-¿Qué harías Leo?
-Dije mientras me acercaba mirándole a los ojos fijamente. Él
sonrió con malicia.
-Antes que nada,
haría mía a la dueña de la lengua, después, si surgiera, a su
lengua. Pero prefiero a la persona, eso está claro. -Ya me
encontraba enfrente de él cuando me atrajo así mismo para sentarme
encima de sus rodillas. Su respiración en mi nuca hizo que un
escalofrío recorriera la columna vertebral entera terminando en ese
punto que Leo había experimentado la noche anterior. Sus manos me
rodearon la cadera pegándome mas a su piel.
-Joder, Leo...
-Jadeé en un susurro por la excitación que estaba llegando a mi
cuerpo.
-¿Qué pasa Ana?
-Por el tono de su voz supe que algo le estaba pasando por la cabeza.
¿Qué me iba a hacer?
-¿Qué haces
conmigo?
-Solo lo que tú
me dejas. -La mano derecha fue bajando por mi vientre hasta el botón
del pequeño pantalón, que fue desabrochado con agilidad por esos
dedos mágicos que me fascinaban. Bajó la pequeña cremallera e
introdujo la mano dentro de las braguitas limpias que había cogido.
Pero, justo cuando fue al clítoris, mi móvil empezó a vibrar en mi
bolsillo. -Dejalo sonar. -Su voz ronca me tentó a dejar que
sonara...
-Tengo que
cogerlo, pueden ser mis padres... -Sacó la mano él y yo el móvil.
Miré quien estaba llamando. Marco. Leo lo vio.
-Cuelga. -Esta vez
su voz sonó mucho más que seria.
-No puedo hacer
eso. -Intenté levantarme, pero me lo impendió atrayéndome otra vez
a él. -Leo, por favor.
-¿No lo puedes
coger aquí? -Preguntó molesto.
-No es que no
pueda, es que no quiero que hables y que Marco reconozca tu voz. -Me
levante decidida y me encerré en la cocina. Descolgué.
-Ana. -Sonó
aliviado.
-Hola Marco. -Dije
con voz dulce.
-¿Dónde estás?
Quiero verte. Estaba muy preocupado por ti.
-Ya, lo sé y lo
siento, amor.
-¿Dónde estás
cariño?
-Estoy dando una
vuelta, pero para comer llegaré a mi casa. No te molestes en
preguntar, quiero estar sola, por favor. Anoche... me vine abajo. Y
me tuve que ir sin ni siquiera despedirme de ti. Lo siento. -Suspiró.
-Esta bien.
Cualquier cosa me llamas, ¿vale?
-Tranquilo, yo te
llamo.
-Te amo mi vida.
-Sonreí.
-Yo también te
amo mi niño. -Le sonreí a la pantalla y colgué. Giré y vi a Leo
con Luck a su lado parados mirándome, Leo, mucho más serio que el
precioso perro.
-¿”Yo también
te amo mi niño”? -Rodó los ojos tras un suspiro de incredulidad.
-Patético.
-Joder Leo, ¿qué
mierdas te pasa? Yo le quiero, que tú me atraigas sexualmente es
otra cosa muy distinta. A ver si te queda claro. Marco es mi novio y
no lo pienso dejar por ti.
-¿Y me dejarías
a mi por él? -Preguntó con voz firme y seca.
-Si tuviera que
elegir, sí. -Dije sin ni siquiera parar a pensar en la posible
respuesta. Noté como su nuez subía y bajaba al tragar saliva. ¿Qué
he dicho? -Me voy a casa. -Pasé por su lado, entré al cuarto donde
dejé mi ropa y la metí en una bolsa que encontré. Cuando salí de
ese cuarto, vi a Leo en la terraza apoyado en la barandilla. -Adiós.
-No me respondió. ¿Qué le pasa? Hombres... Llegué a casa, me puse
mi propia ropa. Bajé para comer.
-¿Lo pasaste bien
anoche? -Preguntó mi madre. Inmediatamente imágenes de la noche
anterior en la cama de Leo vinieron a mi mente.
-Sí, muy bien.
-¿Con cual amiga
te quedaste?
