domingo, 26 de enero de 2014

22


-Narra Ana-

           Mientras nos secábamos mutuamente el cuerpo del otro, Leo me preguntó algo que, la verdad, nunca pensé que preguntaría. 
  -¿Cómo fue tu primera vez, Ana? -¿Por qué quería saber algo así? Tengo un buen recuerdo porque estaba enamorada y Marco fue muy dulce conmigo. Nos preparó una cenita romántica para los dos en su piso y sobre la cama había colocado un montón de pétalos de rosa roja. Fue maravilloso. Pero no me siento a gusto diciéndoselo a Leo.
   -¿Por qué quieres saberlo? -Se encoge de hombros sin saber muy bien que decir.
   -Curiosidad, supongo... -Suspiré y decidí que no sería mala idea darle un poco de información.
   -Fue en casa de Marco. Preparó algo romántico e íntimo para los dos solos. -Sonreí al recordar. -Tengo un buen recuerdo de aquella noche. Supongo que no querrás detalles... Así que así fue como sucedió, una cosa llevó a la otra y me desperté en sus brazos.
   -¿Te hizo daño? -¿Estaba preguntando esto en serio? Parece mi padre...
   -La primera vez siempre duele, ¿no? -Se encogió de hombros. -Sí Leo, me dolió. -Ahora me había entrado a mi la curiosidad... -¿Y tú cómo la perdiste?
   -Fue hace mucho tiempo. Estaba en el instituto, en la fiesta de fin de curso. Mi acompañante era mi novia y al final de la noche nos metimos en los baños del instituto. Tenía quince años. -¡¿QUINCE AÑOS?! ¡Pero si era un crío! Dios mio... Yo no dije nada. No sabía que decir.
   -¿Con cuántas chicas has tenido sexo? -Pregunté con un poco de inseguridad. No estaba segura de querer saber algo así. Leo se sorprendió por mi pregunta y tras pensarla unos segundo, contestó.
   -No lo sé...
   -¿Tantas han sido? -Se encogió de hombros. -¿Cuántas? ¿Cuarenta? ¿Cincuenta?
   -Vamos a dejarlo en veinte. -¡¿PERO QUÉ COÑO?! ¡¿EN SERIO?! ¿Cómo voy a competir con veinte mujeres? Es imposible que gane. Y ahora mucho menos con esa tal Rebeca aquí.
   -¿Rebeca es una de ellas? -Asintió.
   -Ana, no estoy muy cómodo hablando de esto contigo. Eres mi primera novia formal y te aseguro que no quiero a otra que no seas tú.
   -¿Cómo eres capaz de decirme eso estando una ex tulla aquí? -Lo miré de brazos cruzados.
   -Porque sé lo que estas pensando. No quiero a otra que no seas tú. Entiéndelo. -Negué con la cabeza. No me lo podía creer. Esa chica era mucho más guapa que yo. Lo poco que vi en la foto me lo decía. Rubia, alta, figura perfecta... ¿Me dejaría por ella? Oh... Cielos, ¡claro que sí! Lo iba a perder... No, no, no... Las lágrimas se empezaban a amontonar en mis ojos. -Ana. -Me llamó. -Ana, mírame. -Alzó con delicadeza mi cara y una lágrima se resbaló. -No cariño, no llores. -Atrayéndome a él y rodeándome con sus brazos lloré aún más. -Te amo, te amo, te amo. Sólo eres tú y nadie más. Te lo juro. -Apreté mi abrazo. -Mi niña... Mi pequeña. No me voy a ir, lo prometo. No podría vivir sin ti.
   -No quiero volver a pasar por lo de antes, no quiero sentirme así. -Sollocé.
   -No volverás a estar así. Yo no soy como él, princesa. Vamos al salón. -Asentí mientras me secaba las lágrimas. Cogió mi mano y la entrelazó con la suya para después darle un suave beso mirándome a los ojos. Nos tumbamos en el salón mirando a la televisión abrazados y estuvimos así durante una media hora hasta que tocaron a la puerta.
   -¿Esperas a alguien?
   -No. Voy a abrir. -Me dio un pequeño beso y se fue. Cogí una mantan que él tenía por el sofá para taparme con ella. Había notado el frío al irse él. -¿Qué haces aquí? -Escuché a Leo decir, pero no la respuesta. -Ni se te ocurra pasar. No me toques. Vete. -Confundida me levanté rodeada en la mantita y me acerqué a la puerta.
   -¿Qué pasa Leo? ¿Quién... es? -Dije, pero lo vi con mis propios ojos. ¿Qué hacía ella aquí? ¿Por qué seguía aquí?
   -Es muy poca cosa para ti, ¿no, Leo? -¡¿CÓMO SE ATREVE?! Tiré la manta al suelo porque ya no me hacía falta. La rabia me había calentado.
   -¿Poca cosa? Mira quien habla, la guarra desesperada. -Me enfrenté a ella.
   -Uf cariño, controla a tu gatita. -¡¡¡¿CARIÑO?!!! La cogí del pelo y la tiré al suelo.
   -¡Él no es nada tuyo puta! Vete de aquí si no quieres acabar calva. -Sentí las manos de Leo rodeárme la cintura y besarme el hombro.
   -Mas te vale hacerle caso Rebeca, porque yo no pienso pararla. Y te aseguro que puede contigo. -Ella se miró las uñas y vio que una estaba rota y casi le da algo
   -Mi uña... -Susurró. Por Dios... que patético. Se levantó, nos fulminó con la mirada y se fue.
  -Puta estúpida. -Susurré esta vez yo. Leo volvió a besarme el hombro.
  -Te ves tan sexy de celosa.
  -Nadie toca lo que es mio.
  -Por su puesto que no. Vamos a dentro. -Volvimos a entrar. 
  -¿Quieres algo de picar?
  -Pipas si tienes. -Desapareció en la cocina y yo me volví a tumbar en el sofá liada en la caliente manta. Poco después Leo regresó con una bolsa de patatas fritas, pipas y Coca-Cola. 
  -No sabía que ibas a querer.
  -Te he dicho que pipas. -Se encogió de hombros. Reí. Pasamos lo que nos quedaba de tarde haciendo tonterías y riéndonos del otro, además de darnos besos. -Me tengo que ir Leo, ya es tarde.
  -Vale princesa, te llevo. -Dice con una pequeña sonrisa. Aparcó el espectacular Audi en mi puerta. -¿Mañana te recojo del instituto?
   -Lo que quieras. -Sonreí. Me acerqué a él para darle un beso suave en sus perfectos labios. -Te amo.
   -Y yo princesa. -Sonreímos.

----------------------------------------------------------------------------------------------
          ¡SE ACABÓ! No subo ni un solo capítulo más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario