Con pereza abrí levemente los ojos. Me sentía agotada. Lógico después de tres orgasmos.
-Buenos días chica perfecta. -Tumbada en su cama con solo una sábana cubriendo mi cuerpo parpadeé para ver a Leo vestido con una camiseta y unos pantalones vaqueros un poco desgastados enfrente de la puerta y con el pelo húmedo.
-Hola. -Dije mientras estiraba mis extremidades. Él me sonreía de brazos cruzados.
-¿Tienes hambre? -Asentí. -Ven. -Se dio la vuelta pero lo frené llamándolo.
-Espera. -Sus ojos se volvieron hasta mi. -¿Qué me pongo? -Señaló un armario que se encontraba al lado de la cama. No me había dado cuenta de que estaba ahí hasta que él me lo dijo. Le asentí. Leo desapareció tras la puerta y yo me levanté. Abrí el armario, cogí una camisa blanca y me la puse. Encontré mis braguitas y también me las puse. Antes de salir entré al baño, como siempre, mi pelo dejaba mucho que desear... Necesitaba una ducha... después me la daría. Busqué a Leo y por el olor delicioso a café lo encontré en la cocina, con una taza de café y leyendo el periódico.
-Te has puesto mi favorita. -Sonrió. No pude evitar ruborizarme. -En la cafetera tienes café recién hecho. -Asentí. Me quedé pensando donde estarían las tazas. -Encima de la cafetera. -Abrí el pequeño armario y ahí había. -No hablas mucho por las mañanas, ¿verdad? -Dijo mientras me sonreía. Volví a ruborizarme.
-Lo siento. No, no hablo mucho... Estoy dormida hasta después de la media hora. -Rió un poco.
-Vale, lo tendré en cuenta. -Cogí la taza y me eché un poco de café para después abrir la nevera y echar leche en la taza junto con dos cucharadas de azúcar. Me senté en un taburete de una mesa de cocina alta enfrente de él. La vista se fue hasta un reloj en la pared que marcaba las diez de la mañana. ¡LAS DIEZ DE LA MAÑANA! ¡MIS PADRES ME MATAN! Corriendo fui al cuarto para vestirme. Joder, ¿dónde cojones estaba toda mi ropa? -¿Qué pasa? -Preguntó Leo entrando en el cuarto.
-Son las diez de la mañana mis padres me matan. No volveré a salir en no sé cuento tiempo... -Dije apresuradamente mientras me ponía la falda y encontraba el sujetador.
-Tranquila, tranquila. Saben que vas a llegar tarde. -Mis ojos se abrieron como platos.
-¡¿QUÉ?!
-Sí, les envié un mensaje desde tu móvil cuando te quedaste dormida diciéndoles que te quedabas en la casa de una amiga y que no te esperaran despiertos. No respondieron así que supongo que no estarán enfadados. Tranquilízate, ¿vale? -Terminó justo cuando me puse la blusa. Suspiré.
-Vale. Gracias por hacer eso. ¿Dónde cogiste mi móvil?
-Lo tenía en la espalda haciéndome daño. ¿Por qué no llevas bolso? -Reí.
-Estorban la mayor parte del tiempo. -Él también rió. Localicé mi móvil en una de las mesitas de noche. Lo cogí y desbloqueé. Tenía un mensaje. Marco... Abrí el mensaje.
-”Ana por que te has ido? Y donde? Estoy preocupado. Contesta” -Rápidamente le escribí.
-”Estoy bien. Luego te digo”
-¿Qué pasa? -Quiso saber. Lo miré y dude en decírselo o no.
-Marco. Estaba preocupado. -Noté como su mandíbula se tensaba a la vez que todo su cuerpo. -Es normal, al fin y al cabo es mi novio.
-Gracias por recordarlo. -Dio media vuelta y salió del cuarto. Fui tras él, lo detuve para que me mirara.
-Tú mismo dijiste que solo es sexo, así que no me vengas con berrinches. -No me miraba.
-Ya, lo sé. -Giró la cabeza para poder mirarme. -Pero, ¿qué quieres que te diga? Eres la primera chica con la que estoy que tiene novio. Es un poco frustrante que te tenga que compartir y que tu... -Se calló. Suspiró. -Anda desayuna.
-No, Leo di. ¿Qué ibas a decir?
-Nada. -Cortó seco. -Venga, desayuna. Ahora vuelvo, tengo que sacar a Luck de paseo. -Fruncí el ceño.
-¿Luck? -Sonrió.
-Es mi perro. -Mi cara se iluminó.
-¿Tienes un perro? Me encanta los perros. ¿Qué raza es?
-Un Jasqui. -Mis ojos se abrieron por completo.
-¿Enserio? ¿Dónde está? Esa raza de perros me vuelve loca. -Rió.
-Está en la terraza. -Corrí hasta la terraza, me asomé por la ventana de la puerta.