-Una que no
conoces. Era muy tarde y no quería despertaros con los tacones. Lo
siento si os preocupé. -No hablamos más del tema. Me alegré. Subí
a mi cuarto cuando comí. Cogí el móvil y llamé a Marco. Lo cogió
al tercer toque.
-Hola mi vida. -Me
saludó.
-Hola amor, ¿qué
haces?
-Nada en especial,
¿por qué?
-¿Puedes quedar?
Quiero verte. Me siento mal por dejarte solo anoche... -Y por
engañarte con otro...
-Claro. Dime donde
y allí estaré. -Sonreí.
-¿Dónde siempre?
-Vale. Te doy un
toque cuando llegue. Te amo.
-Y yo. -Poco
tiempo después Marco me dio un toque. Bajé las escaleras a toda
prisa, tenía tantas ganas de abrazarlo. Miré a ambos lados de la
calle con ansias. En cuanto vi sus ojos brillar bajo la luz del sol,
sonreí. Ande a paso rápido y nada más llegar, le planté un dulce
y gran beso en los labios.
-Hola a ti
también. -Dijo sorprendido y con una sonrisa en sus perfectos
labios. -¿Cómo estás, princesa?
-Ahora que estoy
contigo, genial. -Pude notar como los ojos de Marco brillaron un poco
al decir aquello.
-¿Antes no
estabas bien? -Preguntó con el ceño fruncido.
-Antes tenía
muchas ganas de verte, y como ya estoy contigo, pues ya estoy bien.
-Sonreí. Él me devolvió la sonrisa. Me alcé sobre las puntas de
los pies para darle un pico dulce y suave. Empezamos a andar cogidos
de la mano sonriendo el uno al otro. Estos momentos eran tan bonitos
que eran casi imposibles de amargar. Nos encontramos con Megan y
Christian y decidimos hacer tarde de parejas. Algunos momentos
estábamos Megan y yo hablando a la vez que Christian y Marco, pero
cuando estábamos unidas las parejas (la mayor parte del tiempo) no
parábamos de darnos mimos mutuamente. Después de un tiempo, ellos
se fueron y nos dejaron solos a mi y a mi chico. Llegamos a un
pequeño parque con césped en el que nos tumbamos uno al lado del
otro. Marco se acercó a mi mientras miraba mis labios y se mordía
el suyo inferior. Sus ojos subieron a los míos para mirarme antes de
presionar sus labios contra los míos. Con una mano me acarició la
cadera mientras el beso seguía. Yo lo acerqué a mi por el cuello
queriendo sentirlo más cerca. Nos separamos sin ganas del otro, por
la falta de aire, aunque inmediatamente nuestros labios volvieron a
estar encajados. Sin darme cuenta, había colocado medio cuerpo sobre
él. Abrí los ojos por solo dos segundos queriendo ver su expresión
cuando le mordiera el labio superior. Pero para mi sorpresa, no vi a
Marco, si no a Leo. El pánico me invadió e inmediatamente separé
nuestros labios. Tras un parpadeo, volvió a ser mi chico de ojos
azules.
-¿Qué pasa?
-Justo en ese momento, mi móvil empezó a vibrar en el bolsillo de
mi pantalón. Salvada por la campana. Miré la pantalla y no reconocí
el número. Me levanté y le indiqué a Marco que esperara.
Descolgué.
-¿Sí? -Dije con
la voz un poco acelerada por la extraña sensación y la falta de
aire del beso.
-¿Sabes dónde
está mi piso? ¿Lo recuerdas? Quiero que vengas. Ahora. -La voz de
Leo, me dejó la boca seca... No era una petición, era una orden.
Después de obligarme a que fuera, colgó, dejándome con la palabra
en la boca. ¿Este tío era bipolar o qué?
-¿Qué pasa,
cariño? -¿Cómo podían ser tan diferentes y atraerme los dos?
-Me tengo que ir.
-Intenté sonar lo más suave y decepcionada que pude.
-¿A dónde? -A
casa de un tío, el cual, me dio el mayor placer que había tenido en
todo mi vida.
-A mi casa. Mis
padres me quieren ya allí. -Expliqué sin mirarle a los ojos.
Asintió con un poco de confusión es sus ojos...
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