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-Narra
Ana-
Tras otro
día de clase, llegué a casa y volví a comer sin ganas. ¿Qué más
daba ya comer que no comer? Sólo servía para vivir y vivir así no
tenía sentido, por lo menos para mi. Pasé completamente de mi madre
como tantas veces había hecho ya en los tres días anteriores. Subí
a mi cuarto y me tumbé en la cama. Ya realmente pasaba de todo.
Alguien tocó a mi puerta y respondí de mala gana con un “adelante”.
Era mi madre que traía el teléfono inalámbrico. Según ella, un
chico quería hablar conmigo. Cogí el teléfono y eche a mi madre de
mi cuarto.
-¿Sí? -Respondí
también con un poco de mala gana. No tenía ni puta idea de quien
podía ser.
-Ana. -Su voz
inundó mis oídos hasta el punto que tuve que sentarme para no
caerme de la emoción y alegría de volver a escuchar su voz. -Seré
breve. -Anunció. -Estoy en tu puerta. Te necesito. Baja por favor.
Pero solamente si me quieres. Sabes que yo sí te quiero y... Bueno
si es así, baja. -Y colgó. Me había quedado congelada. ¿Estaba
abajo, en mi puerta? ¿Me necesitaba? ¿Qué si lo quería? Cuando
reaccioné, recé mentalmente para que no fuera demasiado tarde. Bajé
corriendo y casi me caí por las escaleras. Abrí la puerta, lo busqué con la mirada
como una verdadera loca. ¿Dónde estaba? Lo vi apoyado sobre el Audi
R8, mi coche favorito. Volví a correr hasta él y nada más llegar
lo abracé como si se me fuera la vida en ello. Mi corazón parecía
que se iba a salir del pecho aunque no sabía si era por la carrera,
o por el hecho de estar abrazándolo. Leo me quería y yo a él
también. Ahora lo sabía. Parecía como si todos mis problemas se
desvanecieran cuando estaba con él. Él era mi ángel, mi ángel
salvador.
-Te amo, Leo.
-Dije respirando el aroma que me proporcionaba su cuello. Cuanto
había añorado ese olor, su olor.
-Te amo, Ana.
-Rompimos el abrazo para fundirnos en los labios del otro como nunca
antes lo hicimos. Supongo que sería porque esta vez los dos nos
amábamos. Al rozar su lengua con la mía di un pequeño gemido. Lo
deseaba tanto.... Era una droga, mi droga. Después de ese beso tan
profundo, vino otro abrazo. -Vente conmigo. Vamos a dar una vuelta,
¿quieres? -Asentí conteniendo las lágrimas de alegría y de
emoción por estar con él. Cuando nos subimos al coche Leo colocó
una mano sobre mi muslo mientras conducía. Se veía tan jodidamente
sexy totalmente concentrado en la carretera.
Tras creo que
una hora de coche, llegamos a un aparcamiento de playa.
-¿Qué se supone
que hacemos aquí? -Le pregunté extrañada. Era la playa más bonita
que jamás había visto. Arena blanca, agua cristalina y pequeños
árboles a su alrededor, junto con grandes acantilados dándole un
poco de privacidad. Era perfecta.
-Bueno, pensé que
te gustaría pasar un día de playa. ¿Te apetece?
-Pero Leo, hace
frío.
-No es necesario
que nos adentremos en el agua.
-Ah, vale. ¿Y qué
hacemos entonces?
-¿No quieres
pasar una tarde conmigo?
-Claro que sí,
¿pero sin hacer nada? -Me atrajo a él por la cintura con una mano
mientras la otra la enredaba en mi pelo para besarme.
-¿Qué te parece
si le damos alegría a esta playa tan solitaria y aburrida? -Bajó la
cabeza hasta el cuello en el cual me besó. No pude reprimir un
suspiro de placer a la vez que me mordía el labio. Dados de la mano,
nos fuimos detrás de una de las grandes piedras en las que había
como una hendidura perfecta para que nadie te viera. Nos desquitamos
de la ropa del otro con tanta desesperación que casi desgarramos
todas las prendas. Leo se colocó un condón que llevaba en la
cartera, me subió a sus caderas, me apoyó en la piedra y me
penetró. Gemí por la sensación de volver a sentirlo dentro.
-Joder Leo, no
sabes como te extrañaba. -No me respondió. Tampoco me importaba.
Sabía que no podía hablar en ese momento. Sus movimientos fueron en
aumento y Dios... -Ah, Leo, sí. Sigue. -Notaba que se cansaba, pero
él no quería dejarme con la excitación, lo sabía. Él no haría
una cosa así nunca. Las paredes vaginales se contrajeron haciéndome
llegar al orgasmo. -¡Joder! ¡Leo! ¡Ah! -Gemí corriéndome y
llegando al clímax. Poco después él se corrió dando un gruñido
gutural. Le mordí el lóbulo de la oreja y Leo en respuesta me dio
un gemido. Agotados, nos dejamos caer sobre la arena fría. Quería
vestirme por si alguien nos veía, pero estaba tan agotada que no
podía mover un solo musculo de mi cuerpo. Hacer el amor con este
hombre era lo más agotador que podía existir. Te daba tanto placer,
hasta el punto de no poder con tu cuerpo y llegar a alguno de tus
mejores orgasmos que jamas tendrás en tu vida. No hablábamos,
simplemente nos mirábamos el uno al otro con una tímida sonrisa y
la respiración entre cortada, la cual, se fue apaciguando poco a
poco. Leo fue el primero de los dos en moverse. Enlazó nuestras
manos entre los granos de arena que quería cubrirlas haciéndolas
desaparecer.
