-Narra
Leo-
“Has hecho
lo mejor. Has hecho lo mejor”. Era lo único que tenía para no ir
y buscarla como un jodido loco para hacerla mía una última vez.
Cuando escuché la puerta cerrar, algo dentro de mi se destrozó.
¿Qué mierdas había hecho? ¡Joder, la quería! Soy un pedazo de
imbécil. Su cara cuando le dije que se fuera era lo primero que veía
cada vez que cerraba los ojos. Solo a ella, solo a Ana. Mi Ana. Pero
no podía soportar que estuviera con otro, que amara a otro que no
fuera yo y prefería alejarla que estar sufriendo porque llegara a
quererme como lo hacía con él. Le había dejado el camino libre a
Marco, esperaba que lo aprovechara...
Decidí sacar
de paseo a Luck para intentar despejarme a la mañana siguiente.
¿Cómo podía ser tan difícil olvidarme de ella? Ahora entendía a
esas personas que sufrían por amor cuando este no era correspondido.
Era tan jodido... La gente gritaba, jugaba y hablaba en un parque en
el que me adentré para intentar que me pegaran su alegría y
olvidarme aunque fueran por unos momentos de Ana. Pero resultó
inútil. Tras andar por un sendero la vi. ¿Y si iba y le pedía
perdón? Eso intenté, pero al final... no pude. “¡Ella no te
quiere! ¡Asúmelo de una puta vez!” Me gritaba mi subconsciente y
tenía razón. No me vio porque tenía los ojos cerrados ajena a todo
su alrededor. Era tan bella. Por unos segundos me quedé hipnotizado
ante su belleza, pero cuando Luck tiró de la correa hacia ella,
reaccioné. Incluso mi perro la echaba de menos... ¿Quién no podía
echarla de menos si era como un rallo de sol, increíblemente bello,
que inundaba tu vida cuando ella entraba? Cuando volví a mirarla,
Marco estaba a su lado. “En serio, Leo, eres gilipollas. ¿Es que
no entiendes que no te quiere? ¿Que solo le quiere a él? Deja la en
paz.” Tuve que mantenerme fuerte y no ir allí para besarla. Di
media vuelta y salí de aquel parque. A los dos días de estar sin Ana entre
mis brazos, me obligué a mi mismo a salir a una discoteca, solo. La
primera copa la pedí fuerte. Al darle el primer trago, el alcohol
bajó quemándome la garganta. ¿Por qué había pedido algo tan
fuerte si no me gusta la bebida fuerte? Sentí una mano subir por mi
espalda hasta mi hombro. Mentalmente recé para que fuera ella. Me di
la vuelta y no, no era ella.
-¿Quieres
compañía guapo? -Tenía el pelo rubio un poco más abajo de los
pechos, alta por los tacones de vértigo y un poco bebida. No era muy
guapa, pero estaba aburrido y no veía mal tener una compañera.
-¿Por qué no?
-Le dije con una sonrisa falsa. Sus uñas largas rodearon mi nuca
acercándome a ella para besarme. No se lo negué, pero su boca sabía
a vomito y besaba horrible. La separé con discreción. -Perdona,
pero me tengo que ir. -Desenredé sus manos dejándome libre y me
fui. ¿Por qué cojones hice eso? Yo no necesitaba a otra, yo la
necesitaba a ella. Prefería estar solo a estar con otra. Me senté
en un banco cansado de todo. ¿Por qué le dije que se fuera? Aceptó
tener una “relación” conmigo aún teniendo novio. ¿Qué más
quería? Quería que lo dejara y que me quisiera, que solamente
estuviera yo para todo, ante todo y todos. Solo yo. Era un egoísta,
pero no sabía lo que era estar enamorado hasta que la vi bailar.
-¿Leo? -Escuché
como alguien me llamaba. Su voz me sonó conocida y levanté la
cabeza de entre mis manos.
-¿Marco? ¿Qué
haces aquí? -Pregunté confundido.
-Lo mismo te
pregunto yo.
-Pensé que
estarías con Ana. -Dijimos los dos a la vez.
-¿Qué? ¿No
estás con ella? -Volvió a preguntarme.
-No. La dejé. -¿Y
él? ¿Qué pasó con ellos dos?
-Y ella me dejó a
mi. -Respondió a mi pregunta no formulada.
-¿Por qué?
-Supuse que sería
porque quería estar contigo.
-Yo la dejé para
que estuviera contigo. -Le señale.
-Pues entonces no
lo entiendo. Me dijo que necesitaba tiempo para pensar. ¿Tú sabes
algo de eso? -Se sentó junto a mi.
