lunes, 13 de enero de 2014

17

-Narra Leo-

           “Has hecho lo mejor. Has hecho lo mejor”. Era lo único que tenía para no ir y buscarla como un jodido loco para hacerla mía una última vez. Cuando escuché la puerta cerrar, algo dentro de mi se destrozó. ¿Qué mierdas había hecho? ¡Joder, la quería! Soy un pedazo de imbécil. Su cara cuando le dije que se fuera era lo primero que veía cada vez que cerraba los ojos. Solo a ella, solo a Ana. Mi Ana. Pero no podía soportar que estuviera con otro, que amara a otro que no fuera yo y prefería alejarla que estar sufriendo porque llegara a quererme como lo hacía con él. Le había dejado el camino libre a Marco, esperaba que lo aprovechara...
           Decidí sacar de paseo a Luck para intentar despejarme a la mañana siguiente. ¿Cómo podía ser tan difícil olvidarme de ella? Ahora entendía a esas personas que sufrían por amor cuando este no era correspondido. Era tan jodido... La gente gritaba, jugaba y hablaba en un parque en el que me adentré para intentar que me pegaran su alegría y olvidarme aunque fueran por unos momentos de Ana. Pero resultó inútil. Tras andar por un sendero la vi. ¿Y si iba y le pedía perdón? Eso intenté, pero al final... no pude. “¡Ella no te quiere! ¡Asúmelo de una puta vez!” Me gritaba mi subconsciente y tenía razón. No me vio porque tenía los ojos cerrados ajena a todo su alrededor. Era tan bella. Por unos segundos me quedé hipnotizado ante su belleza, pero cuando Luck tiró de la correa hacia ella, reaccioné. Incluso mi perro la echaba de menos... ¿Quién no podía echarla de menos si era como un rallo de sol, increíblemente bello, que inundaba tu vida cuando ella entraba? Cuando volví a mirarla, Marco estaba a su lado. “En serio, Leo, eres gilipollas. ¿Es que no entiendes que no te quiere? ¿Que solo le quiere a él? Deja la en paz.” Tuve que mantenerme fuerte y no ir allí para besarla. Di media vuelta y salí de aquel parque. A los dos días de estar sin Ana entre mis brazos, me obligué a mi mismo a salir a una discoteca, solo. La primera copa la pedí fuerte. Al darle el primer trago, el alcohol bajó quemándome la garganta. ¿Por qué había pedido algo tan fuerte si no me gusta la bebida fuerte? Sentí una mano subir por mi espalda hasta mi hombro. Mentalmente recé para que fuera ella. Me di la vuelta y no, no era ella.
   -¿Quieres compañía guapo? -Tenía el pelo rubio un poco más abajo de los pechos, alta por los tacones de vértigo y un poco bebida. No era muy guapa, pero estaba aburrido y no veía mal tener una compañera.
   -¿Por qué no? -Le dije con una sonrisa falsa. Sus uñas largas rodearon mi nuca acercándome a ella para besarme. No se lo negué, pero su boca sabía a vomito y besaba horrible. La separé con discreción. -Perdona, pero me tengo que ir. -Desenredé sus manos dejándome libre y me fui. ¿Por qué cojones hice eso? Yo no necesitaba a otra, yo la necesitaba a ella. Prefería estar solo a estar con otra. Me senté en un banco cansado de todo. ¿Por qué le dije que se fuera? Aceptó tener una “relación” conmigo aún teniendo novio. ¿Qué más quería? Quería que lo dejara y que me quisiera, que solamente estuviera yo para todo, ante todo y todos. Solo yo. Era un egoísta, pero no sabía lo que era estar enamorado hasta que la vi bailar.
   -¿Leo? -Escuché como alguien me llamaba. Su voz me sonó conocida y levanté la cabeza de entre mis manos.
   -¿Marco? ¿Qué haces aquí? -Pregunté confundido.
   -Lo mismo te pregunto yo.
   -Pensé que estarías con Ana. -Dijimos los dos a la vez.
   -¿Qué? ¿No estás con ella? -Volvió a preguntarme.
   -No. La dejé. -¿Y él? ¿Qué pasó con ellos dos?
   -Y ella me dejó a mi. -Respondió a mi pregunta no formulada.
   -¿Por qué?
   -Supuse que sería porque quería estar contigo.
   -Yo la dejé para que estuviera contigo. -Le señale.
   -Pues entonces no lo entiendo. Me dijo que necesitaba tiempo para pensar. ¿Tú sabes algo de eso? -Se sentó junto a mi.
   -No, no sé nada. ¿Para qué iba a necesitar tiempo? Ella te quiere a ti.
   -¿Por qué estas tan seguro?
   -Porque... -suspiré- porque un día me dijo que si tenía que elegir entre tú y yo, te elegía a ti. -Dije a mi pesar. Cada vez que recordaba esas palabras, parecía como si dolieran más.
   -¿Enserio? -Asentí. Los dos nos quedamos en silencio. No sabíamos qué más decir.
   -¿Qué le pasará? -Se encogió de hombros sin saber como responderme. -¿Tú la quieres de verdad? -Marco abrió los ojos sorprendido por mi pregunta. Después parpadeó y tras unos segundos de recapacitar, respondió.
   -Creo que ya no. Al principio sí, desde luego que sí. Me volvía loco. Pero para mi la llama se apagó hace tiempo. Siempre es lo mismo. Salimos a dar una vuelta, en el fin de semana discoteca y, alguna que otra vez, sexo. Eso sí, en la cama es única. No ha habido nadie que me haya hecho disfrutar como ella.
   -Lo sé. Para mi es perfecta. Lo tiene todo. Guapa, lista, no demasiado pija e incesable en la cama. -Me mordí el labio al recordar como me excitó verla sobre mi intentando volver a hacerlo. Estaba agotado, pero ella... Dios, como disfruté.
   -¿Es cierto lo de los orgasmos? -Asentí. -¿Aguantaste? -Reí.
   -Sí. Fue la mejor noche de mi vida. Cuando me dijo que quería más...
   -No hacen falta los detalles, gracias. -Interrumpió. Volví a reír.
   -¿Por qué la engañabas?
   -Supongo que por la adrenalina del ser descubierto. Las chicas con las que he estado, además de ella, no estaban mal.
   -¿Mejores que Ana? -Alcé una ceja.
   -En la cama no. Pero eran más de mi estilo.
   -¿Tu estilo?
   -Sí. Ana es un poco aburrida para mi.
   -¿Entonces por qué volvías con ella? -Antes que respondiera respondí yo. -Por la adrenalina. ¿Nunca pensaste que le hacías daño?
   -No pensé que estaba enamorada de mi. -Volvió el silencio. -¿Qué hacías tú aquí?
   -Si te digo la verdad, mi idea era olvidarme de ella, pero cuando otra tía me besó, casi vomito del asco. Me senté aquí y no pude evitar pensar en como me besaba. No sé si a ti te pasará, pero la primera vez que la besé, sentí como nuestros labios encajaban.
   -¿Sabes? -Colocó una mano en mi hombro izquierdo. -Ve con ella. Te prometo que no voy a interferir. Ya no me interesa. Es toda tuya.
   -Oye, que tampoco en una cualquiera.
   -Vale vale. -Levantó los brazos en su defensa. -Bueno y, ¿dónde esta la tía que te besó? Voy a probar suerte yo.
   -En la primera discoteca que te encuentres. Es rubia.
   -Gracias. -Se levantó y se fue. Vaya gilipollas... Caminé hasta mi departamento, me di una ducha de agua fría y me metí en la cama. Aquella noche, soñé con ella, con sus ojos, con sus labios, con su cuerpo, su pelo y su sonrisa. Mañana mismo le pediría perdón. La necesitaba. Sin ella me faltaba algo.
           Me levanté como cada mañana e hice mi rutina diaria. Desayunar, dar de comer a Luck, lavarme los dientes y sacar de paseo a Luck para después ir a la empresa. La mañana se pasó con rapidez pensando en ella. ¿Diría que sí o que no? Yo esperaba que fuera la opción positiva con todas mis fuerzas. Comí en un bar cercano a su casa. Se lo diría por la tarde, los dos solos. Que solo fuéramos ella y yo. La hora se acercaba y, joder, estaba nervioso. Ni siquiera había pensado en como se lo iba a decir... Reí al imaginarme a mi como un tonto adolescente con las hormonas revolucionadas... patético... Pero por amor se hacen locuras, ¿no? Aunque esto no era una locura, yo la quería y esperaba que ella sintiera lo mismo por mi. La amaba mucho más que a mi vida. ¿Qué coño digo? Ella es mi vida. Con su sonrisa me lo da todo y mucho más, muchísimo más. Necesitaba besarla, abrazarla, hacerla mía como la primera vez...

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