-¿Quieres ser mi
novia oficial, Ana? Quiero que lo seas, quiero pasar el resto de mis
días contigo e incluso presentarte a mi familia y conocer a la tuya.
Te amo como nunca jamas pensé que podría amar a nadie. ¿Aceptas?
-Por unos segundos estuve reproduciendo sus palabras en mi cabeza
mientras lo miraba a los ojos. Esos ojos que me dejaron entumecida la
primera vez que los vi, mis ojos preferidos. Sus ojos y solo los
suyos. Reaccioné cuando una ráfaga de viento me produjo un
escalofrío por mi cuerpo desnudo.
-Sí. -Sus ojos
brillaron semejantes a un cielo oscurecido por la noche, pero
iluminado por una lluvia de estrellas. Su sonrisa era el sol que
quería ver cada mañana. Acercándome a él por la cintura con una
mano, me besó dulcemente.
-Te amo mucho más
que a mi vida. -Sonriendo, volví a juntar sus labios con los míos.
Eran tan suaves y dulces, que te quedarías pegada a ellos para
siempre y eso era lo que iba a hacer. No pensaba dejarlo escapar
nunca. Su cuerpo mucho más caliente que el mio, hizo que entrara en
calor.
-Será mejor que
nos vistamos. -Sugerí. Gran parte del tiempo, yo era un cubito
humano y no quería que él se resfriara.
-¿Para qué?
¿Para volver a quitártela? -Se mordió el labio inferior
sensualmente. -Yo creo que no es necesario. -Colocándose sobre mi y
entre mis piernas, me besó a la vez que volvía a entrar. Arqueé la
espalda por el placer que me hizo sentir aquel gesto. Quería más.
Él quería más. Eso me gustó a la vez que me excitaba. Separó sus
labios de los mios, para bajar al cuello y morderlo, seguidamente, lo
lamió y besó en el mismo sitio. Seguro me dejó marca. Pero Leo
sabía que cuando me besaban en el cuello, no me podía resistir.
Aumentó su ritmo y la fuerza en la que entraba hasta que los dos a
la vez nos corrimos. Aunque Leo no paró. Siguió penetrándome hasta
el segundo.
-Dios Leo, no
puedo más. -Grité y supliqué. Pero justo al decir aquello, volví a correrme salvajemente.
Por fin paró saliendo de dentro de mi. Madre mía, cuatro, CUATRO
puñeteros orgasmos. -¿Tú es que me quieres matar, salvaje?
-Reclame cuando recuperé el aliento. Leo solo se rió para besarme
suavemente en los labios. -Te quiero. -Le dije mientras miraba y
observaba cada fracción de su cara. Me dio un pico con cariño y
volvimos a quedarnos mirándonos mutuamente. Al poco tiempo, volví a
sentir frío. -Leo... Tengo frío.
-¿Nos vamos a mi
departamento? -Asentí. Nos vestimos y agarrados de la cintura del
otro entramos en su coche. Pasamos una tarde los dos acurrucados en
el sofá de crema de su gran salón. Hablamos de variadas cosas, como
por ejemplo de cuando me iba a presentar a su familia y viceversa,
quedamos que en un par de semanas o así. Eso en realidad era lo de
menos. Mi móvil empezó a vibrar en el bolsillo de mi pantalón, me
levanté para cogerlo.
-¿Sí? -Pregunté
con una sonrisa. Mi estado de ánimo había cambiado radicalmente en
unas pocas horas.
-¿Dónde estás?
¿Has visto que hora es? -Era mi madre preocupada...
-Pues no, no he
visto la hora. Pero no te preocupes, estoy bien.
-¿Te has ido con
el tío ese del Audi?
-Sí, ¿qué pasa?
-¿¡Cómo que qué
pasa!? ¡Ven a casa inmediatamente! -Gritó en el auricular.
-¿Por qué, qué
pasa?
-¡Te dobla la
edad!
-Mamá, no montes un pollo. Ya tuve novio antes. Así que
tranquilízate.
-¡¿QUÉ YA HAS
TENIDO NOVIO?! ¡Como tardes más de diez minutos en llegar a casa te
enteras! -Y colgó.
-¿Qué ha pasado?
-Me preguntó Leo extrañado acercándose a mi por detrás y
abrazándome.
-Creo que vas a
tener que conocer a mi familia antes de lo previsto...
-¿Por qué?
-Frunció el ceño mientras yo me daba la vuelta para mirarle.
-Me acaban de echa
la de Dios por teléfono por irme contigo. -Hizo un mohín.
-Bueno, si no hay
más remedio... -Dije a la vez que se quedaba en frente de mi..
-¿De verdad? -Le
miré con los ojos abiertos. Asintió.
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