martes, 10 de diciembre de 2013

12


   -¿Qué harías Leo? -Dije mientras me acercaba mirándole a los ojos fijamente. Él sonrió con malicia.
   -Antes que nada, haría mía a la dueña de la lengua, después, si surgiera, a su lengua. Pero prefiero a la persona, eso está claro. -Ya me encontraba enfrente de él cuando me atrajo así mismo para sentarme encima de sus rodillas. Su respiración en mi nuca hizo que un escalofrío recorriera la columna vertebral entera terminando en ese punto que Leo había experimentado la noche anterior. Sus manos me rodearon la cadera pegándome mas a su piel.
   -Joder, Leo... -Jadeé en un susurro por la excitación que estaba llegando a mi cuerpo.
   -¿Qué pasa Ana? -Por el tono de su voz supe que algo le estaba pasando por la cabeza. ¿Qué me iba a hacer?
   -¿Qué haces conmigo?
   -Solo lo que tú me dejas. -La mano derecha fue bajando por mi vientre hasta el botón del pequeño pantalón, que fue desabrochado con agilidad por esos dedos mágicos que me fascinaban. Bajó la pequeña cremallera e introdujo la mano dentro de las braguitas limpias que había cogido. Pero, justo cuando fue al clítoris, mi móvil empezó a vibrar en mi bolsillo. -Dejalo sonar. -Su voz ronca me tentó a dejar que sonara...
   -Tengo que cogerlo, pueden ser mis padres... -Sacó la mano él y yo el móvil. Miré quien estaba llamando. Marco. Leo lo vio.
  -Cuelga. -Esta vez su voz sonó mucho más que seria.
   -No puedo hacer eso. -Intenté levantarme, pero me lo impendió atrayéndome otra vez a él. -Leo, por favor.
   -¿No lo puedes coger aquí? -Preguntó molesto.
   -No es que no pueda, es que no quiero que hables y que Marco reconozca tu voz. -Me levante decidida y me encerré en la cocina. Descolgué.
   -Ana. -Sonó aliviado.
   -Hola Marco. -Dije con voz dulce.
   -¿Dónde estás? Quiero verte. Estaba muy preocupado por ti.
   -Ya, lo sé y lo siento, amor.
   -¿Dónde estás cariño?
   -Estoy dando una vuelta, pero para comer llegaré a mi casa. No te molestes en preguntar, quiero estar sola, por favor. Anoche... me vine abajo. Y me tuve que ir sin ni siquiera despedirme de ti. Lo siento. -Suspiró.
   -Esta bien. Cualquier cosa me llamas, ¿vale?
   -Tranquilo, yo te llamo.
   -Te amo mi vida. -Sonreí.
   -Yo también te amo mi niño. -Le sonreí a la pantalla y colgué. Giré y vi a Leo con Luck a su lado parados mirándome, Leo, mucho más serio que el precioso perro.
   -¿”Yo también te amo mi niño”? -Rodó los ojos tras un suspiro de incredulidad. -Patético.
-Joder Leo, ¿qué mierdas te pasa? Yo le quiero, que tú me atraigas sexualmente es otra cosa muy distinta. A ver si te queda claro. Marco es mi novio y no lo pienso dejar por ti.
   -¿Y me dejarías a mi por él? -Preguntó con voz firme y seca.
   -Si tuviera que elegir, sí. -Dije sin ni siquiera parar a pensar en la posible respuesta. Noté como su nuez subía y bajaba al tragar saliva. ¿Qué he dicho? -Me voy a casa. -Pasé por su lado, entré al cuarto donde dejé mi ropa y la metí en una bolsa que encontré. Cuando salí de ese cuarto, vi a Leo en la terraza apoyado en la barandilla. -Adiós. -No me respondió. ¿Qué le pasa? Hombres... Llegué a casa, me puse mi propia ropa. Bajé para comer.
   -¿Lo pasaste bien anoche? -Preguntó mi madre. Inmediatamente imágenes de la noche anterior en la cama de Leo vinieron a mi mente.
   -Sí, muy bien.
   -¿Con cual amiga te quedaste?
   -Una que no conoces. Era muy tarde y no quería despertaros con los tacones. Lo siento si os preocupé. -No hablamos más del tema. Me alegré. Subí a mi cuarto cuando comí. Cogí el móvil y llamé a Marco. Lo cogió al tercer toque.
