordaba. Megan me preguntó que qué me ocurría, no le respondí. Estaba perdida y no me encontraba. ¿Dónde estaba? Las clases pasaron y llegó la hora de volver a casa. Iba con la cabeza agachada, sin mirar a nadie. Sólo veía mis pies andar por la calle, se escuchaba el mundo exterior, ajenos a mi situación. Mi mente estaba o en blanco o con trescientas cosas en las cuales las principales eran Marco y Leo. Ellos siempre estaban ahí. Eran imposible de sacar, sobretodo, Leo... sus ojos, sus manos sobre mi, sus labios, su voz. Comí sin ganas, subí a mi cuarto y me tumbé en la cama. Miraba al techo intentando buscar alguna respuesta, alguna pista, algo... Pero nada aparecía, todo estaba igual. No tenía fuerzas suficientes para ponerme a hacer los ejercicios que me mandaron, me daba igual hacerlos que no hacerlos. Unas cuantas frases me derrumbaron, me dejaron sola... Lo necesitaba... pero él a mi no. ¿Qué le hice? Seguro que ya se olvidó de mi. Sólo fui una más de tantas que seguro que tuvo. Lo más probable sea que ya tuviera a otra... No le importé, sólo fui un juguete para él de tantos otros. Me declaraba su “amor” cuando sólo eran palabras sin sentimientos. Tendría experiencia en ello, porque me lo creí. Por un momento pensé que era deseo, pero no era nada en realidad. Sólo eran palabras sin sentido en el fondo... ¿Es que nunca aprendía? ¿No tuve suficiente con Marco? Parecía que no. Y, seguramente, que si llegara otro, volvería a caer por cuarta vez en la misma piedra. Era tan ingenua que ni yo misma me lo creía. Sus ojos no desaparecían de mi mente, eran constantes, luego se añadían otras cosas como sus manos, sus labios, su sonrisa... pero todo eso no hacía nada mas que hacerme sentir peor de lo que estaba. No lo volvería a ver. Me echó de su vida como un perro, sin importarle lo más mínimo mis sentimientos, mi reacción. Pero, ¿tenía sentimientos? Supongo que sólo por su perro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario