Tras un ratito más
los dos juntos en su piso decidimos salir a dar una vuelta. Cogidos
de la mano sin soltarnos para nada en absoluto llegamos a un parque
cercano a mi casa. Sentados al pie de un árbol los dos permanecíamos
en silencio, jugando con la mano del otro.
-Creo que debería
irme ya. -Dije interrumpiendo nuestra agradable paz.
-No, ¿por qué?
Quédate, por favor. No quiero ir a mi piso solitario, quiero estar
contigo. -Me puso cara de cachorrillo e incluso parecía que le
brillaban los ojos.
-Mañana me ves.
-Le sonreí. Pero él negó con la cabeza. Parecía que yo era su
madre y que lo estaba dejando por primera vez en la escuela. Me rodeó
con sus brazos impidiéndome que me fuera.
-No te vas a poder
ir nunca. ¿Me has oído? Nunca. -Reí. Como pude me giré entre sus
brazos y cogí su cabeza entre mis manos para después besarlo. -Esta
bien. No quiero que me provoques en medio de un parque, eres capaz de
hacerlo. -Abrí la boca y me puse la mano derecha en el pecho en
forma de ofensa.
-¿Tan mala crees
que soy? -Pregunté alargando la última palabra.
-No, cariño. Eres
demasiado provocativa y tienes muy poca vergüenza, eso sí lo creo.
-Con la mano contraria a la de mi pecho le di un leve golpe en el
hombro. -Ei, solo decía la verdad. ¿Por qué me pegas? -Reclamó
mientras pasaba la mano por su hombro “herido”. Yo sin decir nada
me levante de entre sus piernas donde cómodamente había pasado una
de mis mejores tardes, y empecé a andar sin él. Se levantó y
corrió hasta mi para abrazarme por detrás. -Venga, nena, no te
enfades... Lo decía de broma. Sabes que me encanta que me provoques.
-Me besó el cuello aun que esta vez no tuvo mucho efecto en mi.
Siguió dando pequeños besos por todo mi cuello. Ya empezaba a
disfrutar de esa sensación cuando se dio cuenta de que ya no estaba
enfadada, entonces me mordió.
-¡Ah! -Me quejé.
-¿Por qué me muerdes? -Cuando giré la cabeza para verle la cara
sonreía pícaro, después me besó el hombro.
-Porque ya estabas
disfrutando. -Gruñí. Marco se colocó a mi lado pero dejando una
mano en mi cintura, yo de brazos cruzados con una mano tocaba la
suya, en la que enredaba mi dedo índice al suyo. -Te quiero.
-Susurró en mi oído. ¿Cómo podía estar enfadada con él si me
decía estas cosas tan bonitas? No podía, era imposible, totalmente
imposible. Desenrede mis brazos de mi cuerpo y pasé un brazo por
detrás de él igual que él lo estaba haciendo conmigo. La otra mano
que me quedaba libre la llevé hasta su cara para cogerla. Nos
paramos y le besé. Y le besé bien, muy bien.
-Yo también te
quiero. -Sonríe y creo que es su sonrisa de enamorado, porque
después no se le va. Llegamos a la esquina de mi calle.
-No quiero que te
vallas. -Puso pucheros. Sonreí, se veía tan mono.
-Tengo que irme,
cariño. Sino mi madre no me va a dejar salir otro día si llego
demasiado tarde, lo sabes.
-Pero eso era el
año pasado. ¿Este no puede ser un poco mas elástica? -Me encogí
de hombros sin saber. -Prueba con tu padre. Eres la niñita de papá.
Él seguro que te deja salir esta noche.
-¿Esta noche?
¿Qué vamos a hacer esta noche? -Quise saber intrigada por la duda.
-Si sales lo
verás...
-No creo que me
dejen... -Suspiró.
-De todas forma
inténtalo, por favor. -Asentí. Se acercó para besarme y recibí
sus labios con el mayor gusto. -Te amo.
-Y yo. -Nos dimos
un último pico y me fui. Antes de girar para entrar le miré y le
sonreí, él me devolvió la sonrisa. Entré en casa, mi padre y mi
hermano estaban en el salón mientras que mi madre permanecía en la
cocina preparando algo para la cena. No quise probar todavía a
preguntar, preferí esperar a la cena donde estuviéramos todos
juntos. Tras un pequeño saludo subí a mi cuarto. Cerré la puerta y
cansada, me dejé caer en la cama. Sonreí al recordar la tarde que
pasé con mi chico, fue increíble.
-¿Recordando la
tarde con tu estúpido perro faldero? -Salté de la cama al escuchar
su voz inconfundible.