   -Hola mi vida. -Me saludó.
   -Hola amor, ¿qué haces?
   -Nada en especial, ¿por qué?
   -¿Puedes quedar? Quiero verte. Me siento mal por dejarte solo anoche... -Y por engañarte con otro...
   -Claro. Dime donde y allí estaré. -Sonreí.
   -¿Dónde siempre?
   -Vale. Te doy un toque cuando llegue. Te amo.
   -Y yo. -Poco tiempo después Marco me dio un toque. Bajé las escaleras a toda prisa, tenía tantas ganas de abrazarlo. Miré a ambos lados de la calle con ansias. En cuanto vi sus ojos brillar bajo la luz del sol, sonreí. Ande a paso rápido y nada más llegar, le planté un dulce y gran beso en los labios.
   -Hola a ti también. -Dijo sorprendido y con una sonrisa en sus perfectos labios. -¿Cómo estás, princesa?
   -Ahora que estoy contigo, genial. -Pude notar como los ojos de Marco brillaron un poco al decir aquello.
   -¿Antes no estabas bien? -Preguntó con el ceño fruncido.
   -Antes tenía muchas ganas de verte, y como ya estoy contigo, pues ya estoy bien. -Sonreí. Él me devolvió la sonrisa. Me alcé sobre las puntas de los pies para darle un pico dulce y suave. Empezamos a andar cogidos de la mano sonriendo el uno al otro. Estos momentos eran tan bonitos que eran casi imposibles de amargar. Nos encontramos con Megan y Christian y decidimos hacer tarde de parejas. Algunos momentos estábamos Megan y yo hablando a la vez que Christian y Marco, pero cuando estábamos unidas las parejas (la mayor parte del tiempo) no parábamos de darnos mimos mutuamente. Después de un tiempo, ellos se fueron y nos dejaron solos a mi y a mi chico. Llegamos a un pequeño parque con césped en el que nos tumbamos uno al lado del otro. Marco se acercó a mi mientras miraba mis labios y se mordía el suyo inferior. Sus ojos subieron a los míos para mirarme antes de presionar sus labios contra los míos. Con una mano me acarició la cadera mientras el beso seguía. Yo lo acerqué a mi por el cuello queriendo sentirlo más cerca. Nos separamos sin ganas del otro, por la falta de aire, aunque inmediatamente nuestros labios volvieron a estar encajados. Sin darme cuenta, había colocado medio cuerpo sobre él. Abrí los ojos por solo dos segundos queriendo ver su expresión cuando le mordiera el labio superior. Pero para mi sorpresa, no vi a Marco, si no a Leo. El pánico me invadió e inmediatamente separé nuestros labios. Tras un parpadeo, volvió a ser mi chico de ojos azules.
   -¿Qué pasa? -Justo en ese momento, mi móvil empezó a vibrar en el bolsillo de mi pantalón. Salvada por la campana. Miré la pantalla y no reconocí el número. Me levanté y le indiqué a Marco que esperara. Descolgué.
   -¿Sí? -Dije con la voz un poco acelerada por la extraña sensación y la falta de aire del beso.
   -¿Sabes dónde está mi piso? ¿Lo recuerdas? Quiero que vengas. Ahora. -La voz de Leo, me dejó la boca seca... No era una petición, era una orden. Después de obligarme a que fuera, colgó, dejándome con la palabra en la boca. ¿Este tío era bipolar o qué?
   -¿Qué pasa, cariño? -¿Cómo podían ser tan diferentes y atraerme los dos?
   -Me tengo que ir. -Intenté sonar lo más suave y decepcionada que pude.
   -¿A dónde? -A casa de un tío, el cual, me dio el mayor placer que había tenido en todo mi vida.
   -A mi casa. Mis padres me quieren ya allí. -Expliqué sin mirarle a los ojos. Asintió con un poco de confusión es sus ojos...

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