-¡Qué mono! ¿Puedo tocarlo? Por favor, por favor. -Carcajadas salieron por su boca inundando la habitación.
-Primero desayuna. -Gruñí.
-Esta bien... -Dije de mala gana. Pero antes de que saliera por la puerta me sorprendieron una patas en mi espalda. Giré y vi a esa preciosa cosita. -Aww, hola Luck. Que guapo eres. -Decía mientras lo acariciaba como una loca. Era tan suave.
-¿Más que el dueño? -Miré al perro y luego a él. Fruncí el ceño.
-Sí, mucho más. -Reí por lo bajo.
-Luck. -Lo llamó y el perro automáticamente corrió hasta él. Abrió la puerta y entró en la terraza de nuevo. Le puse mala cara. -A desayunar. Y soy más guapo que mi perro, que lo sepas. -Pasó por mi lado y no sé que me pasó por la cabeza en aquel momento como para darle en el culo. -¡E! -Se quejó.
-Es lo que hay. Me quitas al perro, te doy en el culo. Se siente. -Se mordió el labio mientras se acercaba a mi hasta que estuvo lo suficientemente cerca para morderme el mio. Jadeé.
-Me das en el culo, te muerdo el labio. Es lo que hay. -Lo acerqué a mi para besarlo. Pero él no me dejó. -Besa a Luck si es más guapo que yo. -Estallé en carcajadas cuando él salió por la puerta. Corrí tras él y me subí a su espalda como un mono.
-¿Celoso de tu perro? -Le mordí la oreja.
-Ahora no. -Reí. -Venga anda y desayuna ya que a este paso lo más probable es que tengas el café congelado. -Bajé de su espalda, entré en la cocina y me puse a desayunar. -Lo voy a sacar de paseo, ¿vale? Ahora vengo.
-¡Vale! -Le puso una correa y los dos salieron por la puerta del piso. Me quedé sola. Terminé de desayunar y me fui a dar una ducha. Las toallas olían a él. Que bien olían. Su gel, su champú, todo en mi cuerpo. Escuché la puerta cerrarse cuando salía de la ducha liada en una de sus toallas.
-¡Ana! ¿Dónde estás? -Me llamó desde algún lugar del piso.
-¡En el baño! -Grité para que me escuchara. Tocaron a la puerta mientras me secaba el pelo con otra toalla un poco más pequeña que la del cuerpo. -Pasa. -Lo vi detrás de mi acercándose y cerrando la puerta.
-Ahora olerás a mi. Me gusta. -Me besó el hombro. Se sentó a mi lado en un pequeño asiento que tenía el cuarto de baño.
-¿Tienes algún peine que pueda usar? Mi pelo es un poco rebelde...-Señaló un cajón del baño. Lo abrí y cogí uno. -¿Dónde compraste a Luck? Es que yo busco por todas partes y no encuentro un perro de esa clase de raza y mira que yo he buscado e, pero no encuentro y para cuando sea mayor quiero uno en mi casa junto con un labrador son mis perros favoritos. De pequeña tenía una perra, también de raza grande, pero murió, lo pasé muy mal porque era mi mejor amiga cuando era pequeña, ella siempre. -Paré cuando me di cuenta de que Leo no dejaba de mirarme mientras me desenredaba el pelo con uno de sus peines. -¿Qué pasa? -Pregunté parando y mirándole.
-Nada, me gusta escucharte hablar, me gusta tu voz, me gusta que me hables de ti, me gusta que me hables a mi, que sea parte de ti.
-Valla, gracias. -No sabía si tenía que dar las gracias o simplemente asentir y callar.
-Gracias a ti. -Lo miré extrañada.
-¿Por qué?
-Por ser así. -Otra vez, ¿qué le digo? Me dejaba sin habla.
-Será mejor que me vaya pronto, no quiero que mis padres se preocupen más de lo que podrían estar. -Dije mientras salía del baño, pero Leo me cogió del brazo.
-No, quédate un poco más. -¿Me lo estaba suplicando? -Si quieres. -Terminó después de unos segundos.
-Vale. Pero antes de comer me tengo que ir. -Asintió dos veces seguidas. -¿Tienes algo de ropa que me pueda poner? A parte de la tuya, quiero decir.
-Puede que tenga algo de mi hermana. Suele venir y quedarse aquí cuando se enfada con mi madre. -Entramos a otro cuarto y abrió el armario. -Mira a ver si algo te sirve. -Asentí. Salió cerrando la puerta. Miré unas cuantas prendas de ropa hasta que encontré algo que me gustaba y me quedaba bien. Unos pantalones cortos y una básica. Salí y estaba en el sofá jugando con Luck. El perro al verme vino a mi corriendo.
-Me quiere más a mi que ha ti. -Le saqué la lengua. Se mordió el labio.
-Lo que haría yo con esa lengua.
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