-¿Qué haces
aquí? ¿Cómo has entrado? -Dio un paso hacia mi. -No te acerques.
-Le ordené.
-He entrado por la
ventana, como tu perro hizo hoy. ¿Y qué hago aquí? Bueno, quiero
proponerte un trato.
-¿Un trato? ¿Qué
clase de trato? -Dio otro paso. -He dicho que no te acerques. -Yo di
uno atrás, pero me choqué con la cama. Mierda, estaba acorralada.
Otro paso. -Leo. -Advertí. Otro. -Como te acerques grito.
-¿Crees que vas a
poder gritar? Estas deseando de que te toque, de que te roce. Aunque
sólo sea con la yema de los dedos. Sé que me deseas, tanto como yo
a ti. -Estaba ya a casi un paso de mi. No podía controlar mi
respiración, la cual, iba cada vez más deprisa. Alzó la mano y con
un roce casi imperceptible por mi brazo, la piel se me erizó
completamente. -Mírate, jadeando con un solo roce. -Joder, era
verdad, estaba jadeando y ni siquiera me había dado cuenta. -Tu piel
es tan suave... -Volvió a tocarme.
-Para. -Dije entre
un jadeo.
-No quieres que
pare. Lo sé. -Con otro paso de él, lo tenía a tan solo 20
centímetros.
-¿A qué has
venido? ¿A tocarme?
-Oh, perdona, ya
se me olvidaba para lo que vine. Sí, bueno, quería pedirte un
pequeño trato. -Dijo con desden, como si no importara.
-¿Qué tipo de
trato?
-Sexual. -La
respiración se me cortó por completo. -Venga Ana, sé que ya no
eres virgen.
-¿Cómo sabes
eso? -Fruncí el ceño al preguntar.
-Por Dios, tus
gemidos se escuchaban desde la calle. -Al instante me puse roja para
después pasar a pálida cuando me di cuenta de lo que había hecho.
-¿Nos has
espiado? -Levantó la misma mano hasta mi cara para colocar un mechón
de pelo detrás de la oreja. Un escalofrío me recorrió entera, de
arriba hasta abajo.
-No he venido aquí
para hablar de eso. -Cambió de tema. Estaba más que claro que nos
había espiado. -Yo tengo unas ganas increíbles de hacerte mía y
por lo que noto y veo, tú también de serlo. No me gustan las
relaciones, así que, prefiero solo sexo. Estaríamos el uno para el
otro cuando lo necesitase, dando igual la hora o el lugar donde el
otro se encontrase, solo sexo. ¿Qué te parece? -No tenía palabras.
¿Me estaba pidiendo sexo? ¿Cómo una puta? ¿Pero qué se creía
este tío que era yo?
-¿Me estás
llamando puta? -Levantó por un segundo una ceja sorprendido.
-No, claro que no.
Porque solo lo harías conmigo. -Dijo como si fuera algo lógico.
-¿Y mi novio?
Porque tengo novio, ¿sabes? -Dio un suspiro como de cansancio.
-A tu “novio”
lo puedes engañar como quieras, con calentarlo un poco te basta y te
sobra. He visto como lo controlas, y creeme, me he puesto caliente
hasta yo. No sabes lo que daría porque te estuvieras moviendo así
encima de mi. -Susurró en mi oído enviando otro escalofrío por mi
espalda. -¿Qué dices Ana? -¿Cómo puede pronunciar mi nombre de
esa forma tan sexy? Pero, pero no puedo engañar a Marco.
-¿Y qué pasa si
digo que no? -Sonrió.
-¿Por qué
preguntas eso? Sabes que vas a decir que sí. Te mueres por besarme,
he visto que no paras de mirarme los labios. Quieres tocarme, yo
también te quiero tocar a ti. Pero viendo que necesitas tiempo, te
dejaré hasta mañana. Y si me llamas y dices que sí, -se mordió el
labio- vas a tener el mejor polvo que has tenido en tu vida.
-¿Y si después
del primero te cansas de mi?
-Pues tú sigues
con tu vida y yo sigo con la mía, solo es sexo, ya te lo he dicho.
Ahora si me permites. -Me acercó a él con una mano en la cintura y
otra en la nuca, mis manos se colocaron en sus bíceps. Agachó la
cabeza y presionó sus labios con los mios. Cerré los ojos e
increíblemente, disfruté. Sus labios se movían sobre los mios con
libertad, como si hubieran nacido para estar unidos. Con suavidad se
separó sin ganas, sólo por la falta de aire. -Besas muy bien.
¿Besas así desde siempre?
-Este ha sido
mejor. -Susurré. Me sonrió.
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