-No, no sé nada.
¿Para qué iba a necesitar tiempo? Ella te quiere a ti.
-¿Por qué estas
tan seguro?
-Porque...
-suspiré- porque un día me dijo que si tenía que elegir entre tú
y yo, te elegía a ti. -Dije a mi pesar. Cada vez que recordaba esas
palabras, parecía como si dolieran más.
-¿Enserio?
-Asentí. Los dos nos quedamos en silencio. No sabíamos qué más
decir.
-¿Qué le pasará?
-Se encogió de hombros sin saber como responderme. -¿Tú la quieres
de verdad? -Marco abrió los ojos sorprendido por mi pregunta.
Después parpadeó y tras unos segundos de recapacitar, respondió.
-Creo que ya no.
Al principio sí, desde luego que sí. Me volvía loco. Pero para mi
la llama se apagó hace tiempo. Siempre es lo mismo. Salimos a dar
una vuelta, en el fin de semana discoteca y, alguna que otra vez,
sexo. Eso sí, en la cama es única. No ha habido nadie que me haya
hecho disfrutar como ella.
-Lo sé. Para mi
es perfecta. Lo tiene todo. Guapa, lista, no demasiado pija e
incesable en la cama. -Me mordí el labio al recordar como me excitó
verla sobre mi intentando volver a hacerlo. Estaba agotado, pero
ella... Dios, como disfruté.
-¿Es cierto lo de
los orgasmos? -Asentí. -¿Aguantaste? -Reí.
-Sí. Fue la mejor
noche de mi vida. Cuando me dijo que quería más...
-No hacen falta
los detalles, gracias. -Interrumpió. Volví a reír.
-¿Por qué la
engañabas?
-Supongo que por
la adrenalina del ser descubierto. Las chicas con las que he estado,
además de ella, no estaban mal.
-¿Mejores que
Ana? -Alcé una ceja.
-En la cama no.
Pero eran más de mi estilo.
-¿Tu estilo?
-Sí. Ana es un
poco aburrida para mi.
-¿Entonces por
qué volvías con ella? -Antes que respondiera respondí yo. -Por la
adrenalina. ¿Nunca pensaste que le hacías daño?
-No pensé que
estaba enamorada de mi. -Volvió el silencio. -¿Qué hacías tú
aquí?
-Si te digo la
verdad, mi idea era olvidarme de ella, pero cuando otra tía me besó,
casi vomito del asco. Me senté aquí y no pude evitar pensar en como
me besaba. No sé si a ti te pasará, pero la primera vez que la
besé, sentí como nuestros labios encajaban.
-¿Sabes? -Colocó
una mano en mi hombro izquierdo. -Ve con ella. Te prometo que no voy
a interferir. Ya no me interesa. Es toda tuya.
-Oye, que tampoco
en una cualquiera.
-Vale vale.
-Levantó los brazos en su defensa. -Bueno y, ¿dónde esta la tía
que te besó? Voy a probar suerte yo.
-En la primera
discoteca que te encuentres. Es rubia.
-Gracias. -Se
levantó y se fue. Vaya gilipollas... Caminé hasta mi departamento,
me di una ducha de agua fría y me metí en la cama. Aquella noche,
soñé con ella, con sus ojos, con sus labios, con su cuerpo, su pelo
y su sonrisa. Mañana mismo le pediría perdón. La necesitaba. Sin
ella me faltaba algo.
Me levanté
como cada mañana e hice mi rutina diaria. Desayunar, dar de comer a
Luck, lavarme los dientes y sacar de paseo a Luck para después ir a
la empresa. La mañana se pasó con rapidez pensando en ella. ¿Diría
que sí o que no? Yo esperaba que fuera la opción positiva con todas
mis fuerzas. Comí en un bar cercano a su casa. Se lo diría por la
tarde, los dos solos. Que solo fuéramos ella y yo. La hora se
acercaba y, joder, estaba nervioso. Ni siquiera había pensado en
como se lo iba a decir... Reí al imaginarme a mi como un tonto
adolescente con las hormonas revolucionadas... patético... Pero por
amor se hacen locuras, ¿no? Aunque esto no era una locura, yo la
quería y esperaba que ella sintiera lo mismo por mi. La amaba mucho
más que a mi vida. ¿Qué coño digo? Ella es mi vida. Con su
sonrisa me lo da todo y mucho más, muchísimo más. Necesitaba
besarla, abrazarla, hacerla mía como la primera vez...
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